Ignacio Hurtado Gómez
Reflexiones constitucionales
Miércoles 13 de Febrero de 2019
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Cada año, cuando llega el 5 de febrero resurge inmediatamente la reflexión sobre nuestra Constitución. En esta ocasión no pudo ser diferente.

Por eso, solo por el gusto de compartirlas, aquí van –sin ningún orden– algunas reflexiones que durante ese día cruzaron por mi mente, ante la andanada de comentarios oficiales y académicos sobre nuestra vida constitucional.

Una Constitución como la nuestra es un “árbol vivo”.
Una Constitución como la nuestra es un “árbol vivo”.
(Foto: TAVO)

1. De entrada me gusta la idea que en algún lugar leí de que, una Constitución como la nuestra es un “árbol vivo”.

2. Por supuesto, también me gusta mucho lo que dice Peter Hâberle de que conocer a nuestra Constitución, no es un tema exclusivo de los estudiosos del derecho o de los abogados, pues en ella se encierran los “anhelos y esperanzas de un pueblo”, por tanto es un tema de todos.

3. Lo anterior no es menor, si recordamos lo que hace tiempo escribió don José Ramón Cossio, cuando describía cómo nuestra Constitución durante décadas tuvo un sentido más político que jurídico.

4. Hoy en día, contrariamente a esa idea política, nuestra Constitución es una norma jurídica, la primera de todas, y por tanto es de cumplimiento inexcusable.

5. Por eso, podemos decir que somos una sociedad la cual, aún estamos aprendiendo “a vivir conforme a nuestra Constitución”.

6. Por ejemplo, según datos de la Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional en 2017, solamente el 4.9 por ciento consideraba que conocía mucho a nuestra Constitución, el 56.1 por ciento que la conocía poco, y el 34.4 de plano dijo que no la conocía nadita. No creo que a la fecha esas cifras hayan cambiado mucho.

7. Por ello, un tema central para aprender a vivir conforme a nuestra Constitución, y comprender la importancia de su cumplimiento inexcusable al encontrarse en ella consagrados los anhelos y esperanzas de un pueblo es; sin lugar a dudas, su conocimiento. No se puede valorar o exigir el cumplimiento de algo que no se conoce.

8. En ese contexto, celebro y agradezco iniciativas como la de mi estimadísimo Gama quien, con su “poesía cívica” de “Mi Constitución” busca difundir a través de la palabra escrita una semblanza poética de nuestra Carta Magna, que nos facilita su comprensión, y sobre todo nos permite conocer nuestros derechos y obligaciones.

9. No obstante todo lo anterior, es un hecho que tenemos algunos temas realmente pendientes para analizar y resolver en torno a nuestra Constitución actual, y que sin duda pueden llevarnos a vivir un nuevo constitucionalismo.

10. En principio, tenemos la recurrente idea de una nueva Constitución, lo cual no resulta menor, pues de entradita para su eventual confección se requeriría de la conformación de un congreso constituyente ampliamente plural que represente a todos los sectores de la sociedad mexicana, y también en su momento hasta de un referéndum aprobatorio.

Aunque tal vez deberíamos empezar por el inicio y preguntarnos: ¿por qué una nueva Constitución?, y ¿para qué una nueva Constitución?

Todo lo anterior, sin dejar de lado la sustancia de lo que tendría que contener ese nuevo texto constitucional.

11. Otro tema es el de una eventual inconvencionalidad de nuestra Constitución; es decir, con todo este tema de los derechos humanos en sede internacional, me parece que estamos a nadita de que un día nos llegue la Corte Interamericana de Derechos Humanos con una sentencia y nos digas que, una norma de nuestra Constitución, si bien es constitucional porque está ahí plasmada, no menos lo es que resulta inconvencional porque trastoca derechos humanos de orden convencional.

12. También estamos pendientes de resolver lo del control constitucional del contenido de las reformas constitucionales en este país. Tema largamente debatido aún sin solución. En otras palabras, en este país y en este sistema quién revisa el contenido y la validez sustancial de las reformas constitucionales que aprueba el Congreso. Hasta ahora el criterio dominante en la Corte es: nadie.

13. Y ni qué decir del constitucionalismo local. ¿Michoacán puede aspirar a un nuevo orden constitucional? La respuesta es afirmativa, aunque compartiría varias de las reflexiones que se acaban de hacer en torno a la Constitución General.

14. Por último, como juzgador me gusta la idea de Zagrebelsky cuando señala que “la Constitución no dice, somos nosotros los que la hacemos decir”. Bien puede ser a través de nuestras decisiones, pero también a través de nuestro quehacer institucional, o por medio de nuestros actos.

Al tiempo.

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