Alma Gloria Chávez
Recordando al general Zapata
Jueves 11 de Abril de 2019
A- A A+

En el mes de marzo del año 1982, el poeta michoacano Ramón Martínez Ocaranza dio a conocer un Corrido, mismo que dedicó “A Eva y Efrén Capiz. A la Unión de Comuneros Emiliano Zapata”. He querido tomar de él algunas estrofas, por conmemorarse este año el centenario de la traición y muerte de Zapata; como reconocimiento a los personajes mencionados y como testimonio de gratitud a todas esas personas que en distintos pueblos y latitudes resisten y luchan contra la depredación causada por intereses mezquinos que sólo traen despojo, violencia y miseria a quienes viven del campo y sus recursos.

El tiempo también dio la razón a Emiliano
El tiempo también dio la razón a Emiliano
(Foto: Especial)

“Año de mil ochocientos/ ochenta y tres: -fecha grata-/ nació en Anenecuilco/ don Emiliano Zapata. Toda la gente decía/ al ver al niño pequeño:/ éste va a ser un gran hombre/ que va a luchar por los nuestros. Su abuelo estuvo en el sitio/ de Cuautla, junto a Morelos/ ¡Qué gran linaje traía/ para salvar a su pueblo! Jinete muy decidido:/ trabajador y sincero;/ humilde con los humildes,/ y bravo con los soberbios. Llevaba dentro del alma/ jaguares como los vientos,/ para cuidar los poblados/ herencia de sus abuelos.”

Don Antonio Díaz Soto y Gama fue un ingeniero civil que durante la Revolución del Sur participó como asesor en las comisiones agrarias encargadas de dar cumplimiento a las promesas hechas a los pueblos y comunidades indígenas de ser dotadas de tierras.

Él conoció muy de cerca al general Emiliano Zapata Salazar y supo desentrañar la personalidad de El Caudillo del Sur en sus escritos. Por don Antonio sabemos que a Zapata sus subordinados le llamaban “el hombre”, seguramente porque su figura y su porte, entre centenares de personas en medio de las que se encontrara, sobresalía y destacaba con un magnetismo personal e irresistible, de ese que sólo poseen quienes nacieron para el mando. Y le describe como idealista, desinteresado e incorruptible, además de intuitivo, reservado y discreto. Buen jinete, arriero y domador, Zapata era además hombre de silencios y profunda mirada.

Los campesinos de su natal Anenecuilco, Morelos, un pequeño poblado de casitas de adobe y palma, repartidas en una colina, lo hicieron su jefe y le entregaron en custodia los papeles del tiempo de los virreyes para que cuidara y defendiera lo que ellos amparaban: tierras, aguas y recursos. Esos papeles daban testimonio del arraigo de la comunidad indígena que durante tantos años y hasta entonces (1911) luchaba por defender sus tierras de la voracidad de caciques y terratenientes que trataban a los pobladores nativos como intrusos y esclavos.

Anenecuilco, como todas las comunidades de la región de Morelos, se encontraba sometida a los intereses de quienes sembraban sólo caña de azúcar, impidiendo al campesinado pobre el cultivo de su planta sagrada y milenaria: el maíz. Caudillo de los lugareños avasallados, Zapata entierra los títulos virreinales bajo el piso de la iglesia de su pueblo y se lanza a la pelea.

“A Zapata lo siguieron/ en su lucha sin igual,/ campesinos de Guerrero,/ también los de Michoacán. Ante el empuje de aquellos/ guerrilleros implacables,/ cómo temblaban de miedo/ los buitres y los chacales./¡Viva Emiliano Zapata!/ gritaban los campesinos,/ con las armas en la mano/ y el corazón encendido.”

En agosto de 1911, durante la entrevista que el general Zapata sostuvo con el jefe de la Revolución, don Francisco I. Madero, y en respuesta al ofrecimiento que el gobierno daba a los revolucionarios del sur (licenciamiento de sus tropas y 50 mil pesos), don Emiliano contestó: “No, señor Madero, yo no me levanté en armas para conquistar haciendas; yo me levanté en armas para que se les restituya a los pueblos lo que es suyo… y sepa. Señor Madero, que a mi y al estado de Morelos nos cumple usted lo que nos ha ofrecido, o a usted y a mí nos lleva la…” Con esta respuesta, a Carranza le quedó claro que Zapata resultaba incorruptible.

El tiempo también dio la razón a Emiliano, al alertar de la traición que se preparaba hacia Madero. En 1913, cuando como presidente don Francisco I. Madero aplica un impuesto a las jamás tocadas empresas petroleras, éstas confabulan con el general Huerta y el destino de Madero queda marcado: en un salón de la Embajada Norteamericana se resuelve aplicarle la ley de fuga. Lo suben en un auto, lo pasean por varios lugares públicos, le ordenan bajar y lo acribillan en la calle.

“Y luego pasó lo mismo/ cuando triunfó la pelea:/ los campesinos de nuevo/ se quedaron sin sus tierras. Pero también, como entonces,/ continuó la balacera:/ Zapata no dejó nunca/ de enarbolar su bandera. Y Carranza en el poder,/ le hizo lo que Madero:/ en lugar de tierra, envió/ a Zapata mucho ejército. …Zapata los recibió/ en tierras de Cuernavaca,/ y puso por condición/ respetar el Plan de Ayala. Pero Carranza quería/ -al fin también porfirista/ que Zapata depusiera/ su movimiento agrarista.

En el año 1915, en un antiguo molino del pueblo de Tlaltizapán, Emiliano Zapata instala su cuartel general. Atrincherado en su región, lejos de los señores patilludos y las damas emplumadas, lejos de la gran ciudad vistosa y tramposa, el caudillo de Morelos liquida los latifundios, nacionaliza los ingenios azucareros y las destilerías y devuelve a las comunidades las tierras robada a lo largo de los siglos. Renacen los pueblos libres, conciencia y memoria de las tradiciones indias y con ellos renace la democracia local, la verdadera autonomía.
En los pueblos de Morelos no deciden los burócratas ni los generales: decide la comunidad discutiendo en asamblea, dialogando, conciliando… Queda prohibido vender tierra o alquilarla; queda prohibida la codicia y los jóvenes técnicos educados en universidades, llegan a Morelos con sus trípodes y otros instrumentos para ayudar a la Reforma Agraria. Ese fue el tremendo agravio que el General Zapata cometió contra la clase adinerada del país.

Y a traición tuvo que morir: en Chinameca, Morelos, un 10 de abril de 1919 cayó en una emboscada. No había otra forma para quitar de en medio al hombre de probidad que en su misma muerte enseñó que “la vida no es sólo miedo de sufrir y espera de morir”.

“Malditos los que mataron/ al gran caudillo del pueblo./ Quién sabe si un día renazca,/ o si nunca estuvo muerto. ¡Ven, camarada Zapata,/ galopa sobre el ‘relámpago’,/ para que veas lo que pasa/ con tu pueblo mexicano! …Galopa, ‘relampaguito’, camino de Chinameca,/ a ver si otra vez te monta/ el héroe de la leyenda. Y aquí se acaba el corrido/ de mi general Zapata./ Adiós, señores. Lo firma,/ un tal Ramón Ocaranza.”

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

66 años del voto femenino en México

Recordada doña Caro

Maiz, grano sagrado

Emergencia Climática

Daños colaterales

Día de la Mujer Indígena

Adultos mayores

Radiaciones ionizantes sin control

Recordando al Gran Cronopio

Sembrador de ideales

Fiestas en la región purépecha

Madurez emocional

Gobernar en la inclusión

Árbol, bosque, vida

La fiesta de los oficios

El trabajo infantil

Medio ambiente: medidas emergentes

En el Día de Acción por la Salud de la Mujer

Para recordar a don Enrique Soto

Diversidad Cultural

Maternidad: fecha para reflexionar

En deuda con muestra niñez

El planeta que compartimos

Día panamericano del indio

Recordando al general Zapata

En torno a un manantial

Empleadas del hogar

Ofrendando a Itsï (Agua).

La visión educativa de Vasco de Quiroga.

Cristos negros en América

Carnaval y tauromaquia

Responsabilidad de todos

Dos conmemoraciones purépecha

La Biblioteca del Libro Ilustrado

Crónica y cronistas

Pueblos indígenas y medio ambiente

A todas luces conocido

Cuando del dolor se habla

Nueva cuenta en el tercer planeta del Sol

En aumento la Alerta de Género

LXX Aniversario de la Declaración de Derechos Humanos

Fiesta religiosa en Pátzcuaro

Mahatma Gandhi y la no violencia

Por una vida sin violencia

16 de noviembre. Día de la tolerancia

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer