Viernes 22 de Marzo de 2019
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Hablar de la belleza femenina es un tema más que abordado y visitado, pero me inspiró a escribir de ello la nueva película de Netflix “Pastelito” (Dumpling en inglés), una tragicomedia acerca de una chica que al parecer no cumplía con los estándares de belleza y protestó participando en un certamen a pesar de la opinión de su madre (quien le decía “Pastelito” de cariño por su sobrepeso) y en el camino se encontró a ella misma.

Cuando tenía 21 años uno de mis tantos proyectos ensoñados era trabajar en la organización de conciertos y concursos de canto, al lado de mi buen y querido amigo Roberto Monroy. También era cazadora de autógrafos de artistas (tengo mi colección) y hasta fui extra en una película titulada “Rough Magic” con Bridget Fonda y Rusell Crowe que se filmó aquí en Morelia y en Pátzcuaro.

En una ocasión (1993) Roberto me dijo que organizaría el concurso de “Señorita Michoacán”, y la idea me pareció genial. -¿En qué te ayudo? – le pregunté. Él me contestó que participando. Me dejó en shock su respuesta porque yo no me consideraba ni siquiera cerca de ser una modelo, pero lo vi como una aventura divertida. En el camino cambió la percepción acerca de mí misma.

lo importante es sentirnos bien con nosotras mismas
lo importante es sentirnos bien con nosotras mismas
(Foto: TAVO)

Asistí al casting y vi a todas las chicas modelos de agencia, y empecé a dudar, pero seguí con mi idea. Participé sin decir nada a mis padres (porque seguramente se enojarían) y me escapaba de casa para ir a los ensayos. El problema fue cuando nos acuartelaron una semana en un hotel previo al concurso como parte de la preparación, y ahí tuve que confesárselo a mi madre quien me apoyó. Esa fase fue fantástica para una chica como yo de veinte años: hice nuevas amigas, aprendí en las clases de modelaje y de maquillaje y conocí por dentro cómo es el mundo de las pasarelas. El día de la final mi padre me llamó por teléfono al hotel y me reclamó enojado, aunque al final me apoyó y la mesa que él reservó para su familia, al igual que mi mamá lo hizo con la suya, fueron de las que más gritaron durante el concurso.

Quedé entre las cinco finalistas: nunca supe cómo, pero para mí valió la pena. Sucede que tengo una cicatriz muy visible en un área de mi espalda por una cirugía mayor que tuve de bebé, y el traje de baño no la cubría bien. Mi mamá estaba preocupada mientras me ayudaba a vestirme, pero recuerdo muy bien que Karla Contreras (Señorita Michoacán 1993) llegó al camerino justo en el momento preciso como un ángel: ella sí había ganado concursos y había representado a Michoacán a nivel nacional e internacional. Se acercó a mí cuando se percató de mi problema, y me dijo que no me preocupara, que mi cicatriz era casi invisible. Eso me tranquilizó y decidí hacer la pasarela…

En la adolescencia (como seguramente nos pasa a la mayoría) me sentía como el Patito Feo: veía a todas las chicas bonitas y populares y soñaba con algún día ser como ellas y tener novios guapos. Fue hasta la experiencia del concurso (que en realidad para mí fue una casualidad) cuando aprendí y me reconcilié conmigo misma: me di cuenta que la belleza viene en todas las formas y empaques; que lo más importante es sentirse bien por dentro. Todavía lucho con mis inseguridades, pero sigo trabajando en ello. He subido y bajado de peso, he visto cómo va cambiando mi rostro con el paso de los años, y sé que nunca más luciré de 20 pero estoy cómoda con ello; incluso soy conductora de noticias y salgo a cuadro.
Esta historia del concurso casi nunca la platico: hubo cercanos que hasta me criticaron por haberlo hecho; sin embargo no me arrepiento. Dijeron que eso era pecado, y que yo debería estar en concursos literarios y no de belleza; pero fue mi experiencia personal, la que elegí tener. A la fecha todavía tengo la broma con mi amigo Roberto Monroy de acordarnos del concurso cada que coincidimos y reírnos por nuestras ocurrencias de juventud.

Ahora en el mundo del espectáculo se han abierto más fronteras a la belleza afortunadamente: Alicia Keys recientemente en los Grammys asumió sus raíces afro, y apareció sin maquillaje; hay casas de moda que están haciendo campañas ya con mujeres reales, de todas las complexiones posibles; hay movimientos para empoderar a las niñas y a las jóvenes y combatir la bulimia y la anorexia. Sin embargo muy tristemente seguimos coexistiendo con ese mundo que prioriza la juventud, la perfección, la delgadez y el buen gusto como atributos que debe tener toda mujer; todavía hay hombres que las prefieren jovencitas y delgadas; todavía hay estereotipos para conseguir un buen empleo (¡¡tengo a una amiga aquí en Morelia que fue rechazada en entrevistas de empleo por estar embarazada!!), y hay en el mundo una amplia brecha para aceptar lo que es diferente, diverso y respetarlo e incluirlo. Nada menos la destacada Yalitza Aparicio ha sido objeto de las más cruentas afrentas en redes sociales por sus raíces indígenas.

Pienso que ser mujer es algo mucho más grande y más hermoso y sublime que un rostro o un cuerpo de modelo. Nuestra belleza proviene de un torrente de energía creativa, de amor, de entrega, de lucha, de pasión, de espiritualidad y de conexión con el cosmos. Somos diosas en cada uno de sus arquetipos.

Así que sin importar las opiniones ajenas o las de la pareja, lo importante es asegurarnos cada una de nosotras de sentirnos bien con nosotras mismas. Como diría Dolly Parton, quien es amada y a la vez muy criticada por su peculiar estilo de vestir: “Descubre quién eres y hazlo a propósito”. Por ello, no nos perdamos como mujeres en el camino…


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