Ignacio Hurtado Gómez
Día del democrático taco y la reivindicación de la salsa
Miércoles 3 de Abril de 2019
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A propósito de que el pasado 31 de marzo fue su día. Es cierto, hay temas de trascendencia en fila, por ejemplo el posible cierre de la frontera, la reforma educativa, la 4T, el Brexit en Inglaterra, los conservadores fifís, y muchos más; sin embargo, por qué no hablar del taco, sí, de ese símbolo de nuestra identidad nacional, de esa pequeña pero sustancial parte de nuestra anatomía social, y también de la personal, de ese elemento de nuestro ser nacional como dijera Roger Bartra. Por qué no reencontrarnos, por lo menos hoy, a través de eso tan mexicano.

Y es que el taco, al margen de ser fundamental en el catálogo de nuestra vitamina “T”, quiérase o no, unifica, solidariza, se comparte, festeja la vida misma en un bautizo, alguna boda, un cumpleaños, al final de la semana laboral, o simplemente en cualquier celebración o reunión social o familiar; no sabe de situaciones financieras, devaluaciones o recortes, ni de obras canceladas, se ajusta automáticamente a las coyunturas con un poquito menos de carne; es universal, sin distinciones, igual no deja de ser taco si es de pato, T-Sirloin o de frijolitos, si lo come el rico o el pobre, incluso si va de entradita o como platillo principal.

Es totalmente democrático, sin colores partidistas, no tiene fobias ni filias políticas, no es fifí, pero tampoco es chairo, lo comen los conservadores y también los liberales, igual acompaña alguna velada o marcha reivindicadora, como alguna negociación o mesa de discusión; es diverso, respeta por igual y no se mete en discusiones de género o de sexo, es taco y punto; es libre, porque se puede hacer como sea, cuando sea, por quien sea, y no por ello deja de ser taco; y sobre todo es muy noble, pues se adapta a la necesidad y posibilidad de cada hacedor del taco.

Y es que el taco, al margen de ser fundamental en el catálogo de nuestra vitamina “T”, quiérase o no, unifica, solidariza, se comparte, festeja la vida
Y es que el taco, al margen de ser fundamental en el catálogo de nuestra vitamina “T”, quiérase o no, unifica, solidariza, se comparte, festeja la vida
(Foto: Especial)

Por eso, hablemos del taco, de ese que en nuestra cotidianidad buscamos y encontramos a la vueltita de la esquina, o en la esquina misma, pues su ubicación también es un tema de estrategia; aunque igualmente los encontramos por el río, en la avenida, afuera de la estación del metro, en la central, o en más de algún paradero de combi, autobús o lo que sea, o simplemente en cualquier restaurant de cualquier categoría, sin descontar por supuesto el hogar mismo.

Bien pueden estar en una mesita, en el clásico carrito acondicionado exprofeso para ello, o de plano en un lugar establecido, por aquello de la formalidad y el necesario pago de impuestos.

La hora no es problema, bien puede ser para desayunar antes de salir corriendo a la escuela, o tranquilos para iniciar bien el día; como colación de media mañana para atarantar la lombriz, entre clases para aguantar o de plano como actividad solidaria en las oficinas. Pueden ingerirse a la hora de la comida por supuesto, y son infaltables por las noches, y en las madrugadas de fiesta.

La forma que adquiere es verdaderamente diversa, pues igual se nos presenta como el clásico suave, pero también como taco dorado en rollito o simplemente doblado, aunque también los tenemos sudados en canasta, sin descontar el también famoso taco ahogado. En todo caso, es imprescindible que presente algún doblez, pues de lo contrario corre el riesgo de confundirse con un sope.

Un aspecto en donde el taco también nos ofrece toda su nobleza y diversidad es en la forma para comerlo. En su técnica. Puede ser sentado o parado, con la mano de dos o tres dedos. Los niños pequeños lo toman con toda su manita, incluso en esos casos se sugiere un pequeño doblez en la parte inferior para que no se caiga el contenido. Hay quien lo come con cubiertos y no hay fijón, pues no deja de ser un buen taco. Incluso, hay quienes le otorgan la función de cucharita después de dos dobleces por mitad.

Obviamente no puede existir taco sin tortillas, y aquí también la variedad es digna de reconocimiento. Puede ser hecha de maseca, de nixtamal, de maíz negro, y hasta las amarillas como en la ciudad de México, sin descontar en ciertos casos la tortilla de harina. Puede ser de tortilla a mano, si está recién hecha e infladita muchísimo mejor, pero también hay de maquinita por supuesto, de tamaño normal, de la denominada taquera, o de plano tortilla grande.

El otro elemento imprescindible –y parte de su quintaesencia– es el contenido del taco, y aquí el panorama se vuelve realmente amplísimo, y en donde cobra vigencia aquello de que, “en gustos se rompen géneros”, por mencionar solamente algunos, de bistec, chorizo, al pastor, tripa, suadero, carnitas, chivo, borrego, huitlacoche, de cabeza, chilaquiles, buche, soricua, papa, frijol, deshebrada, nenepil, huevo, nopales, chicharrón, de camarón y pescado, arrachera, y hasta el de sal mientras se espera a que le despachen las tortillas; sin descontar los tacos de guisado en donde la variedad aún se amplía mucho más; y también sin desconocer los combinados con todas sus posibilidades, desde el clásico de bistec con chorizo, pasando por el de chicharrón con nopalitos, hasta el que le gusta a mi Alex con crema, limón y sal.

Y aun así, a pesar de tanta bondad milenaria, y de tanta esencia mexicana, qué sería de un taco sin su salsa. Provechito.

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