Alma Gloria Chávez
Por una vida sin violencia
Jueves 22 de Noviembre de 2018
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Contrario a lo que muchos políticos y funcionarios, así como algunas personas completamente desentendidas del tema afirman, la violencia hacia las mujeres continúa viento en popa, sin que a las autoridades encargadas de tomar medidas al respecto les importe… excepto para ofrecer cifras y estadísticas de “casos atendidos”.

Concretamente en este lugar, la violencia hacia las mujeres y niños/as es cosa cotidiana. Si no lo cree usted, pregunte a cualquier maestro/a, sea de primaria, secundaria o preparatoria. No es raro ver a alguna mujer con golpes que le dio el marido por razones a veces tan absurdas como el hecho de tardarse en el mandado, o porque la vieron platicando con alguien en la calle. En la escuela, así como en instituciones de salud, también se detecta cuando la violencia es el desayuno, comida y cena de los infantes y de otros miembros de la familia.

Todavía hoy, a pesar de existir más instancias “de atención” para la mujer y la familia que las existentes hace 25 años, por ejemplo, las mujeres que piden ayuda para salir de alguna situación violenta, no encuentran la respuesta inmediata ni esperada, pues las marañas burocráticas terminan por desalentar a cualquiera. Igualmente, otras mujeres se sienten completamente indefensas ante actos violentos, porque no saben cómo enfrentar la situación o no quieren verse involucradas en asuntos legales. Sea cual fuere la razón, el resultado es el mismo: las mujeres, niñas y niños no reciben ayuda adecuada.

La violencia hacía las mujeres y niños/as es cosa cotidiana
La violencia hacía las mujeres y niños/as es cosa cotidiana
(Foto: Especial)

A lo largo de la historia de México, en sus Estados y comunidades, así como en muchos otros países, los tatarabuelos, abuelos, padres e hijos varones han aprendido en el transcurso de la vida, algunas de las siguientes ideas sobre “el ser hombre” y la paternidad:

“Que los hombres son y deben ser el centro o la cabeza de las familias y, por añadidura, que los hombres son quienes merecen más atención.

“Que este lugar de privilegio en la familia se debe a que son los principales proveedores económicos; aunque actualmente, no son los principales ni los únicos responsables de garantizar el bienestar económico de la familia.

“Que la única función de los varones en una familia es ser proveedores o quienes representan “autoridad” y creen que sólo de esta manera pueden demostrar aprecio y cariño hacia hijos e hijas.

“Que su función de proveedores les obliga a estar fuera de casa y justificar dejar sola a su esposa o compañera en el cuidado, atención, crianza y educación de hijos e hijas.

Si bien no todos los hombres piensan y actúan así, ni llevan a la práctica estas ideas, esta forma de pensar y de sentir la paternidad ha contribuido a que muchos hombres vivan en medio de tensiones, alejamiento, o con violencia su forma de relacionarse con su pareja, con sus hijos, o con cualquier mujer. Lo sorprendente resulta al entender cómo las mujeres hemos contribuido a fomentar y reproducir estos estereotipos que finalmente llegan a dañar cualquier relación.

Debemos agregar también cómo las políticas económicas actuales han agudizado la violencia social y familiar, al modificar entre la gente sus escalas de valores; el ser y el tener se encuentran en constante conflicto, provocando que el individuo tenga como aseveración que “sólo cuando se tiene se es”, lo que genera enorme confusión, alimentada por los medios de comunicación y sus propuestas basadas en el materialismo.

Y es en este negativo ambiente social cuando se vulnera de manera significativa a los pequeños (niños, niñas y adolescentes), quienes además de no recibir las atenciones básicas a las que tienen derecho, se les obliga a enfrentar situaciones hostiles por parte de los adultos que les rodean (completamente ocupados en obtener mayores recursos económicos) en el hogar, en los medios educativos y espacios comunitarios en general.

Todo lo que un niño o niña reciba, todo lo que ellos aprendan de nuestras actitudes ante la vida y la sociedad, y sobre todo el trato que reciban, principalmente de sus padres, familiares o educadores, va a perfilar su desarrollo como individuos: sus valores éticos y morales, su autonomía personal, su capacidad para relacionarse con sus semejantes, su facilidad para afrontar y resolver las situaciones que irán encontrando en las diferentes etapas de vida. ¿No resulta significativo el hecho de que en México enfrentemos también el problema de niños y niñas abandonados, en situación de calle, delinquiendo, y entre los que acuden a la escuela, un alto porcentaje con problemas de aprendizaje?

Sin duda, el reconocimiento de la violencia contra la mujer como una violación a los derechos humanos y el que se hayan logrado establecer medidas legales y políticas que refuercen esta acción, han sido logros importantes del movimiento internacional por los derechos humanos de las mujeres, y de las mujeres mismas.

Recordemos que el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer, fecha instituida durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia, en 1996, resulta una fecha que tiene carácter simbólico en memoria de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas ese día y ese mes de 1960 en represalias por su activa oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que en la República Dominicana duraba ya más de 30 años.

A las hermanas Mirabal se les reconocía con el apodo de Las Mariposas, por desarrollar un activismo que les mantenía siempre en movimiento y sobre todo, entre pobladores de barrios y comunidades humildes, lo que les llegó a confrontar con el dictador, que las mandó asesinar simulando un accidente carretero. Desde 1981, la comunidad internacional apoyó la propuesta hecha por el movimiento feminista y amplio de mujeres, uniéndose a la conmemoración del 25 de noviembre.

Definitivamente, al no existir el interés suficiente por parte de las autoridades mexicanas de cualquier tipo para erradicar la violencia en nuestra contra y el hecho de que aún no exista una política eficaz que actúe e incida en el fenómeno de la violencia desde el núcleo familiar, muchas mujeres seguiremos dando batalla, de distintas maneras y desde diferentes espacios, para erradicarla de la vida cotidiana. Porque es una batalla por la vida y por la paz.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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