Alma Gloria Chávez
Fiesta religiosa en Pátzcuaro
Jueves 6 de Diciembre de 2018
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Desde inicios del mes de diciembre, muchos de los habitantes de Pátzcuaro preparan, participan y aguardan la fiesta patronal dedicada a la Virgen de la Salud, que tiene como fecha central el 8 de diciembre. El repique de campanas en la madrugada anuncia la misa de alborada, celebrada luego de que nutridos grupos de feligreses han cantado ya las mañanitas a la venerada imagen.

Según documenta don Nicolás León, en sus “Noticias históricas de la venerable imagen de María Inmaculada de la Salud de Pátzcuaro”, desde lejanos tiempos se daban cita en su iglesia (que primeramente fue la Capilla de Santa Marta, anexa al templo del Sagrario) devotos llegados de lugares diversos y así lo menciona: “Al pie de su altar oran a diario el hijo del ardiente clima del sur michoacano, el desvalido nativo de sus frías montañas y el incansable trabajador; el sencillo y humilde ranchero de las tierras templadas y el ‘purepe’ del lago, que al renovar a diario los ramilletes de cándidas flores de ‘chumbacua’, en su armonioso idioma le repite: ‘Nana Yurhixe, zántsini cuiripen uehcohueco –maripechen; thuquire santa dios Nana embaecá’ (Madre Virgen! ¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!)”

Virgen de la salud de Pátzcuaro
Virgen de la salud de Pátzcuaro
(Foto: Especial)

“Nana Yurhixe” era llamada nuestra Patrona por las doncellas o guananchas indígenas que se encargaron, durante 200 años, de cuidar la bella escultura hecha con la antiquísima técnica de “pasta de caña de maíz”, que data del siglo XVI (1540 aproximadamente) y que les hacía evocar a la diosa Cuerauáperi (la madre creadora, en la cosmovisión purépecha), a quien estuvo dedicado, en épocas anteriores a la conquista, el gran templo erigido en el Oriente de Petatzécuaro y sobre cuyos restos (y con parte de su mismo material) fueron edificados cuatro de los principales edificios coloniales del lugar: la misma Basílica, el Antiguo Colegio de San Nicolás (hoy Museo de Artes Populares), la Iglesia y el Colegio de la Compañía de Jesús.

En los datos históricos de Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro, se habla de las gracias y curaciones que los fieles obtenían de Dios a través de esta sagrada imagen, que don Vasco de Quiroga le dio el nombre de “Salud de los Enfermos”, lo que se confirmó en 1690, cuando el señor cura Juan Meléndez Carreño modificó la talla original de la Inmaculada Concepción, respetando su rostro y manos, descubriéndose en la peana de la escultura la inscripción “Salus Infirmorum”. En 1737, con ocasión de una peste que asoló a Pátzcuaro, el señor cura Don José Eugenio Antonio Ponce, juró a Nuestra Señora de la Salud como patrona de la ciudad. Y en el año de 1899, el señor Arzobispo de Michoacán, don José Ignacio Árciga, solicitó al Papa León XIII su autorización para coronar, con delegación pontificia a la imagen de Ntra. Sra. De la Salud, lo que sucedió un día 8 de diciembre, siendo acompañado el Sr. Árciga con los señores Obispos Don José de Jesús Ortiz de Chihuahua y Don Rafael Camacho de Querétaro.

Desde el siglo XIX entonces, la fiesta de cada 8 de diciembre es considerada la fiesta patronal de Pátzcuaro. El pueblo todo, sin distinción de edad, posición social o credo religioso, se vuelve partícipe, aún involuntariamente, de un ritual que a menudo se ve desbordado por los elementos libres, propios y ajenos, que obligan a la fiesta a sufrir cambios y a evolucionar… lo mismo que el propio individuo.

El maestro Antonio Salas León, en mis años escolares, nos contaba cómo esta fiesta había ido cambiando al través de los tiempos, pero siempre conservando la impronta indígena que la originó. Él decía que Petatzécuaro (Pátzcuaro), siendo un centro religioso en tiempos precolombinos, resultaba también, como tantos sitios de peregrinaje en Mesoamérica, un centro obligado para el encuentro de personas llegadas de distintas latitudes (como lo demuestran estudios arqueológicos) y para el intercambio de productos diversos. Luego entonces, no debía extrañarnos la “invasión” (ya se hablaba de ello en los años 60) de comerciantes propios y extraños que literalmente “toman por asalto” las calles céntricas y aledañas a la iglesia principal, impidiendo se realice, como antaño, el recorrido que en procesión hacían las asociaciones y cofradías, llevando en andas a la imagen de la Virgen de la Salud.

Fecha para renovar el fervor, para el reencuentro con amistades y familiares, además de conocidos que han emigrado, pero que en este día especial, regresan… Ocasión para llenarnos los sentidos de todo lo que en la fiesta se incorpora, como en una colorida y sabrosa ensalada. Con conocidos y contemporáneos, seguramente recordaremos los corredizos de papel picado o los faroles del mismo material en colores azul y blanco, que señalaban el camino por donde había de transitar la Virgen. Desde temprano se regaban y barrían las calles y algunos vecinos esparcían en ellas fresco y oloroso “uinumo” de pino.

La plaza principal se llenaba con los puestos de la fruta de temporada, de juguetes de barro, cartón y hojalata, además de otros productos artesanales que pobladores de comunidades y rancherías, vendían o intercambiaban. Los sencillos puestos se alumbraban con “achones” o lámparas de petróleo y casi no se veían los productos de plástico en esos años; si acaso, el peltre, el aluminio y ropa de fábrica que se vendía a precios bastante económicos. La fiesta también resultaba pretexto para muchos habitantes de la región (y de otros lugares) para obtener buenos productos.

Durante algunos años, autoridades sensibles, junto con un grupo ciudadano (Teresita Dávalos, entre ellos), promovieron la feria artesanal que fue famosa en la región, en un loable intento de dignificar la presencia de artesanos, que se daba de manera tan natural en la ciudad, con motivo de la fiesta patronal, pero poco a poco fue decayendo, hasta ser desplazada por el comercio industrial y la avalancha de juegos mecánicos que llegaron a ocupar las calles céntricas del lugar. Luego, por iniciativa de las instituciones dedicadas al turismo, se cambió la fecha para la feria artesanal, organizándose ahora en el marco de los Días de Muertos (o de Ánimas en la región).

Todavía entusiasma a grandes y chicos la presencia de las “Mojigangas” recorriendo calles y colonias de Pátzcuaro para anunciar la fiesta… pero se extrañan los globos de cantoya que por mucho tiempo se encargaron de hacer y “elevar” miembros de las familias Jaramillo y Pérez Escamilla.

Este año, se cumplen 125 de la fundación de dos asociaciones que han estado vinculadas al culto de la Virgen de la Salud en Pátzcuaro: Damas y Caballeros de Honor y las Damas de la Corte, que comparten compromisos espirituales de conocimiento y crecimiento del culto, así como del cuidado de los altares, del mantenimiento del camerino en donde se encuentra colocada la Virgen y en todas las actividades y festividades, principalmente las del 15 de agosto, el 8 de julio y el 8 de diciembre.

Virgen de la salud de Pátzcuaro
Virgen de la salud de Pátzcuaro
(Foto: TAVO)

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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