Jueves 2 de Mayo de 2019
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Llegó mayo, mes de innumerables fechas a conmemorar y reflexionar. Estamos ya en el quinto mes del año, es impresionante como el tiempo, la vida, se nos va como como un suspiro.

Hay fechas sin duda que se deben rememorar, para que la memoria de la humanidad recuerde sus errores y proezas. El pasado martes treinta de abril, se conmemoró el Día del Niño. ¿Saben ustedes porque se creó esta conmemoración?

Se remonta a la Primera Guerra Mundial, en la cual cientos de miles de niños fueron brutalmente torturados, asediados, separados de sus padres, y asesinados.

Matar niños y jóvenes es matar el futuro. Actos de violencia hacia ellos, muestran el salvajismo de la especie humana.

Las tecnologías empleadas en la guerra, tanto en la primera como en la segunda, y en la actualidad han ocasionado terrible dolor.

Tras la Primera Guerra Mundial se empezó a crear preocupación y conciencia sobre la necesidad de brindar protección especial a los niños. Una de las primeras activistas sobre este tema fue Eglantyne Jebb, fundadora de la organización Save the Children, la cual con ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja impulsó la creación de la primera Declaración de los Derechos de los Niños. La cual fue sometida para su aprobación ante la Liga de las Naciones, la cual la adoptaría y ratificaría en la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños, el 26 de septiembre de 1924.

Los niños padecen los errores de los mayores, son muchas veces las victimas inocentes de guerras entre países.
Los niños padecen los errores de los mayores, son muchas veces las victimas inocentes de guerras entre países.
(Foto: Especial)

Los niños padecen los errores de los mayores, son muchas veces victimas inocentes de guerras entre países, por ejemplo, los niños palestinos nacen y se forman entre violencia, muerte, usurpación y persecución, viéndose forzados a desde muy pequeños defenderse y defender su patria.

Los niños víctimas del crimen organizado, que laboran de sol a sol, sin prácticamente paga alguna, son llevados al consumo de las drogas, convirtiéndolos en seres sin voluntad o conciencia.

Los pequeños, que son y/o han sido violados, robados, secuestrados, amedrentados, los que viven en la calle, ¿que pensaran de este mundo?

Hay miles de niños que trabajan, en el campo y en las ciudades. Sobre todo, históricamente han sido utilizados en muchas regiones del mundo, para la extracción de minerales en las minas, por su tamaño y flexibilidad. Sin equipo de seguridad, sin importar sus pulmones, sin importar su vida.

Estos niños no celebran ni el día del niño, ni el del trabajo, el cual cae justo al día siguiente el primero de mayo.

Difícil es celebrar dadas las condiciones actuales.

La clase obrera surge con la revolución industrial. Es en ese momento en que el mundo cambia. La pobreza en el campo y en las ciudades da origen al proletariado; al ejercito de trabajadores que mediante su trabajo generan la plusvalía, esto es; la porción de trabajo sin paga, mediante la cual el patrón llena sus bolsillos.

Así surge, se alimenta y empodera el capitalismo, ahora llamado neoliberalismo, pero que finalmente son la misma gata revolcada; la explotación del hombre por el hombre.
La pobreza, el hambre, el frío, la falta de techo, carecer de dinero para lo más elemental, es canijo. Miles acudieron a trabajar a las fábricas, que prometían desarrollo y bienestar para las familias y la humanidad toda.

Las jornadas laborales eran de doce horas o más, los salarios miserables. Los patrones se podían dar el lujo incluso de que se les murieran cientos, siempre había cientos más, que anhelaban el trabajo del otro.

Los hechos que dieron lugar a esta celebración del primero de mayo están contextualizados en los albores de la Revolución Industrial en los Estados Unidos. A fines del Siglo XIX Chicago era la segunda ciudad más grande de la Unión Americana. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergaban a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes llegados de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La sobre explotación no tenía límites. Ante esta situación la clase obrera se fue organizando, no obstante, la represión y persecución de que eran objeto los que se atrevían a reclamar.

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de ocho horas. Uno de los objetivos prioritarios era hacer valer la máxima de: «ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso». En este contexto se produjeron varios movimientos.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), inicialmente socialista (aunque algunas fuentes señalan su origen anarquista).

El 1 de mayo de 1886, 200 mil trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200 mil obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad de sus salarios para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de esquiroles.

El 2 de mayo hubo una terrible represión. El periodista Adolf Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, corrió a su periódico para que se publicase una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25 000 octavillas. La proclama decía:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

Los sucesos de Chicago costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes europeos: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.
A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: “Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical “.

La lucha por los derechos laborales y humanos, esta plagada de injusticias a quienes han osado levantar su voz.

Sin importar edad o género, color, ideología o religión, todos los que han dado su vida por un futuro diferente donde impere la justicia, merecen sin duda nuestro respeto y agradecimiento. Merecen como homenaje, el que continuemos pugnando por un mundo diferente donde sea erradicada la explotación del hombre por el hombre.

Viene ya el día ocho de mayo, 266 aniversario del natalicio del gran defensor de la libertad y la igualdad Miguel Hidalgo y Costilla.

Hay más fechas a conmemorar en este mes, sin embargo, estas tres son de suma importancia por el trasfondo que implican.

Hagamos no un minuto de silencio, sino muchas horas de lucha por conseguir la igualdad, la libertad, la paz anhelada por los hombres y mujeres del mundo de buena voluntad.

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