Alma Gloria Chávez
Responsabilidad de todos
Jueves 21 de Febrero de 2019
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En los primeros días de este mes de febrero, se desarrolló en Santa María Atzompa, Oaxaca, el Encuentro en Defensa del Territorio, los Bienes Comunales y los Derechos de los Pueblos Originarios, convocando la participación de notables personalidades, organizaciones que buscan el desarrollo sustentable, comunidades amenazadas o vulneradas por la ejecución de “megaproyectos”, líderes religiosos y representantes de comunidades indígenas y campesinas del país.

Contando con antecedentes diversos en los últimos lustros y teniendo como protagonistas a la gente que resguarda, cultiva y defiende los recursos naturales (“de todos y de nadie”, a decir de los hermanos Flores Magón), este evento nos recuerda que hace dos años, también en territorio oaxaqueño, durante la Movilización Estatal en Defensa de la Madre Tierra celebrada en Ejutla de Crespo, se declaró el 22 de julio el Día Estatal de Rebeldía contra la Minería y pueblos, comunidades y organizaciones del Estado de Oaxaca, así como otras agrupaciones que integran la Campaña Nacional de Defensa de la Madre Tierra y el Territorio, acordaron reforzar, ampliar y hermanar resistencias y luchas con más comunidades y organizaciones del país.

La campaña nacional en Defensa de la Madre Tierra y el Territorio, es resultado de un empeño de la sociedad civil, de quienes cultivan y viven de la tierra, del agua y de los bosques (o sea, que todas/os estamos convocados) y tiene como objetivo central dar visibilidad y articular las luchas que se están realizando en todo el país para detener el despojo de que somos víctimas y la destrucción ambiental.

Encuentro en Defensa del Territorio, los Bienes Comunales y los derechos de los pueblos indígenas
Encuentro en Defensa del Territorio, los Bienes Comunales y los derechos de los pueblos indígenas
(Foto: Especial)

Los últimos encuentros y foros se han convocado en Oaxaca, que es la entidad con el mayor número de grupos indígenas y el corazón del Istmo de Tehuantepec, espacio entre los océanos Atlántico y Pacífico; sitio codiciado por los mercenarios del “progreso”, porque ahí existe una enorme gama de microclimas, nichos ecológicos e incomparables y extensas áreas de flora y fauna. Contando además con la riqueza cultural que han desarrollado, de siglos atrás, pueblos como los olmecas, los zoque-popolucos, nahuas, mixes, zapotecos, huaves (mero ikooc) y chontales, enriqueciendo con sus conocimientos la cultura nacional.

En Oaxaca, participaron en las mesas de trabajo delegados de grupos indígenas de 15 estados y discutieron, opinaron, reflexionaron y acordaron en torno a los megaproyectos que han venido surgiendo como “propuestas de desarrollo” por parte de autoridades federales y estatales en franco apoyo a empresarios de toda laya y que se avalan sin estudios de impacto ambiental y sobre todo sin tomar en cuenta o consultar a los pueblos originarios, como lo contempla el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aprobado en México por el Congreso de la Unión en julio de 1990.

Considerando que hoy el nuevo gobierno federal está haciendo un llamado para coadyuvar en la ardua tarea que significa corregir tantos errores, injusticias, inequidades y corruptelas del pasado reciente, las comunidades indígenas se encuentran haciendo lo propio: esto es, mostrándonos con claridad cómo el permitir la creación de proyectos que generan ganancias millonarias para unos cuantos, repercute de manera negativa en la forma de vida, organización, cultura, salud y economía de quienes durante siglos han habitado la región, además de que agreden y alteran ecosistemas de manera irreversible. El Encuentro de Atzompa, sin duda, resulta una importante contribución de las comunidades indígenas y las organizaciones sociales a las iniciativas gubernamentales verdaderamente comprometidas con el bienestar de la Nación.

Mientras tanto, aquí en Michoacán y con excepción de algunas pocas comunidades indígenas que se han organizado para la defensa de su territorio y recursos naturales, en la región del Lago de Pátzcuaro aún no se dejan escuchar las voces organizadas de grupos y comunidades en defensa de tierras y bosques, así como del mismo cuerpo de agua. Y sinceramente ignoramos si entre las instituciones académicas del Estado exista un auténtico interés para el trabajo que implica proponer estrategias integrales que vayan desde la realización de foros informativos y educativos, mesas de trabajo y capacitación, hasta el logro de que sean las propias comunidades quienes decidan de qué manera se puede detener y revertir el daño causado al entorno.

Hoy como nunca se debe buscar que el trabajo de académicos se vincule a las comunidades y que la aportación de saberes y conocimientos de ambas partes se vincule y sirva para resolver problemas en común. Y sobre todo: resulta necesario incorporar en los planes de estudio, desde primaria, el conocimiento de nuestro entorno, dejando saber el daño causado por el hombre y su mala relación con la naturaleza. Todo niño y niña tienen derecho a saber, para poder contribuir.

En el año 2003, formando parte del Consejo Municipal de Ecología, varios ciudadanos y muchos funcionarios de los cuatro municipios ubicados en los márgenes del Lago, estuvimos dispuestos a contribuir con nuestros mejores esfuerzos, a ser partícipes en las acciones que se desarrollarían en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro, tendientes a frenar el deterioro de esta zona privilegiada en términos de su riqueza natural, su belleza orográfica, su historia y tradición.

Desafortunadamente, no siempre los que se encuentran en puestos de representación gubernamental e institucional, tienen la capacidad de aceptar que cualquier proyecto que no cuente con la participación comprometida de la comunidad, se encamina al fracaso. Y hoy vemos cómo esos errores nos están llevando a verdaderos desastres: la sobreexplotación y contaminación de las aguas subterráneas por la siembra de cultivos no propios de la región; la excesiva deforestación y cambio de uso de suelo; la falta de atención y limpieza de manantiales; el vertedero de drenajes al lago y la inoperatividad de plantas tratadoras de aguas residuales, además de la ausencia de programas de separación y manejo de residuos sólidos, por citar algunos.

El testimonio que entregó un apreciado amigo p’urhépecha hace más de catorce años, habla de respeto, nostalgia y compromiso hacia el que alguna vez se denominó “Espejo de los Dioses”: “Jamás pensé que nuestro lago llegara a este límite. Ha servido de escalón político; lo han utilizado para medrar. Pero la naturaleza es sabia. Lo que nosotros le demos, eso nos va a devolver. El lago hoy nos está cobrando con creces… (hubo un tiempo en que) la gente entendía los ciclos evolutivos de la madre naturaleza. Hoy los hemos roto y estamos acabando con ella. Por la ambición de querer tener, de querer ganar más, de adquirir poder a través del dinero. Por eso la hemos alterado. Y por alterarla, nos está pasando la factura.”

Responsabilidad de todos es contribuir a salvar y sanear todo lo que en la naturaleza ha sido agredido por acción humana. Se necesita un esfuerzo grande, sin duda, pero citando a Benedetti afirmo: “con tu puedo y con mi quiero… vamos juntos, compañero/a”

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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