Xuchitl Vázquez Pallares
Lo que parece utopía puede hacerse realidad…
Jueves 9 de Mayo de 2019
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Miguel Hidalgo nació hace 266 años, el 8 de mayo de 1753, en lo que hoy es Guanajuato y antes pertenecía a Michoacán. Dejemos regionalismos a un lado, lo que importa es que Miguel Hidalgo, hombre de conocimiento e ideología firme, tuvo el valor para hacer a un lado comodidades y conveniencias y darse a organizar y llevar a cabo la lucha por la independencia de la entonces Nueva España. Algo que muchos creían era una utopía y él luchó valientemente por logarlo.

Hidalgo anhelaba que cesara la impunidad y la ignorancia y que tanto la igualdad como la justicia imperaran en estas tierras. Él y José María Morelos, tenían ciertamente un proyecto de nación, donde el conocimiento, la libertad de pensamiento, ideología y religión fuese un hecho. Donde todos tuvieran acceso a la educación, sin distinción alguna.

Hidalgo fue siempre un libre pensador. Se oponía a la restricción de conocimiento, de producción y mercado. La Corona española controlaba todo, absolutamente todo, gracias a ello permanecía en el poder y sus riquezas eran enormes.

Miguel Hidalgo tuvo valor para haceer a un lado comodidades y conveniencias y darse a organizar y llevar a cabo la lucha por la independencia de la entonces Nueva España.
Miguel Hidalgo tuvo valor para haceer a un lado comodidades y conveniencias y darse a organizar y llevar a cabo la lucha por la independencia de la entonces Nueva España.
(Foto: Especial)

Su nombre completo era; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, mejor conocido como “El Zorro” por su gran astucia e inteligencia.

Su formación académica la recibió en el Colegio de San Nicolás Obispo el cual fue fundado en 1547, por Antonio de Mendoza y Pacheco, primer virrey de Nueva España, quien entregó la universidad y el edificio donde se alojaba a los miembros de la Compañía de Jesús. Ahí impartían latín, derecho y estudios sacerdotales.

Miguel Hidalgo y su hermano José Joaquín llegaron en 1765 a Valladolid, (hoy Morelia) para estudiar en el Colegio de San Nicolás y ahí permanecieron hasta 1767.

Seguramente esto se debió a que el 25 de junio de 1767, los jesuitas fueron expulsados de los territorios del Imperio español por órdenes del rey de España Carlos III. Permaneciendo cerrado el Colegio por unos meses.

En San Nicolás, Hidalgo estudió letras latinas, leyó a los clásicos como Cicerón y Ovidio, y a otros como San Jerónimo y Virgilio. A los diecisiete años ya era maestro en filosofía y teología. Aprendió el idioma francés lo cual le permitió leer a los clásicos de la literatura francesa y de ahí vino su afición por el teatro de denuncia, así como leer sobre lo que acontecía en Europa, no obstante, la restricción de España para que no se supiese que sucedía en el viejo continente.

Hidalgo aprovecho el conocimiento adquirido durante su infancia, de la lengua Otomí, Náhuatl y Purhépecha, para enseñar a los indígenas no solo a leer y escribir, sino para transmitirles conocimientos prohibidos por el imperio, como sembrar uvas y fabricar vino, así como cosechar el gusano de seda para la manufactura de telas. Ambos productos solo podían conseguirse comprándolos a España.

Siendo párroco en Dolores, organizaba obras de teatro, las cuales le permitían ir creando conciencia tanto en españoles, como en criollos e indígenas.

Miguel Hidalgo, estaba convencido de su fe, sin embargó estaba contra el latrocinio y confabulación de la iglesia con el poder, para mantener la desigualdad, la injusticia y la ignorancia en estas tierras.

Tanto él como Morelos, fueron excomulgados por cuestionar al poder, pero sobre todo por luchar porque en estas tierras hubiese justicia a todos los niveles.

Ambos lucharon sobre todo por el reconocimiento de los pueblos originarios, que habían sido esclavizados y sobre explotados por los españoles.

El descontento era grande en la Nueva España, no solo de parte de los indígenas, sino de los criollos, los cuales eran considerados ciudadanos “de segunda”, por el solo hecho de haber nacido en esta tierra.

Así eran las cosas. Los criollos hijos de españoles nacidos aquí tenían riqueza y estudios, pero no igualdad. Los indígenas por su parte, verdaderos dueños de todo este territorio eran vistos como bestias de carga, habitantes “de quinta”, invisibles a la ley cuasi inexistentes, pero sobre los cuáles habían hecho su enorme riqueza tanto España, como los soldados que se hicieron de grandes fortunas y también los españoles que, viendo las enormes riquezas aquí existentes, se vinieron a apropiar de lo que no era suyo.

Hidalgo por su inteligencia, observaba todo esto y le causaba gran indignación. Como buen estratega vio la oportunidad de realizar los cambios anhelados, cuando España estaba siendo invadida por el ejército francés.

El descontento hacia el mal gobierno aumentaba cada día. No obstante, la vigilancia y represión hacia las ideas libertarias, el anhelo de trastocar el status quo se reafirmaba sobre todo en mentes brillantes.

Miguel Hidalgo y Costilla, tenía amistad con muchas personas, no solo influyentes sino de todos los estratos. Por su lucidez y honradez era escuchado.

La idea de insurrección era sembrada y pronto germinó.

Todos recordamos la noche en que fue descubierta la conspiración en Querétaro. Estaban reunidos algunos de los principales conspiradores en la casa del Corregidor Miguel Domínguez. De inmediato Josefa Ortiz de Domínguez, envió avisar a Hidalgo que todo había sido descubierto, de no actuar con suma rapidez, la utopía de un país diferente no podría realizarse.

Al saber lo que estaba pasando, Hidalgo decidió llamar a la insurrección. A él y miles más, les debemos que este país no se llame más Nueva España.
La utopía de libertad, igualdad y no más explotación ha existido y existe aún en muchas mentes y corazones alrededor de todo el orbe.

No porque no se haya alcanzado la meta plenamente significa que estamos derrotados. El avance muchas veces ha sido y es imperceptible, pero existe.

Todo esto pensaba mientras recordaba a Tata Vasco, quien creía firmemente en la utopía de la igualdad. Quien al igual que Hidalgo estaba contra la desigualdad, la discriminación y la explotación hacia los indígenas, verdaderos dueños de estas tierras.

El martes pasado, estando por terminar el presente escrito, me fui a Pátzcuaro para estar presente en la entrega del Doctorado Honoris Causa, otorgado por la Universidad Indígena a Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano.

La ceremonia se llevo a cabo en el exconvento jesuita. Tuve la suerte de antes de la ceremonia hacer un recorrido por las instalaciones, donde hoy se encuentran talleres y una biblioteca.

En ese lugar estuvo Tata Vasco, imaginando un mundo diferente al que estaban creando los españoles, mediante la usurpación, el latrocinio y la muerte.

Él al ver cómo vivían, como estaban organizados los indígenas, reafirmó su creencia en la utopía de un mundo sin explotación del hombre por el hombre.

Los gruesos muros del exconvento son mudos testigos de lo que ha pasado.
Miles han luchado por los sueños libertarios. Cuando esas piedras eran aún parte de Yacatas, fueron testigos de la lucha contra los invasores españoles, después, formando ya parte de un edificio colonial vieron e incluso acogieron a quienes luchaban contra el imperio junto a Hidalgo y Morelos.
La fuerza de las ideas es sin duda invencible.

Al final de su discurso, Cuauhtémoc Cárdenas hizo recuento de lo mucho que hay aún por lograr, y que quizás suene a utopía el creer que algún día se hagan realidad los sueños luminosos de la humanidad.

Comparto la convicción, de que los sueños luminosos de la humanidad habrán de hacerse realidad. Todos con nuestro actuar diario enfocado en lograrlo, los haremos realidad.

Ayer 8 de mayo, estuve en San Nicolás rindiendo homenaje y agradeciendo a Miguel Hidalgo, por su lucha por lograr la utopía de muchos.

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