Alejandro Vázquez Cárdenas
El toreo y la mente humana
Miércoles 25 de Mayo de 2016
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El torero Rodolfo Rodríguez, El Pana, resultó gravemente herido luego de que un toro lo cogió de frente y lo lanzo por los ires
El torero Rodolfo Rodríguez, El Pana, resultó gravemente herido luego de que un toro lo cogió de frente y lo lanzo por los ires
(Foto: Especial)

El toreo, tauromaquia, fiesta taurina o como se le quiera llamar es un espectáculo que ha sido estudiado desde diversos ángulos. Fue, en su momento, bien visto, incluso aclamado en países como España, México y algunos otros en Sudamérica; motivo central de obras de teatro, canciones, poemas, etcétera, pero ya en el siglo XXI su popularidad se ha desplomado y es considerado una exhibición de crueldad animal, salvaje y primitiva, que atrae a personas que se divierten viendo cómo se maltrata, tortura y finalmente se mata a un ser vivo. El espectáculo indudablemente está destinado a estimular las partes más primitivas del cerebro humano, esas regiones denominadas como “cerebro de reptil”.

El toreo es una actividad que ha sido estudiada, entre otras ramas, por la psicología. ¿Qué impulsa o da origen al aberrante deseo de ver cómo se mata a un ser vivo?, ¿son psicópatas los aficionados y los practicantes del toreo? Para responder eso tenemos que entender primero qué es y cómo se define un psicópata.

El psicópata es una persona cuya principal característica es la imposibilidad de empatizar con nadie y de experimentar remordimiento alguno, para ellos el resto de las personas no cuentan ni importan, disfrutan del dolor ajeno, son narcisistas, manipuladores y mitómanos.

En el libro Visiones de España (Biblioteca Nueva, 2004) del doctor Cecilio Paniagua, psicoanalista y psiquiatra por la Universidad Jefferson, de Filadelfia, hay un capítulo dedicado a la tauromaquia, obviamente escrito desde un punto de vista psicoanalítico. He tomado de este capítulo algunas consideraciones que expongo a continuación.

En el toreo existen diversas pulsiones inconscientes, sádicas, narcisistas y eróticas. La afición a la tauromaquia es debida a que proporciona un marco único para el desahogo y la proyección de pulsiones instintivas reprimidas. Claramente su atractivo central es el de la gratificación inconsciente de las pulsiones sádicas. El dolor y la muerte del toro se dan por supuestos. En la mente de toda la afición está el hecho de que pueden correr la misma suerte los caballos y, por supuesto, los toreros, aunque un taurino jamás admitirá que va a la plaza a ver morir al torero, ya que esa pulsión totalmente consciente le aterrorizaría como ser humano.

Los aficionados no pueden aceptar que van a las corridas a ver torturar y matar a un animal, como tampoco pueden aceptar que van a ver morir al torero. Se excusan en que es una demostración de supervivencia: el animal contra el hombre, el instinto primitivo contra la inteligencia racional superior del hombre. De hecho, el torero también sufre de esta ambivalencia: se dice a sí mismo, se justifica ante sí mismo, en que es una lucha de iguales, que el toro va a matarle y él tiene que defenderse, como si el toro hubiera elegido estar ahí. Es una batalla entre el mundo animal y el mundo humano, es en defensa propia. Nadie se da cuenta de que el toro no está ahí porque él quiere matar al torero, el toro está ahí porque le han puesto ahí.

Una de las dinámicas más importantes en la organización mental del torero es la de la gratificación narcisista. Indudablemente el colorido de las corridas, el atuendo de los toreros, la misma plaza, proporcionan un escenario especialmente apropiado para el despliegue y la gratificación del exhibicionismo narcisista. El placer, de origen infantil, de despertar gran admiración, puede compensar muchas penalidades. Ese afán por causar admiración. Los sueños de esplendor e inmortalidad sirven, a su vez, para contrarrestar sentimientos pretéritos de inferioridad.

Hay teorías psicoanalíticas que hablan de una pulsión parricida (el toro representa al padre y el torero es el hijo que, cansado de estar bajo su yugo, lo asesina) o tendencias homosexuales (las cogidas representan un coito sádico homosexual). Finaliza el autor con estas palabras: “Sé que estos estudios acerca del mundo del toreo no les gustarán a aquellos que dicen ser taurinos pero, sintiéndolo mucho, si sois objetivos y os paráis a analizar vuestra propia conducta, no vais a salir muy bien parados”.
Interesantes datos.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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