Ramón Guzmán Ramos
Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta
Sábado 20 de Febrero de 2016
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Una sombra deletérea se cierne sobre el proceso de renovación de la dirigencia de la Sección XVIII de la CNTE: la sombra de la división y el debilitamiento.
Una sombra deletérea se cierne sobre el proceso de renovación de la dirigencia de la Sección XVIII de la CNTE: la sombra de la división y el debilitamiento.
(Foto: Archivo)

Una sombra deletérea se cierne sobre el proceso de renovación de la dirigencia de la Sección XVIII de la CNTE: la sombra de la división y el debilitamiento. Alguna vez señalé aquí mismo que la historia del movimiento magisterial en Michoacán es también la historia de sus divisiones internas. Cada vez que ocurre una elección para nuevo comité se produce un desgajamiento. En las primeras etapas lo que se cuidaba con celo extremo era la ortodoxia ideológica. Se trata de una visión teórica que en gran medida ha sido rebasada por la historia.

Hablamos de un enfoque marxista que parece sacado de manuales de adoctrinamiento al estilo de Marta Harnecker. La visión ideológica que ha mantenido el movimiento prácticamente desde sus orígenes ha caído en el dogma. De manera que quienes no comulgaban con este sistema de ideas eran señalados y condenados al exilio. Hay que subrayar que han surgido también algunos grupos que se han propuesto asaltar el espacio de dirección con el respaldo de los gobiernos en turno. En este caso ha sido legítimo que el movimiento los ponga en evidencia y los mande de regreso a donde realmente pertenecen.

Es un axioma común que el poder desgasta, cualquier tipo de poder, mucho más cuando se ejerce de manera indefinida, sobre todo si no se somete a procesos permanentes de vigilancia y renovación. En el caso del magisterio, estamos ante un movimiento que ha rebasado ya las dos décadas y no ha hecho sino repetirse en prácticamente todas las acciones que realiza cíclicamente. He aquí un factor de desgaste. Lo que en un inicio daba buenos resultados, con el tiempo y la repetición mecánica produjo efectos adversos. El efecto más negativo ha sido la desaprobación de la sociedad. Es una contradicción profunda en los propios términos del movimiento.

El movimiento se ha asumido como un factor de vanguardia que se propone encabezar un cambio a fondo no sólo en el sindicato y en el sistema educativo, sino en toda la sociedad. Pero se le ha venido un drama impensable encima: ha tenido que atrincherarse en sus propias fronteras y se ha quedado a solas con su discurso de emancipación.

Uno de los objetivos estratégicos que se propuso la CNTE fue la democratización del SNTE, pero se ha convertido en una organización sindical apartada de la estructura formal.
Uno de los objetivos estratégicos que se propuso la CNTE fue la democratización del SNTE, pero se ha convertido en una organización sindical apartada de la estructura formal.
(Foto: Archivo)

Uno de los objetivos estratégicos que se propuso la CNTE fue la democratización del SNTE, pero se ha convertido en una organización sindical apartada de la estructura formal. Nos deja la impresión de que ha renunciado voluntariamente a este punto de su programa o que no ha sabido cómo capitalizar el descontento de otros sectores del magisterio que coyunturalmente intentan sacudirse los controles oficialistas y finalmente vuelven al redil por falta de una perspectiva real. Otro de los objetivos que se propuso fue la democratización del sistema educativo. Aquí se ha limitado a resistir de manera permanente los cambios y las reformas que los gobiernos han impuesto desde arriba. No hay una propuesta alternativa que se haya probado en la realidad y que pudiera generalizarse para cambiar desde la escuela todo el sistema. Por lo que respecta a Michoacán, programas de los llamados socioeducativos, que tienen varios años y que están bajo el control de la sección, como Escuelas Integrales, Alfabetización Popular, los Centros para el Desarrollo de la Cultura y el Arte, y Lectoescritura, se mantienen reducidos en espacios físicos y políticos herméticamente sellados. No se ha procedido a extraer de ahí las experiencias exitosas que pudieran aplicarse en un plan mayor. El Plan Alternativo que se pretende aplicar en lugar del Plan 2011 no cuenta con la asesoría ni el acompañamiento necesarios para que las escuelas lo adopten y lo lleven a un necesario proceso de experimentación.

El tercer objetivo estratégico dependería de los anteriores, aunque podría llevarse a cabo de manera simultánea. Me refiero a la democratización de la sociedad. El movimiento se ve a sí mismo como la vanguardia de un proceso de emancipación popular. En este punto, sin embargo, ha caído en profundas confusiones que le han impedido trazar una ruta clara. Ha sido también motivo de confrontaciones internas y desgajamientos. Algunas corrientes le apostaron a la vía electoral y fueron prácticamente expulsadas. Otros hablan de poder popular pero no especifican en qué consiste y de qué manera se tendría que construir desde abajo. Otro asunto que no definen es la cuestión del poder. Existe cierta claridad en el sentido de que el sistema de partidos no le ha funcionado a la sociedad. A final de cuentas todos se han dejado ganar por un pragmatismo por demás oportunista. ¿Pero cuál sería entonces la alternativa para que el poder esté realmente en manos del pueblo y sea éste el que actúe desde ahí en su propio beneficio? No hay claridad.

En este proceso de renovación de la dirigencia seccional el movimiento se enfrenta a otro problema que se había mantenido tras bambalinas: la corrupción. El poder, cualquier tipo de poder, crea privilegios para quienes lo ocupan y lo ejercen. El movimiento abandonó muy pronto esa necesaria actitud de vigilancia democrática que lo caracterizó en sus primeras etapas. Y de esto tienen responsabilidad las dirigencias. Los espacios de debate que se abren desde abajo, desde las delegaciones y las regiones, fueron controlados por quienes eventualmente llegaban al poder. Es arriba donde se decide la línea a seguir y, una vez acordada por unos cuantos, se baja a las demás instancias ya digerida sólo para que las bases la aprueben y la legitimen. Esto abrió una brecha entre las dirigencias y sus bases. Una distancia de esta naturaleza permite que algunos decidan aprovecharse de sus cargos, sobre todo ahí donde se manejan recursos, para beneficio propio o de su grupo. El movimiento debe poner en evidencia y deshacerse de elemento de esta naturaleza. El otro efecto, sin embargo, es político. Las bases han sufrido un dramático proceso de desgaste, desencanto y desmotivación. Las grandes lecciones de la historia nos han enseñado que las revoluciones y movimientos sociales no son para siempre. Han de renovarse para ser ellos mismos y al mismo tiempo para ser otra cosa, algo superior cada vez. O de lo contrario los sistemas que crean se derrumban estrepitosamente. En la historia ningún proceso está garantizado de una vez y para siempre.

El gobierno federal se ha propuesto dejar a los maestros sin su organización sindical. Y tiene también como objetivo transformar el sistema educativo para eliminar gradualmente el carácter público, laico y gratuito del servicio. Un movimiento de resistencia como el que ha mantenido el magisterio disidente es legítimo y necesario, pero ha de mirarse a sí mismo con otros ojos, volver al origen, retomar los objetivos estratégicos, los principios éticos, la mirada de futuro. Renovarse e innovar. Es el camino que se vuelve alternativa. Lo otro es seguir en lo mismo, dando vueltas sobre sí mismo, hasta que se abra el piso y se produzca el derrumbe.

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