Sábado 11 de Mayo de 2019
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Los adolescentes de hoy, o los chicos que se encuentran ubicados entre los cero y los 18 años de edad son considerados como Centennials o Generación Z, y se trata de la nueva generación posterior a los Millennials.

En lo personal he tenido la oportunidad de ser testigo de su visión del mundo a través de mis sobrinos, quienes no dejan de sorprenderme. Uno de ellos cuando tenía tan solo tres años de edad me dijo con toda seguridad que él planeaba casarse y tener muchos hijos; y cuando le cuestioné acerca de cómo los mantendría y en qué trabajaría, alzando sus manitas al aire haciendo ademanes me respondió en un tono exasperado: - ¡¡Pues manejando coches!!-. En aquel entonces pensé que se refería a sus carritos con los que jugaba y eso pasó como una anécdota simpática más. Jamás me imaginé la certeza con la que sostendría sus argumentos conforme fuera creciendo.

Otro sobrino hoy de 18 años va a estudiar para convertirse en chef y antes de ello juraba que sería filósofo y que se iría a vivir a algún país nórdico porque allá sí pagan por pensar (sic). El siguiente de sus hermanos mientras lo escuchaba, aseguraba que escribiría guías gourmet y que viajaría por el mundo. Otra sobrina dice que planea ser modelo y Youtuber. Cuando estaban más pequeños ya habían leído libros que abordaban metafísica y sosteníamos serios debates en torno a ello (algo que a mí me ha tomado años explorar y que a mis 45 no dejo de cuestionarme). También interactuaban con sus amigos virtuales de otros países a través de los videojuegos, y el idioma inglés jamás ha sido un problema para ellos, más allá de lo que hayan aprendido en el aula de clases. Son prudentes, sencillos, alejados de las marcas. Viven con los audífonos todo el tiempo, ensimismados en su música. Sin embargo tienen valores muy arraigados como el respeto a los abuelos y la lealtad a la familia. Uno de ellos incluso ha hecho voluntariado preparando alimentos para personas en pobreza.

Los centennials conforman el 35 por ciento de la población mundial y en México son 36 por ciento.
Los centennials conforman el 35 por ciento de la población mundial y en México son 36 por ciento.
(Foto: Especial)

Otras jovencitas que conozco se han convertido en estrellas de YouTube con su #roastyourselfchallenge, y a través de ellas he visto a más adolescentes en redes sociales a quienes me cuesta trabajo entenderles y seguirles el paso por la rapidez con la que hablan. Y es que a diferencia de los millenials, se dice que sólo tienen un spam de atención de 8 segundos, mientras que los primeros lo tienen de 12 segundos (no me quiero imaginar a estos chicos en un salón de clases).

Los centennials conforman el 35 por ciento de la población mundial y en México son el 36 por ciento. Son nativos digitales y llevan los smartphones como una extensión pegada a su cuerpo. De acuerdo a los expertos son impacientes, conservadores, competitivos, selectivos y les atraen los perfiles disruptivos pero que a la vez les brinden orden, seguridad y progreso sin intervenir en sus actividades cotidianas.

En el plano laboral los empleadores sí que tendrán todo un reto puesto que no les gustan los horarios, y quieren que su voz sea tomada en cuenta seriamente, a diferencia de los modelos organizacionales jerárquicos y tradicionales. El 74 por ciento busca un empleo en algo que les signifique, y hay miles de ellos quienes creen que les funcionará la carrera como YouTubers o influencers; y no están errados de la realidad (aunque sea una posibilidad en un millón): estos jovencitos si llegan a ser exitosos en las redes pueden cobrar 100 dólares por cada 10,000 seguidores en Instagram o hasta 200,000 dólares en YouTube por cada 3 millones se seguidores.
Son menos idealistas que los millennials y más pragmáticos: tienen más acceso a información, disponen de menos recursos naturales; están atravesando por el colapso de los paradigmas políticos y por una economía en constante transformación. Ante ello prefieren reciclar por encima de las marcas comerciales y prefieren lo artesanal u orgánico; defienden su privacidad; leen, buscan datos, están mejor informados, aunque son proclives a caer en las trampas del ciberacoso y las fake news. Y gracias a los videojuegos han desarrollado habilidades de negociación y trabajo en equipos multiculturales. También han desarrollado su propio tipo de literatura conocida como “young adult”, o clasificada en Alemania y en los Países Bajos como “psicoliteratura” o “literatura intrapsíquica”, la cual aborda los conflictos emocionales y afectivos relacionados con la adolescencia. De hecho en Estados Unidos se ha convertido en todo un boom cinematográfico (Harry Pótter, Crepúsculo…). Sus redes sociales favoritas sin duda son el Instagram (59.6 por ciento), Snapchat (56.4 por ciento), Facebook (52.8 por ciento), Twitter (35.4 por ciento) y aún consumen revistas impresas (38 por ciento).
Y aunque se dice que este tipo de clasificaciones obedecen más a estrategias comerciales que a cánones sociológicos, lo cierto es que estos chicos (los de 18) ya votaron en el 2018 en nuestro país, así que ya son un atractivo político también para quienes viven de ello. Paradójicamente las políticas públicas que los beneficien están ausentes o carentes: ¿Cómo financiar su creatividad si los esquemas oficiales para emprender en México son casi nulos? ¿Cómo apostar por sus patentes o sus desarrollos digitales si en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo el único apartado que refiere a ello es la universalización del internet y punto? ¿Cómo impulsar a los centennials en Michoacán si el Instituto de la Juventud sólo cuenta con un presupuesto de 1.3 millones de pesos y el 70 por ciento de ello se destina al rubro de salarios?

Cuando leía acerca de las expectativas laborales de estos chicos de emprender su propio negocio o alguna forma de autoempleo por encima de un trabajo formal, encontré un testimonio de una joven que señalaba que en realidad no tenían más alternativa, y no es más que la verdad. Los recortes laborales son cada vez más frecuentes y tajantes; los fondos de ahorro se han vuelto muy endebles, y persiste una baja tasa de desempeño educativo en los mexicanos promedio, lo cual orilla a estos jóvenes a buscar nuevas vías para poder sobrevivir en medio de un mundo que les estamos heredando en el que les hemos minado casi todo (de hecho se dio a conocer esta semana que un millón de especies de plantas y animales están en riesgo de extinción acelerada por la actividad humana de acuerdo a la ONU).

En lo personal aún a mi edad dentro de mí a veces me siento identificada con los millennials y centennials: prefiero mi libertad y autonomía para escribir y dedicarme a desarrollar mis ideas, por encima de un empleo con horarios asfixiantes y abrumadores (lo malo es que no se puede vivir de ello en la actualidad); pero tengo la ventaja de que tengo fondo de ahorro público y podré cobrarlo a los 65, mientras que a mis sobrinos no sé qué futuro financiero les depare el destino cuando lleguen a la vejez. A mí me tocó todavía beber agua de la manguera con la que regaban el jardín y no enfermarme; en un futuro no muy largo el agua será un escaso bien sólo para las élites. También he visto caer sistemas políticos como sucedió con la caída del Muro de Berlín y la Perestroika en la ex Unión Soviética; a ellos les tocará derrumbar y a su vez construir nuevos paradigmas en un mundo cada vez con mayor escasez (me recuerda el caso de las jóvenes activistas centennials, la polaca Greta Thunberg en su lucha contra el cambio climático y la pakistaní Malala Yousafzai en pro de la educación).

En mi generación aprendimos a la antigüita, con largas planas y lecturas, mucha disciplina y jalones de oreja, lo que nos facilita el estudio y la reflexión profunda; los jovencitos ahora, repito sólo pueden sostener ocho segundos de atención fija por lo que eso será un reto si quieren recrear nuevos modelos de conocimiento y aplicación que sean sostenibles y sólidos. La ventaja que ellos tienen es que a partir de los nuevos recursos que se están generando a través de las tecnologías digitales, cibernéticas y robóticas, seguramente encontrarán una mejor manera de vivir, y los adultos mayores (que seremos nosotros) aunque nos cueste trabajo, tendremos que adaptarnos a ello como sucede con cada cambio generacional.

En fin. Millenials, Centennials, generaciones X o Y… en el mismo barco vamos todos. No puedo evitar sentir angustia por los más jóvenes, pero en lo que esté en mis manos hacer a su favor, sin duda mi granito de arena aportaré.

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