Alejandro Vázquez Cárdenas
La revolución traicionada
Miércoles 14 de Noviembre de 2018
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Puedo aventurar que la gran mayoría de los mexicanos, al escuchar la frase “20 de noviembre” de inmediato la asocian, primero con una calle conocida, después con la festividad que año con año se celebra en esa fecha, con el consabido desfile y, obvio, es día festivo. Algunos, segundos después, podrán asociar el día con un aniversario de la revolución mexicana, de la cual recuerdan que hubo muchos muertos, que por ahí estaba Francisco Villa, Carranza, Madero y que cantaban “La cucaracha” y “Adelita”. Más detalles no estarán disponibles.

¿Qué pasó en la revolución?
¿Qué pasó en la revolución?
(Foto: Gustavo Aguado)

¿Qué paso en la Revolución? El investigador Macario Schettino, en su libro Cien años de confusión, México en el siglo XX de editorial Taurus nos dice: “La Revolución Mexicana, hemos dicho, es un hecho inexistente, una construcción simbólica realizada con el fin de dotar de legitimidad a los ganadores de una serie de conflictos armados Por ello, el concepto cambia en tanto no hay un ganador definitivo El proceso se inicia en 1911, con la llegada de Francisco I. Madero al poder, y termina en 1928, cuando Lázaro Cárdenas es el ganador definitivo de la Revolución.

En ese cuarto de siglo, la Revolución toma distintas direcciones y es por tanto diferente la forma en que el mito tiene que construirse Los participantes de la segunda revolución (1913-1914), por ejemplo, desprecian a quienes combatieron en la primera (la de Madero) y se convertirán pronto en adversarios durante la tercera Más aún, los ganadores de esta tercera etapa, comúnmente conocidos como los “sonorenses”, perfilan una visión de la Revolución muy distante de la que Cárdenas logra imponer a fines de los treinta y que será la base del mito fundacional del régimen”

El conocido escritor Luis González de Alba, en un artículo publicado en Milenio el 16 de noviembre de 2010 con el título “La revolución que nunca existió” nos dice, con su habitual contundencia “La Revolución Mexicana, cuyo centenario celebramos, nunca existió. Está narrada según tres hechos que no tuvieron lugar: 1) El 20 de noviembre de 1910, el pueblo mexicano, cansado de una feroz dictadura de 30 años, 2) se levantó en armas con campesinos y obreros al frente, 3) y con su triunfo instaló un régimen democrático.

Eso nos enseña en la escuela. Pues bien: el 20 de noviembre no ocurrió absolutamente nada, nadie se levantó en armas. ¿De dónde sacamos esa fecha mítica? De que Francisco Madero lanzó un plan, como había hecho todo caudillo durante todo el siglo XIX hasta la primera presidencia de Porfirio Díaz, con el que llamaba, desde San Antonio, Texas, a que los mexicanos combatieran la dictadura. El manifiesto, repartido a fines de octubre de 1910, daba un escaso mes a la preparación.

El 20 de noviembre, Madero sale de Texas rumbo a Coahuila para encabezar la guerra civil, no encuentra a sus fuerzas leales y cuando finalmente las localiza son diez hombres (sí, ¡diez!) Hay levantamientos dispersos y con diversas demandas que a Madero le resultan "no solo inusitados, sino incomprensibles e incontrolables".

En los libros de texto oficiales, en los mensajes gubernamentales y en todo el aparato de propaganda política, podemos notar algo. El mito de la gran Revolución Mexicana se ha idealizado con el fin de que el mexicano se pueda sentir orgulloso de “algo” y como una forma de cohesión social.

Varios analistas y mucha gente “de a pie” ha sintetizado lo que en realidad fue la Revolución Mexicana, nada más ni nada menos que algo así como un “quítate tú para ponerme yo” porque fue tan sólo eso; revuelta, revolver, cambiar una cosa por otra, cambiar de bando como quien cambia de camisa, traiciones, deslealtades, asesinatos etc. pero al final no fue un gran avance, no hubo evolución. Los participantes de la Revolución se mataron entre sí, hasta que se aprendió la lección y crearon algo aún peor que la dictadura de Porfirio Díaz, el Maximato que a su debido tiempo se convirtió en el PRI, el partido del cambio y la evolución a velocidad de tortuga, el partido de la hipocresía, de la subordinación hasta la abyección, el partido que institucionalizó la corrupción, el partido magistralmente bautizado por Mario Vargas Llosa como “La dictadura perfecta”; esa que fue derrotada en el años 2000 por la fuerza de los votos.

Y ahora, después de 18 años de incipiente democracia, ¿Que pasó, como estamos? Pues resulta que tenemos de nueva cuenta al PRI, solo que reciclado, con el nombre de MORENA, con nuevo ropaje, pero medularmente es lo mismo, con sus mismo vicios y taras, ahora elevados al cubo, y al parecer ninguna de sus escasas virtudes.
Eso quisieron, eso tendrán

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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