Rafael Mendoza Castillo
Pensar lo educativo desde la cuarta transformación
Lunes 11 de Marzo de 2019
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Manuel Pérez Rocha : “La palabra es sustancia básica de nuestra cultura, lo son la palabra hablada y la palabra escrita. Octavio Paz lo ha dicho espléndidamente “somos hijos de la palabra, ella es nuestra creación y también es nuestra creadora…”.

Cuando se piensa la problemática de lo educativo, se requiere clarificar los parámetros, es decir, el lugar desde donde iniciamos la lectura sobre el objeto a estudiar. Nadie observa la realidad desde la nada, de la inocencia o de la neutralidad, tratándose de los objetos antropomórficos, porque lo que nombra (concepto, categoría, dimensión, indicador, etc.) a lo nombrado (en este caso lo educativo) se inscribe en lo político, lo ideológico y lo epistemológico, esto es, tiene que ver con una estructura de poder, una relación de conocimiento y una relación de verdad. Si esto es así, significa que el campo educativo está atravesado por la dimensión del poder y el valor (Luis Villoro).

Sabemos que todo poder tiene la intención de imponer una visión, una concepción, un deseo y una voluntad, a otros. De ahí la relevancia de desentrañar, develar los sentidos, los significados, las conceptualizaciones de las propuestas educativas que impuso, con violencia, la derecha y ultraderecha, desde el antiguo régimen, y sus aliados y sostenedores, la oligarquía financiera, comercial e industrial que secuestraron a las instituciones del país. Morena pretende liberarlas.

Octavio Paz lo ha dicho espléndamente «somos hijos de la palabra, ella es nuestra creación y también es nuestra creadora».
Octavio Paz lo ha dicho espléndamente «somos hijos de la palabra, ella es nuestra creación y también es nuestra creadora».
(Foto: Especial)

Es importante saber colocamos frente a lo educativo y cómo lo visualizamos e interpretamos. Si en este momento nos colocamos, desde el parámetro del discurso político y cultural, que se impuso, desde el oficialismo anterior, veremos a lo educativo como un medio que sirve al aparato productivo y político, a fin de incrementar la concentración del capital en pocas familias mexicanas (30). Sin embargo, si nos colocamos en un discurso que implique al pensamiento disruptivo o crítico, situamos a lo educativo como un problema, a la vez como un fundamento social, como un horizonte de verdad, necesario para orientar a los sujetos educadores y a los sujetos educandos hacia la libertad y la transformación del mundo del capital, del mundo del arsenal de mercancías. Ir más allá del capital, es el reto para Morena.

La visión o postura que asumamos ante lo educativo es importante, porque esa actitud se convierte en una postura en dos vías. Puede ser una postura que acepte sin cuestionamiento la teorización impuesta desde el discurso del poder de dominación neoliberal ( sigue vivo el Dinosaurio), desde donde se ve al otro como obediente, sin fuerza, sin poder, sin voluntad y apto para cumplir las órdenes, deseos, designios del amo ( competencias). La otra vía de acceso para comprender nuestro objeto en cuestión implica una postura que lo hace desde el asombro, la insatisfacción, esto es, desde el acto de pensar, de la duda, la interrogación y la pregunta, conforme a la razón, indispensable esta última, para incomodar a la conformidad, misma que ha venido colocando a lo educativo en lo dado, en lo mismo y erradica o esconde lo novedoso, lo emergente, que a diario presenta la realidad.

En lo educativo se anidan parámetros del campo social, político, lo económico y lo cultural. Lo anterior, reclama la intervención de la crítica a fin de establecer, determinar, de limitar y de distinguir, a aquellos que buscan fomentar la alienación de lo humano, vía lo educativo y seleccionar a aquellos que potencien una opción alternativa para instaurar la libertad, la democracia directa y la asociación libre de los seres humanos, más allá de la necesidad impuesta por el capital. La lucha por la educación y la transformación social es política y teórica. Morena lo entiende.

Colocarnos en el lugar de los indicadores para orientar los procesos educativos tiene implicaciones, dado que dejamos de lado el indicatum (lo nombrado), es decir, se recorta lo nombrado, la complejidad de lo educativo, a fin de dar respuesta estadística, cuantitativa, medible, como exigencias para satisfacer las políticas de las corporaciones económicas mundiales, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano, que todavía no se han ido. Pero si uno se coloca por el lado de lo categorial y conceptual, se observa lo educativo como una totalidad (síntesis del conjunto), como un conjunto dinámico, variable no estático ni como hechos consumados, sino contradictorio, como humanización e historicidad, lugar donde se juega la suerte de sujetos desafiantes, erguidos, frente a lo objetivado, lo subjetivo y lo práctico.

Es insuficiente el indicador como parámetro para comprender, interpretar o para investigar la institución de lo educativo, ya que reduce la problemática de la educación a una cifra e ignora lo complejo que encierra el acto de aprender y enseñar. El indicador se queda al nivel del iceberg y teme incursionar en la profundidad de lo que no aparece a los sentidos, nada en la superficie, tiene miedo bucear, se queda en lo observado e ignora lo invisible.

No le importa al indicador el acto de pensar, la duda, la aspiraciones, los ideales, los deseos, las emociones y los sentimientos de los actores, porque su fin es medir y clasificar al otro en aquello que el poder requiere como habilidades y destrezas mínimas (competencias heredadas del prianismo) para continuar explotando y acumulando capital. Desde la estructura del poder se nombra lo educativo, desde hace siglos, a la misma realidad, por lo que se hace necesario el trabajo de lo epistemológico, con la finalidad de descubrir la relación de conocimiento y de verdad que esa forma de nombrar produce e intenta introyectarla en los maestros, los educandos y en los ciudadanos mismos, para acomodarlos en lo constituido y lo hecho, manifestado esto como objetividad, subjetividad y práctica.

Recordemos, que para el discurso del poder de dominación neoliberal, que se niega a retirarse, lo educativo como espacio público se observa como una mercancía, como un valor de cambio, como un negocio. Lo anterior reclama la formación de una persona con mínimas capacidades, las necesarias competencias que requieren los amos empresariales y su aparato productivo. Todo lo anterior, no debe durar en la Cuarta transformación. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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