Estrellita M. Fuentes Nava
Los días sin coche
Viernes 11 de Enero de 2019
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Estos días en Morelia y en muchas ciudades del país se ha desatado la locura por el desabasto de la gasolina en los centros despachadores: filas interminables, personas haciendo guardias de casi 48 horas, sin faltar los vivales que hacen su agosto al revenderla más caro. Las discusiones van y vienen sobre las razones por las que caímos en esta situación, pero más allá de eso hay un hecho interesante: como sociedad nos volvimos más conscientes acerca del uso que le damos al automóvil y ya comenzamos a racionar su uso.

Ojalá que regularizándose el servicio de las gasolinas, no volvamos a la inconsciencia y a las mismas andadas
Ojalá que regularizándose el servicio de las gasolinas, no volvamos a la inconsciencia y a las mismas andadas
(Foto: TAVO)

De acuerdo a las últimas actualizaciones que refieren a la crisis ambiental por la que atravesamos, nos quedan al parecer poco menos de 20 años para dar marcha atrás a la emisión de contaminantes a la atmósfera, si es que aún queremos sobrevivir. Los especialistas y ambientalistas no se cansan de repetir el mismo mensaje: ¡¡Deténganse ahora!!, sin embargo esto parece caer en el vacío ya que una inmensa mayoría hace oídos sordos y siguen con sus mismas rutinas.

Por otra parte, Aleida Azamar Alonso quien es investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) advirtió recientemente en el marco de la “Primera Conferencia Norte – Sur de Descrecimiento” que debido a las grandes proporciones de extracción de combustibles fósiles, la humanidad disfrutará apenas de 30 años más de petróleo convencional, cuatro décadas de gas natural, ocho de uranio y los dos siguientes siglos de carbón. Apuntó que las grandes corporaciones han dado un vuelco regresivo a la vida al aumentar la extracción para uso industrial y fomentar el consumo hasta triplicarlo. Es decir, tarde que temprano tendremos que transitar hacia las energías alternativas.

Platicaba con un amigo notario de aquí de Morelia, quien me comentó que estaba determinado en comprar una bicicleta para trasladarse de su casa a su oficina porque en realidad estaban muy cerca. Los mensajes en las redes apuntan a que las personas prefieren ahora utilizar el coche lo menos posible por lo difícil de llenar los tanques de gasolina, y las calles de Morelia lucen vacías. Obvio que guardando la debida proporción de las cosas (es imprescindible que puedan moverse el transporte público, las ambulancias, patrullas y los comerciantes), pongo atención en lo que toca a los ciudadanos y me pregunto ¿no que no se puede? ¿Cuántos llamados nos han hecho a ser más responsables y proactivos con el medio ambiente y simplemente lo echamos en saco roto? ¿Desde cuándo podríamos haber comenzado a restringir el uso del coche y volvernos más pro - ecológicos? Pero con eso de que el coche nos da hasta estatus, cada vez hay más autos circulando.

La política pública bien debiera revisarse porque existen medidas que contribuirían en gran medida para mitigar las emisiones tóxicas al medio ambiente, como lo es contar con un sistema de transporte urbano eficiente, con cero emisiones y de fácil conectividad (como el sistema Metro de la CDMX o los metrobuses), que nos ayudarían a los ciudadanos morelianos a desplazarnos dejando el coche en casa. También la industria automotriz requiere urgentemente de sacar al mercado autos híbridos o ecológicos de bajo costo y accesibles a la población, ya que hoy en día uno de estos carros pueden costar entre 500 y 600 mil pesos lo que los hace prácticamente inaccesibles a una inmensa mayoría (imagínense un vochito eléctrico, por ejemplo).

El combate al tráfico del huachicol sin duda ha sido un gran golpe en lo político, pero con severo impacto en lo social, sin embargo debemos aprender la lección: podemos como sociedad tomar mayor conciencia del uso del automóvil y sensibilizarnos a la necesidad de coadyuvar con nuestra supervivencia y propugnar porque existan alternativas accesibles para todos de un transporte limpio.

No tiene ningún sentido ir a la tiendita en coche o al mercado si es que se encuentran relativamente cerca; ir al café al centro en coche viviendo cerca de éste, y perderse la maravillosa oportunidad de disfrutar la ciudad. Se puede usar el transporte público, usar la bici, caminar distancias cortas, compartir el auto,… en fin. Cada uno de nosotros puede revisar sus hábitos y considerar cómo reducir el uso del coche o el transporte automotriz y adoptarlo como una medida permanente.

Las crisis también son lecciones, y como sociedad debemos reflexionar cada vez que nos enfrentemos a una como la que ahora tenemos, si es que queremos expandir nuestra conciencia de cómo vivir mejor. Ojalá que regularizándose el servicio de las gasolinas, no volvamos a la inconsciencia y a las mismas andadas.

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