Rafael Calderón
Del premio estatal de las artes Eréndiera
Lunes 12 de Noviembre de 2018
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¿Qué significado tiene el Premio Estatal de las Artes Eréndira en Michoacán? Es un premio que se ha entregado ininterrumpidamente desde 2005 por el gobierno de Michoacán a los creadores de amplia trayectoria en el arte y la cultura, que por lo menos han cumplido 50 años de vida y han acumulado una obra destacada, cuyo decreto de creación se publicó el 22 de febrero de 2008. Para la cultura este premio es pionero y el de mayor relevancia del Sistema Estatal de Creadores (Secrea). Además, hay que recordar que fue instituido por el entonces gobernador Lázaro Cárdenas Batel, para confirmar esa vocación de la familia Cárdenas con temas como la cultura; asimismo, una de las primeras acciones del entonces primer secretario de Cultura estatal, Luis Jaime Cortez, quien oficializó la creación del Sistema Estatal de Creadores. Por eso es de destacar que en literatura lo han recibido Homero Aridjis, Gaspar Aguilera Díaz, Luis Girarte y Francisco Elizalde García. Actualmente la convocatoria está abierta, pero creo se ha publicado tarde y mal.

Pero hay que seguir haciendo hincapié en su valor y beneficio para creadores que lo valoran más allá de administraciones delimitadas por su duración temporal; es un premio que anualmente se entregaba el mes de octubre a tres creadores como reconocimiento a su trayectoria y el engrandecimiento del arte y la cultura en todos los géneros artísticos.

Su alcance, razonado en el espíritu del artículo 2 del decreto de creación, dice: “A los creadores artísticos que resulten merecedores al premio, se les otorgará una medalla con la figura de la princesa Eréndira, un diploma firmado por el gobernador del estado y un incentivo económico equivalente a seis mil 300 días de salario mínimo vigente en el estado”, y la Secretaría de Cultura es la dependencia encargada de su ejecución, así como de la organización de su entrega.

Para lo cual publica una convocatoria dirigida a todo el ámbito de la creación artística, incluidas las artes tradicionales y la literatura en lenguas indígenas, e invita a universidades de educación superior, institutos y centros de investigación, academias, asociaciones culturales, civiles y de profesionistas, a las organizaciones de artesanos o de cultura popular y sociedades cooperativas, así como a las dependencias y entidades de la administración pública municipal, estatal y federal, con la finalidad que propongan a quienes estimen merecedores para recibirlo.

Para salvaguardar su vigencia y continuidad, sobre todo que siga siendo un premio de prestigio, su estructura tiene dos grandes líneas o directrices bien definidas a través del Consejo Técnico: la primera: se integra por el titular de la Secretaría de Cultura, y los titulares de la Dirección de Vinculación e Integración, el Jefe del Departamento de Programas Estatales del Sistema Estatal de Creadores, la parte oficial y que en momentos de crisis, poco o casi nada realiza para corregir desaciertos; la segunda: corresponde a un representante por cada una de las áreas de creación artística y éstos son quienes representan a los ciudadanos y presentarán propuestas para la integración de jurados y opinar para mejorar y fortalecerlo, etc., por su notorio y reconocido prestigio en las artes y la cultura.

Sin embargo, el pasado 22 de septiembre, se publicó una reforma al artículo 2 del decreto que lo crea y su redacción ahora dice: “artículo 2°. A los creadores artísticos que resulten merecedores al premio, se les otorgará una medalla con la figura de la princesa Eréndira, un diploma firmado por el gobernador del estado y un estímulo económico de hasta 300 mil pesos, monto que, en su caso, podrá ser modificado por el Ejecutivo del estado, previa opinión del Consejo Técnico y conforme al Presupuesto de Egresos autorizado a la Secretaría de Cultura del año fiscal correspondiente.”. Por esto, habrá que preguntar: ¿Qué significa esa reforma? ¿Un abandono a la contribución del premio a la cultura? ¿Una digresión para volver al estilo característico del “nada nuevo promuevo ni creo” y más bien paliar con una depreciación a la cultura? Son reformas difíciles de entender, acciones que resultan desconcertantes y pareciera que ésta pasa inadvertida para los representantes de las áreas de creación artística: danza, artes visuales, música, literatura, teatro o artes tradicionales. Desde luego, tal síntesis no es parte de una deliberación, sino recordar su defensa y la necesidad de preservar el espíritu original de su vigencia.

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