Alma Gloria Chávez
La Biblioteca del Libro Ilustrado
Jueves 7 de Febrero de 2019
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Soy de esas personas que van por la vida creyendo con firmeza que antes de ser (de existir), todo y todos/a hemos sido soñados. Y creo que somos sueños de las mismísimas divinidades. ¿Por quién, si no?

Es por ello que tengo la seguridad de que la Biblioteca que re-abre sus puertas este sábado 9 de febrero en el espacio cultural que un día, hace ya varios lustros y estando el añoso edificio a punto del desplome, un grupo de soñadores se propuso restaurar, fue también primero un sueño: el Antiguo Colegio Jesuita. Un sueño dentro de otro sueño, que inicialmente albergó muchas y variadas actividades surgidas de un entregado colectivo ciudadano.

Por supuesto que también creo que cuando los mortales soñamos, es menester empeñar nuestros mejores esfuerzos para llegar a hacer realidad o concretar lo soñado. La Biblioteca del Libro Ilustrado resulta ejemplo y resultado de los sueños que un joven artista gráfico y su familia han entrelazado a través de los años, invitando además a sumarse a otras personas afines.

 Artemio sueña en que muchas personas que aman los libros
Artemio sueña en que muchas personas que aman los libros
(Foto: TAVO)

Cuentan que Artemio Rodríguez Cornejo fue un niño bastante soñador: nacido en Tacámbaro, Michoacán a principios de los años 70, mejor que el gusto por los estudios obligados de las escuelas primaria y secundaria, disfrutaba del clima privilegiado de su terruño, recorriendo con familiaridad la zona boscosa y la zona de tierra caliente (que delimita la fuente de la plaza principal, según las viejas consejas); aprendiendo la diversidad y nombres de flora, fauna y sitios del entorno, por donde el agua todavía corre con cierta libertad.

Alguna vez confió sus recuerdos de esos años, diciendo que “creció comiendo frutas y nadando en el río; creyendo mucho en las fuerzas de la naturaleza, en los cuentos, en las leyendas y en las creencias populares”.

Sabemos que cuando su familia emigró a Estados Unidos, él decidió ingresar a la Universidad Autónoma de Chapingo, en donde empezó, integrado a un Colectivo Cultural Juvenil (“Cocucha” se denominaba), a cultivar seriamente su interés por todo lo que el universo de la creatividad artística propone: música, literatura, danza, teatro, cine, pintura y artes gráficas… decidiéndose a grabar a los 17 años. Y de ahí en adelante, Artemio ha seguido cultivando con pasión lo que considera un acto casi natural: el arte del grabado.

Hace aproximadamente cinco o seis años, conocí a Artemio en Tacámbaro, trabajando entusiastamente con otros jóvenes artistas en la creación y habilitación de espacios culturales donde niños, niñas y jóvenes tuvieran oportunidad de acercarse a distintas actividades derivadas de las artes, y pudieran, como ellos, iniciar el diseño de sus propios sueños. Supe entonces que él había vivido varios años fuera del terruño, incursionando en el Estado de México, la ciudad capital y en Estados Unidos (Los Ángeles, específicamente) y que su obra ya era reconocida por sus actividades independientes y como becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA).

Por azares del destino, poco tiempo después Artemio llegó a radicar a la región del lago de Pátzcuaro, en donde, junto a Silvia y Mateo, han continuado engarzando sueños individuales, compartidos y colectivos. Cuando alguien habla con cualquiera de los tres, se puede advertir de inmediato que la lectura es parte de su vida. Y como para Artemio los libros ilustrados han sido compañeros desde siempre, entendió que lo mejor sería entregar todo ese acervo acumulado a quienes se encuentren dispuestos a continuar dándole vida; a quienes busquen inspiración en los contenidos de todos esos libros, cómics y revistas, cosa que, seguramente, alguna vez soñó.

Así fue que un buen día, no hace más de un año, llegué a la Galería “La Mano Gráfica” preguntando de quién era la iniciativa de abrir la biblioteca de libros ilustrados y fue tal mi entusiasmo al saber que Artemio estaba en ella, que de inmediato ofrecí mi apoyo incondicional, que debo confesar ha sido limitado, por la etapa de vida en que actualmente me encuentro.

Esta Biblioteca vio la luz primera (ya con su denominación “BLI”) en la calle de Arciga No. 20 y ha venido creciendo con rapidez a través de los meses. Gracias a los buenos oficios de nuestro joven amigo, así como a las afortunadas voluntades de personas e instituciones culturales que han respaldado iniciativas auténticas, desinteresadas y creativas como la de esta Biblioteca, su acervo hoy se encuentra en resguardo dentro de este histórico edificio de enseñanza y precisamente en el sitio que una vez acogió a una Sala de Animación a la Lectura, cuyo sueño, plasmado en un proyecto, ha quedado guardado en la memoria de quienes un día, no hace tanto tiempo, le devolvimos la vida al emblemático lugar fundado por la Compañía de Jesús.

Artemio sueña en que muchas personas que aman los libros: su peso, sus páginas, su compañía, sus ilustraciones, contribuyan (contribuyamos) a inyectar más vida a este espacio, contagiando el entusiasmo por la lectura. Por abrir páginas y encontrar ilustraciones que dicen más que mil palabras; para vincularnos con el pasado, el presente y el futuro, de una forma manejable, agradable. Para hacer eco de los propósitos establecidos en los derechos humanos y en la cultura para la paz.

En la Biblioteca del Libro Ilustrado encontraremos libros rescatados de destinos inciertos: de librerías de viejos, de bazares, del olvido… pero también libros jubilosos que fueron muchas veces leídos, obsequiados, compartidos, donados. Libros de texto, enciclopedias, cuentos y cómics, catálogos, guías de viajes, novelas, biografías, libros de arte, religiosos, de modas y preceptos… temas tan variados, como no se puede una imaginar. Esta biblioteca es como un laberinto: un libro te lleva a otro y otro… y se puede saltar de un tema a otro, sin la menor preocupación. Para ello se encuentra la amabilidad de Cristi Silva, quien acompaña, sugiere y guía a toda persona que ingrese al lugar.

Yo digo a Artemio, a Silvia, a Mateo y a quienes han acompañado este sueño: crear una biblioteca es un acto de amor a los libros, a las ideas, a las personas cuyas ideas y sueños contienen esos libros… y sobre todo, resulta un acto de amor al lugar que se habita. Por tanto, no podemos menos que agradecer, contribuir y dar vida a este páramo de ensoñaciones.
La Biblioteca del Libro Ilustrado que hoy se encuentra de puertas abiertas para todos/as, se ubica en el primer patio del Antiguo Colegio Jesuita, con horarios de martes a sábados de 10 a 14 horas y de 16 a 18 horas (abriendo ocasionalmente en domingos por la mañana).

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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