Jueves 11 de Abril de 2019
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Hace 100 años, el 10 de abril de 1919, asesinaron a mansalva, en acto por demás traicionero, a Emiliano Zapata.

Quien fue el personaje más limpio, más honrado, más revolucionario, del movimiento insurgente, llamado Revolución Mexicana.

Emiliano, era de extracción indígena, fue educado según los usos y costumbres, hablaba náhuatl, y desde pequeño gustaba de escuchar la sabiduría de los ancianos.

Tenía gran sensibilidad con los animales, en especial con los caballos. Por ello, el hacendado, patrón y señor de los que vivían alrededor de su hacienda, le encomendó el cuidado de sus caballos pura sangre. Esto le permitió no solo hablar español, sino conocer y padecer de cerca, los usos y costumbres de los criollos, españoles y mexicanos acomodados. Vivió de cerca el desprecio a su gente, vio y padeció de la desigualdad y la injusticia.

Emiliano, siempre estaba al tanto de lo que sucedía en su aldea, era servicial y acomedido, como lo marcaba la estricta educación en los pueblos originarios. Su inteligencia sobrepasaba a la incipiente educación escolar que recibió.

Esto no pasó desapercibido por el Consejo de ancianos, quienes tomaron a Emiliano bajo su tutela, el niño y después joven, acudía no solo a las asambleas, sino a las reuniones del Consejo de ancianos, de quienes aprendió la historia de nuestro pueblo, y del despojo de que fueron objeto por parte de los españoles, no solo de la tierra, sino de su libertad.

En esa época, los indígenas eran prácticamente esclavos del hacendado y/o cacique.

Les habían despojado sus tierras, las cuales trabajaban, pero para beneficio total del hacendado. Por el trabajo que realizaban de sol a sol, recibían unas cuantas monedas, las cuales tenían que utilizar en la tienda propiedad del hacendado, y obviamente siempre quedaban debiéndole, pues lo que les pagaba no les alcanzaba ni siquiera para lo mínimo. Así que siempre estaban endeudados con el patrón, y si querían dejar la hacienda, e ir a trabajar a otro lado, “la deuda” se los impedía.

Incluso si trataban de irse a otro lugar, les cazaban como animales y los mataban, Los hacendados estaban comunicados y entre ellos se apoyaban para explotar a los indígenas al máximo.

Ocurrieron varios hechos que terminaron por orillar al consejo de ancianos a decir un hasta aquí. Decidieron darle el bastón de mando a Emiliano, por su gran deseo de servicio y amor a la comunidad, así como por su gran inteligencia y conocimiento.

Emiliano siempre estaba al tanto de lo que sucedía en su aldea, era servicial y acomedido como lo marcaba la estricta educación en los pueblos originarios
Emiliano siempre estaba al tanto de lo que sucedía en su aldea, era servicial y acomedido como lo marcaba la estricta educación en los pueblos originarios
(Foto: Especial)

Ya con el bastón de mando, el Consejo le hizo entrega de los documentos guardados desde la Colonia, donde se les reconocía como propietarios originarios de todas esas tierras.

Emiliano acudió a las instancias correspondientes, y no recibió más que malos tratos y caras de desprecio. Obviamente “las instancias correspondientes”, hacían más bien todo para que las tierras quedaran en manos de los hacendados.

En 1909, una nueva ley de bienes raíces amenazaba con empeorar la situación. En septiembre de ese año, los alrededor de cuatrocientos habitantes de la aldea de San Miguel de Anenecuilco, fueron convocados a una reunión para hacer frente a tanta injusticia. Ahí se decidió poner a Emiliano al frente de la lucha.
Así fue, como tras intentar hacer todo de manera legal, las comunidades toman la decisión de tomar las armas y reclamar lo suyo.

La historia oficial nos enseñó, que “tierra y libertad” era el lema de Zapata, sin embargo, el investigador Eduarda Nava, ha comentado que Zapata nunca escribió Tierra y Libertad al calce de ninguna proclama o documento.

Al parecer el lema era; “Reforma, libertad, justicia y ley”. Seguramente así fue, ya que querían reformar el status quo, ansiaban la libertad, reclamaban justicia y que se aplicara la ley.

Querían que se restableciera el modo de propiedad y de producción comunal. En realidad, la Revolución mexicana, quería revolucionar, cambiar, trastocar, el sistema de propiedad y de producción feudal, instaurados por los españoles.
Reclamaban total igualdad, libertad de expresión, educación, servicios de salud, y obviamente respeto a sus derechos como mexicanos.

Zapata organizó todo el sur. Su ideario revolucionario era claro y de los más avanzados del mundo. Incluso antecedió a la revolución Bolchevique que encabezó Vladimir I. Lenin, en 1917.

Zapata tenia total claridad de la importancia que tenía la lucha revolucionaria, veía más allá de lo local, era un internacionalista. Incluso escribió una carta sobre la revolución rusa: “Mucho ganaríamos, mucho ganaría la humanidad y la justicia, si los pueblos de América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México Revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos.”
Realmente Zapata interiorizó las enseñanzas ancestrales, de sabiduría, humildad y sentido de justicia social.

Cuando llegaron Villa y Zapata a la Ciudad de México, Emiliano se negó a sentarse en la silla presidencial “esta maldita, quien ahí se sienta, pierde el piso y la cabeza.” Dijo el gran guerrillero.

Villa y Zapata, ayudan a Madero a que gane las elecciones y tome el poder. Estaban seguros de que cumpliría sus promesas.

Sin embargo, no fue así. Una vez más los indígenas habían dado su vida por el bien de México, sin que sus anhelos fuesen cumplidos.

Emiliano siguió luchando, su visión era como ya comentamos; una radical transformación social y económica. Obviamente el poder no lo permitiría.
Emiliano Zapata se mantuvo fiel a sus ideales de justicia y dio absoluta prioridad a las realizaciones efectivas. Fue esa misma firmeza y constancia en la lucha por los derechos e ideales de los pueblos originarios, que el poder decidió eliminarlo. Primero intentaron aislarlo, ir acabando con el ánimo de las comunidades.

Las comunidades no se dieron por vencidas, y Zapata tampoco. Continuaron luchando, ya no solo con las armas, sino tomando las tierras que les correspondían por derecho, trabajándolas de manera comunal.

Realizaron importantes y fecundas reformas en los hechos, lo cual llego a ser mil veces más peligroso que las armas. El ejemplo podía seguirse, la toma de tierras, las comunidades siendo autogestsivas y autónomas, eran un enorme peligro para el poder.

La traición y el asesinato de Emiliano, fue fraguado desde la presidencia, tras su muerte, las comunidades fueron prácticamente arrasadas, y perseguidos quienes le habían acompañado en la lucha.

La historia oficial, nos lo plantea de otra manera, pero la realidad es que el poder económico y político e incluso el poder religioso no podían permitir el cambio anhelado por los pueblos originarios.

Emiliano demostró en los hechos que el modo de propiedad y producción comunal era posible, y además era exitosa. Los pueblos estaban organizados, la tierra se trabajaba para el beneficio de todos, construyó escuelas y hospitales, se tornaron autosuficientes y autogestivos.

No obstante, el triunfo revolucionario, buena parte de la maquinaria del régimen seguía en manos de antiguos porfiristas, que ocupaban altos cargos, y en el teóricamente vencido ejército.

Cuando en julio de 1911, gran parte de los zapatistas habían entregado las armas, se endureció el acoso del ejército sobre las comunidades y sobre el propio Zapata, a quien intentaban detener. La consigna del poder era acabar con él, con su gente, con su obra, con sus ideas. las tropas gubernamentales echaron por tierra la obra de Zapata, pero en vez de vencer a los zapatistas, lo que sucedió fue que los indígenas retomaron las armas y recuperaron posiciones.
Ante la imposibilidad de acabar con el movimiento, y la amenaza que Zapata representaba para el gobierno federal, ya que los radicales de otros estados podían seguir su ejemplo, Carranza urdió un plan para asesinar a Zapata. Lo engañarían ofreciéndole cumplir lo prometido y acabar con la violencia. El coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones contra él, lo engaño invitándolo a un encuentro para dialogar en la hacienda de Chinameca. En el momento en que Zapata, acompañado de diez de sus hombres, entró en la hacienda, los soldados que fingían presentarles armas lo acribillaron a quemarropa.

Lo mataron pensando que así se acabarían las ideas y los anhelos. Se equivocaron, como se equivocan los que aún intentan mediante la violencia matar las ideas, los anhelos y los sueños.

El mejor homenaje a Zapata, es trabajar día a día por hacer realidad su ideario y anhelos, que no son solo suyos, sino de millones; un México autosuficiente, soberano, sin desigualdad, ni discriminación alguna, un país donde se respeten los derechos de todos por igual, un país, donde la justicia impere.
Zapata vive, la lucha sigue.

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