Alma Gloria Chávez
Ética para médicos
Jueves 25 de Octubre de 2018
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No pocas veces, al acudir a solicitar servicio médico, sobre todo el que proporcionan las instituciones públicas de salud, abandonamos el lugar con el corazón “estrujado” y una sensación de indefensión o de franco enojo, al darnos cuenta de que no hemos encontrado respuesta alguna a las muchas preguntas que nos hacemos, acerca de cómo podemos contribuir, de la mejor manera, a dejar de lado los malestares que tenemos y recuperar y conservar la salud. Porque muy pocas veces encontramos la empatía necesaria con la o el médico, que nos permita sentirnos en confianza y lograr tranquilizar nuestro estado de ánimo.

Personalmente, considero que si una profesión debe tener nexos estrechos con la ética, ésta es la medicina. Teniendo en cuenta que la ética, como se le viva y se le piense, es simple y sencillamente la disciplina que busca procurar el bien para los más, evitando a toda costa el mal, aún para los menos.

Ciertamente, el mundo y el ser humano han caminado desde siempre por caminos que llegan a confrontarse; sin embargo, en tiempos actuales, prevalecen como nunca antes el dolor, el sufrimiento, la humillación, la explotación, la discriminación y otros avatares que oscurecen mucha de la condición humana, minimizando los valores de la ética. Nadie debería ser ajeno a los malos momentos por los que atravesamos como especie… menos aún, los médicos.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

No hace tantos años que el médico tenía un papel importante en la sociedad. Antes de que el crecimiento demográfico nos alcanzara y cuando en nuestras ciudades provincianas se palpaba el reconocimiento y respeto hacia la gente (que no a los vehículos), algunos honorables médicos tenían la costumbre de visitar a los enfermos en su casa. Ahí, el médico, además de médico, era amigo de la familia: consejero, testigo de incontables alegrías y de no pocas desventuras. Muchas veces se le llamaba para consultar un problema de índole familiar o moral, porque su consejo era valioso y fundamental.

Los médicos (ciertamente había un número reducido de mujeres dedicadas a esa profesión) sabían de los males del cuerpo y entendían bien de la relación existente entre las heridas del alma y las enfermedades.

Confiaban más en sus manos, en su mirada y en sus oídos, que en los aparatos. Y esa confianza permitía un acercamiento profundo y humano al ser íntimo del paciente. Sus consejos eran neutrales, aunque por lo general, la confianza que se establecía con ellos les convertía en amigos desinteresados.
Por experiencia propia y por las muchas historias que he recogido de médicos y de pacientes (incluso he colaborado como Aval Ciudadano en Servicios de Salud), he sabido que cuando se establece entre ambos una relación empática, el resultado puede ser magnífico, es la parte de la auténtica medicina que con frecuencia “obra milagros”.

Existen sorprendentes y conmovedoras historias que testimonian cómo la confianza (la ´fe´) depositada en el o los médicos, logra llevar a individuos a recuperar plenamente su salud, aún habiendo padecido enfermedades de suma gravedad, como el cáncer.

Revisando algunos de los escritos que dejó el médico alemán Edward Bach, pensador y terapeuta nacido a finales del siglo XIX, observo cómo enfatiza que “para lograr la curación, el médico debe pasar del dominio de los métodos terapéuticos puramente físicos, al tratamiento espiritual y mental, restableciendo la armonía entre el cuerpo y el alma del paciente, erradicando así la verdadera causa de la enfermedad, permitiendo que los medios físicos sólo sean utilizados para complementar, en caso necesario, la cura del cuerpo”.

Actualmente, existen muchos médicos convencidos de que la salud sólo puede ser comprendida como la perfecta armonía entre el cuerpo, la mente y el alma, y que todo paciente merece ser tratado de manera integral.

Sin embargo, aún nos encontramos lejos de que sean mayoría y no excepción. Términos como ayudar, ser caritativo, compasivo, brindar apoyo y acompañar, son conceptos humanos que dan brillo a la profesión médica. Ciencia y humanidad se vinculan con profundidad en el ejercicio de la medicina.

Necesitamos médicos que recuperen estos valores éticos en su práctica profesional y ciudadana.

Hoy como nunca antes, los seres humanos descubrimos cientos de razones para maravillarnos por lo que la ciencia y la tecnología nos ofrecen: las cirugías, los trasplantes, los aparatos para la comunicación, los vehículos de todo tipo; los bebés “a la carta”, sofisticadas armas (como las bacteriológicas), etcétera. Estos cambios, que modifican la calidad de vida y la esencia del ser humano, pueden pensarse como benéficos; sin embargo, para quienes analizan con detenimiento o con ética, la instrumentalización del ser humano, la manipulación del ambiente y la disección de las células, aparecen como cuestionables dentro de la conducta humana. Aquí debe de hacer su aportación la ética médica.

Un reconocido médico contemporáneo, el doctor Arnoldo Kraus, profesor de postgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México y miembro distinguido del Colegio de Bioética, resume: “Existen algunas áreas de la medicina que son difíciles de enseñar… no existe un manual para enseñar a un estudiante las reglas para ser un médico empático.

Ser empático es una cualidad con la que se nace, aunque, por supuesto, en la casa y en los primeros años escolares ese valor puede (o no) fomentarse. En medicina, la empatía fortalece desde el principio, cuando el estudiante ve y escucha a los maestros decir que la primera y última obligación es hacia el paciente”.

Podemos afirmar que esto es lo que esperamos de todo médico/a, agregando que es la investigación clínica, la síntesis de la inteligencia y de las dudas… y los enfermos, quienes representan el humanismo, el alma, la pasión, la empatía y el corazón de todo médico/a.

Finalizo, transcribiendo algo de lo que el doctor Kraus menciona en el prólogo de su libro Una Receta para no Morir: “En medicina, la experiencia nunca es absoluta porque las enfermedades, la ciencia y los seres humanos nunca paran. La medicina es una suma de muchas sumas y es un espacio inagotable, donde asombro y pasión crecen sin cesar. Asombrarse es una bendición y una receta para no morir. La pasión es un regalo del cielo y es otra forma de postergar la muerte. Asombro y pasión son tributos de esta profesión”. Que se ennoblece aún más con el componente de la ética, agregaría yo.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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