Estrellita M. Fuentes Nava
El éxodo que se avecina
Jueves 25 de Octubre de 2018
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En el mundo cada dos segundos una persona es forzada a emigrar por razones de pobreza, inseguridad, persecuciones políticas o religiosas, fenómenos climáticos extremos y más. Actualmente hay 68 millones de desplazados, 25 millones de refugiados, 10 millones de apátridas, y más de la mitad de ellos son menores de 18 años. Aunado a esta condición, de acuerdo a las cifras del Banco Mundial se prevé que hacia el año 2050 habrá 140 millones de desplazados por la escasez de agua y alimentos, las tormentas y el incremento en los niveles del mar, todo ello exacerbado por el cambio climático.

La migración ha sido y será parte de nuestra sociedad y de nuestro entorno global. Desde el principio de los tiempos la humanidad fue nómada ya fuese buscando alimento o evadiendo las glaciaciones o sequías. También las grandes guerras que marcaron nuestra historia obligaron a miles de salir de sus países y a emigrar internacionalmente. Así que en realidad todos llevamos un ADN migrante; no hay cepas puras.

Hay 68 millones de desplazados, 25 millones de refugiados, 10 millones de apátridas y más de la mitad de ellos son menores de 18 años.
Hay 68 millones de desplazados, 25 millones de refugiados, 10 millones de apátridas y más de la mitad de ellos son menores de 18 años.
(Foto: Cuartoscuro)

Por otra parte, si observamos un mapa de la migración forzada internacional hoy en día, nos daríamos cuenta de las rutas que están marcadas en éste: de Centroamérica y México hacia Estados Unidos y Canadá; de Venezuela a Perú y a Brasil; del norte de África a Europa; del sur de África a Australia, y más.

En ese trazo se observa la línea que divide a los países subdesarrollados, cuya población emigra hacia los países ricos en busca de trabajo y oportunidades para sobrevivir, lo cual es una necesidad real y plenamente justificada; como humanos no podríamos condenar a nadie para que muera por la bala de un mara salvatrucha o sumido en la pobreza y en la desnutrición.

Por todo lo anterior la noticia es que la migración va a continuar, y peor aún, se va a agudizar; así que más vale que nos vayamos preparando para ello.

Las imágenes de desesperación y angustia de la caravana de hondureños que traspasaron la frontera entre Guatemala y México son dolorosas, desgarradoras e inaceptables y las redes sociales se volcaron para reprobar la actitud de México al replegarlos con gases lacrimógenos y la fuerza policiaca. No son delincuentes: son familias desesperadas huyendo de la muerte.

Los países receptores deberían quizás reconsiderar sus medidas: o prepararse para una recepción de oleadas de migrantes que les seguirán llegando sea como sea, así como trazar un plan de acción para una intervención y ayuda financiera urgente a estos países expulsores, a fin de mitigar sus condiciones de inseguridad y de pobreza. Y es que si tamizamos la raíz del origen de estos movimientos migratorios, encontraríamos que en gran medida el modelo económico actual que ha generado tanta inequidad, explotación de mano de obra así como de recursos naturales, los movimientos geopolíticos en aras de privilegiar las agendas de las superpotencias, han sido altamente determinantes para sumir a los países pobres en la desesperación. También lo ha sido la falta de solidaridad y el hacerse de la vista gorda ante los gobiernos totalitarios como sucede en África y en Venezuela.

Existe un temor natural de quienes son receptores de migrantes, en términos principalmente de los impactos en sus finanzas. Sin embargo es grato saber que hay estudios serios que documentan que estos países pueden verse beneficiados. Cito el caso de un reporte elaborado por el grupo BBVA recientemente, en el que se establece que: “Como resultado de los efectos económicos positivos que la inmigración puede tener en los lugares de destino tales como un impacto favorable en rejuvenecer a la fuerza laboral, en mejorar las finanzas de los sistemas de seguridad social, en facilitar el quehacer de la política económica, en aumentar en el consumo, y en favorecer la generación de empleos, entre otros; la inmigración puede impactar positivamente en el crecimiento económico del país receptor”.

En estos tiempos bien vale la pena recordar a quienes han soñado con ciudades ideales como el caso de Roberto Owen, empresario y socialista utópico quien en 1825 fundó una ciudad en Gran Bretaña llamada New Harmony (Nueva Armonía), adquiriendo una tierra para convertirla en ciudad modelo. A partir de sus premisas, en 1838 se diseña la ciudad nueva New Harmony, Indiana, Estados Unidos, planificada según los lineamientos de este personaje, que iba a ser fundada con inmigrantes.

En el caso de México, desafortunadamente nuestras condiciones de pobreza no son las óptimas para recibir a migrantes, dado que no hemos podido resolver aún nuestra línea base al tener a más del 60% de la población en algún grado de precariedad. De hecho ya nadie habla de los migrantes haitianos varados en el norte de la República, y observaremos seguramente a muchos de los hondureños estacionados, como los guatemaltecos que se han quedado en Chiapas y que viven bajo lonas de plástico a la intemperie, y que incluso son víctimas de abusivos que los han empadronado ante el INE para obtener votos.
Nuestro país es el paso natural de quienes migran del sur a Estados Unidos, y mientras no exista una reforma migratoria en aquel país, más vale que nos vayamos preparando. Esto será sin duda todo un reto de política pública para la nueva administración federal que comenzará el 1º de Diciembre próximo, ya que estará en la disyuntiva entre cómo darles alimento y empleo tanto a los de casa, como a los migrantes.

La cuestión es que habrá que replantearnos lo que conocemos hasta ahora como fronteras, ciudadanos, políticas migratorias, y hacerlas un tanto más flexibles como una medida de adaptación a los nuevos tiempo circundantes. Hay que pensar más en el modelo del ciudadano del mundo que imperará en las próximas décadas y también en que los niños migrantes, son los hijos de todos. Cualquier ser humano tiene derecho a tener educación, techo, alimento y seguridad, por lo que es injusto que se les niegue esta posibilidad y además que se les trate como criminales. Lo criminal es en todo caso dejarlos morir en la miseria…

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