Leopoldo Chassin Ramírez
La palabra andante
El desvarío
Lunes 29 de Abril de 2019
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El desvarío nos permite salir de los esquemas en que la cotidianidad nos ha metido
El desvarío nos permite salir de los esquemas en que la cotidianidad nos ha metido
(Foto: Especial)

La locura, el desvarío son estados condenados por la sociedad bien portada, e hipócrita diría otro, son estados que convienen a los que tienen ordenado al mundo a su antojo y conveniencia, con ello logran una “armonía” que les permite seguir gobernándonos. La locura, el desvarío nos permiten un grado de libertad alejado de los caminos a que nos tiene sujetas las normas morales de los bien portados; aquí, la ética debe acompañar al individuo en sus andanzas.

Erasmo de Róterdam en su Elogio de la Locura nos da una lección hermosa de esos desvaríos en sus múltiples diálogos. Sale de los esquemas de la sociedad para enseñanos las aventuras y el grado de libertad que es posible lograr si uno se sumerge en ellos. Con el desvarío y la locura, es posible lograr la felicidad tan ausente en la sociedad de consumo.

El desvarío nos permite salir de los esquemas en que la cotidianidad nos ha metido, podemos desviarnos de la ruta que recorremos sin preguntarnos: Del por qué hacemos tales o cuáles cosas. Qué pretendemos con ello. Cuál es el camino que pretendemos recorrer. A quién dañamos y aplastamos con nuestro proceder. Raramente nos preocupamos en cuestionarnos de los efectos de nuestras acciones y del camino que seguimos. Esporádicamente consideramos al medio ambiente como un sujeto que sufre y que a cada instante nos grita con una voz ahogada, apenas audible para quienes pretendemos salir de la cordura impuesta.

El trabajar como máquina infernal para adquirir costosa baratijas se ha vuelto el paradigma, las sociedades con misticismo han sido absorbidas por el efecto multiplicador de las cosas, el “sueño americano” de la abundancia material sigue siendo el que gobierna los anhelos de las mayorías cegadas por el mercado.

El “ser” ha quedado relegado por el tener, ha sido enterrado por la montaña de costosa e inútiles baratijas. Lo “inútil” como las artes, no tienen cabida en nuestros tiempos de vida, el “perder el tiempo” es condenado por los “hombres grises” de Momo de Michel Ende. Así camina el mundo. Los paradigmas inculcados en los centros del ¿saber? Sean universidades, tecnológicos o investigación, propician la explotación despiadada de la naturaleza y del individuo. Productividad, competitividad, crecimiento son inculcados por los que dicen o les han dicho que saben.

Los que gobiernan al mundo y sus gerentes que desde sus Casas, sea La Blanca, Rosada,.. Los Pinos, administran en cada una de las casas de gobierno de la diversas capitales del mundo, siguen engañándonos con sus falsas promesas. ¿Alguno de los presidentes en el mundo que no siga ese patrón? Si lo hay será la excepción a la regla.

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?



Conforme pasan los días, en plática en diferentes latitudes, con parientes, amigos, viandantes diversos,desconocidos, de diferentes profesiones, sean prestadores de servicios como maestros, obreros, campesinos, indígenas, profesores, taxistas, subempleados, desempleados, etc. nos pueden ayudar a que nuestras filias y fobias se vean desmitificadas y modificadas; eso sólo será posible si en realidad queremos escuchar otros mundos. El escuchar es un sentido cada vez más ausente en la humanidad; una habilidad que ha sido omitida dentro de nuestro enseñanza formal e informal y en nuestras casas.

Generalmente el ambiente tan cerrado en el que nos desenvolvemos en nuestras vidas, acorta nuestra percepción de lo que acontece en otros ámbitos y clase social. Sólo somos capaces de escuchar y ver lo que queremos y lo que nuestros sueños nos lo permiten.

Como casi todo universitario, nuestra visión y escucha se encuentra suscrita a las personas que no somos pobres, es decir la mayoría de los estudiantes, profesores y trabajadores no padecemos actualmente algún factor de pobreza, es decir no carecemos de educación, servicio médico, un techo en donde vivir, contamos con agua, energía eléctrica y drenaje. Estamos dentro del cincuenta por ciento de la población no pobre, y por lo tanto, por cada uno de nosotros, existe un mexicano que carece de alguno de los servicios que mencionamos arriba. La mayoría no hemos sufrido durante un largo periodo de las carencias a que nos referimos. Es decir nuestros sueños se circunscriben a nuestra realidad, una realidad sectorizada, que en nada se parece a la de la gente que padece algún grado de pobreza. Los pobres extremos son casi tres de cada diez mexicanos.

Las vivencias



Les presumo que como no pobre, rico diría yo, durante la semana que acaba de concluir, pudimos la copiloto y yo recorrer la capital de San Luis Potosí, Ciudad Valles y su huasteca, así como la Sierra Gorda de Querétaro y la majestuosa Peña de Bernal. Casi mil quinientos kilómetros. Cuando la mirada, el oído, el paladar, el olfato se aguzan y se orientan en tratar de entender los sentidos de los otros, de los que han sido despojados de lo elemental, de los pobres, nos permiten imaginar y corroborar lo imaginado, al escuchar las condiciones de su vida y su sentires.

Muchos de los que tuvimos oportunidad de abordar, casi todos cuentan con un empleo temporal, en algunos casos únicamente por las dos semanas de vacaciones en los centros educativos del país y por lo tanto sin prestaciones de ninguna índole, las jornadas de trabajo excedían las ocho horas, y si esperanza de continuar laborando.

Los taxistas, como casi todos los del país, no son propietarios de las unidades que conducen y trabajan casi todo el día para poder completar la “cuenta”. Los propietarios de los pequeñas fondas hacen sus guardadito paras la épocas sin turismo. Sobreviven con su trabajo de jornada superior a las doce horas.

Campesinos, recamareras, cocineros, etc que el caminar durante una hora es cotidianidad, para la mayoría de nosotros se nos hace una hazaña. Cuando uno observa la forma de caminar, tomar un sendero, trepar una cúspide, podemos corroborar las limitaciones propias de los no pobres.

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?

Sobre el autor
Leopoldo Chassin Ramírez Profesor de medio tiempo de la UMSNH Colaborador de Cambio de Michoacán desde 1997 Inconforme social Simpatizante zapatista desde 1994 Utópico empedernido Amante de la tradición
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