Viernes 17 de Mayo de 2019
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I. Un mundo en escasez



Vivimos en un mundo cada vez más escaso: especies en extinción acelerada, cada vez menos agua disponible per cápita, despidos masivos, sistemas de pensiones al borde del colapso, y cada vez somos más seres humanos habitando la Tierra agudizando la necesidad de tener más insumos para sobrevivir. El paradigma de un mundo en bonanza ya se extinguió, sólo que no lo hemos querido reconocer aún.

En México, el sueño del padre de familia de clase media que podría vacacionar por lo menos una vez al año, llenar el refri semanalmente, mandar a los hijos a colegios privados y que se forjaran un porvenir lucrativo casi se extinguió. Asimismo, las familias que viven en pobreza cada vez amplían más su margen de generaciones a las que les será posible dar el salto hacia una vida mejor, aún y con las becas que ahora el gobierno reparte; es sólo cuestión de aritmética. De hecho hay ejercicios interesantes sobre esto último: si se repartiese la fortuna de Carlos Slim entre todos los mexicanos, nos tocaría la cantidad de 7,241 pesos mexicanos aproximadamente; si distribuyéramos el dinero circulante de todo el mundo, recibiríamos unos 9,000 dólares per cápita (172 mil pesos mexicanos). Así, si nos repartiésemos el presupuesto público federal nos tocarían 45 mil pesos por persona (5,814,291.7 millones de pesos del gasto público neto 2019 dividido entre 129 millones de mexicanos a cifras del 2017), lo cual sería muy bueno para varios sectores poblacionales, pero el problema es que ocupamos de infraestructura y servicios públicos y alguien tiene que proveerlos; de eso se trata el pacto social. La realidad es que en México muy al contrario, estamos endeudados: si repartiéramos la deuda pública del país (cifra 2018) entre todos sus habitantes, cada mexicano sale debiendo 2 mil 287 dólares (52 mil 893 pesos). Así que los recursos son finitos y la población va en aumento.

Los sistemas de pensiones también están colapsando en el país. De acuerdo a especialistas hay problemas estructurales en ello: de entrada cada vez hay más mexicanos en edad de retiro y cada vez crece más el pasivo que se tiene que pagar por ello. De acuerdo a Pedro Vásquez Colmenares en su libro Pensiones en México. La próxima crisis concluye que la deuda por pensiones ya rebasa el 100 por ciento del PIB, lo que representa más de tres veces la deuda pública total y más de diez veces la base fiscal del país. Ante esta situación el autor propone "un replanteamiento fundamental de la seguridad social hacia un sistema de derechos universales, complementado con sistemas de reparto o de contribución definida fondeados por patrones y trabajadores". Esto bajo la premisa de que "los déficit pensionarios son responsabilidad de los patrones públicos y sus trabajadores, no de los contribuyentes". De hecho, aquellos trabajadores que hemos estado cotizando antes de 1997 no tenemos hoy la garantía de que el gobierno pueda darnos lo que corresponde cuando llegue el momento. Esto me recuerda el caso por el que está pasando la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, con respecto a la condicionante del gobierno federal de reestructurar su sistema de pensiones y jubilaciones para volverse solvente.

El paradigma de un mundo en bonanza ya se extinguió, sólo que no lo hemos querido reconocer aún.
El paradigma de un mundo en bonanza ya se extinguió, sólo que no lo hemos querido reconocer aún.
(Foto: Especial)

Pasando al tema ambiental, la ONU anunció recientemente que cerca de un millón de especies animales y plantas se encuentran en peligro de extinción y que es probable que muchas de ellas desaparezcan en décadas. De acuerdo con el informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES), el daño y la contaminación al medio ambiente representan una amenaza de una dimensión sin precedentes. El reporte detalla que las especies extintas suman ya, por lo menos una cifra de diez a cientos de veces mayor que la tasa promedio de los últimos diez millones de años, y por si fuera poco, se está adelantando.

También la disponibilidad de agua en México per cápita está disminuyendo: de acuerdo al INEGI, debido al crecimiento de la población en 1910 el recurso nos alcanzaba con 31 mil metros cúbicos por habitante al año; para 1950 había disminuido hasta un poco más de 18 mil metros cúbicos; en 1970 se ubicó por debajo de los diez mil metros cúbicos; en 2005 era de 4,573 y para 2010 disminuyó a 4,230 metros cúbicos anuales por cada mexicano. Haga sus cuentas si la población va en aumento, cómo nos irá en los próximos años.

A estas condiciones que enlisto le podemos sumar la escasez de productos alimenticios libres de químicos y cien por ciento orgánicos; escasez de aire o agua impolutos; de seguridad en todos los sentidos; de valores, credibilidad, paz, etc., etc. Sin embargo la dirección de las políticas públicas parecen orientadas en el sentido contrario siendo que el movimiento de la escasez es global y los gobiernos están cada vez más rebasados.

II. El discurso de la abundancia



Paradójicamente el discurso de la abundancia sigue siendo sumamente atractivo: las promesas de bonanza económica; abundancia de alimentos, energéticos, obras de infraestructura; seguridad pública garantizada… La realidad es que nuestros actores políticos nos venden una gráfica que viéndola de cerca está invertida porque no va a alza el desarrollo, sino a la baja y en caída libre. Pero es tan bonito ilusionarse y descargar la responsabilidad en alguien más que lo resuelva, mientras elegimos seguir viviendo nuestro mundo como ciudadanos secuestrados en una fantasía colectiva.

Me pregunto qué pasaría si todos abriéramos los ojos y dejáramos de soñar en las épocas de oro y empezar a reconocer nuestra realidad tal cual es, por cruda y dura que sea. Quizás los políticos se pondrían las pilas y dejarían de robar, para empezar a administrar desde la escasez y reorientarían de forma asertiva la toma de decisiones; los ciudadanos nos reactivaríamos para cuidar más de nosotros mismos y del medio ambiente. Además dejaríamos de ser tan consumistas y fatuos. ¿Sabe que si usa una prenda de vestir 50 veces en vez de cinco que es la media del llamado fast fashion contribuiría con la reducción de emisiones de carbono en un 400 por ciento por prenda al año?

¿Quiere que le diga? Los que robaron en la época de bonanza, pues ya robaron y ni quien se entere; y además a casi nadie verá usted pagando por ello tras las rejas. Así funciona el sistema, punto. Es como una torre de naipes donde sí se saca una carta, se desmorona toda la estructura. Por ello para las cúpulas más vale dejarla intacta.

En fin; quizás habrá quienes me tachen de pesimista pero he aprendido en el camino que gracias a algunos de mis episodios de mi vida enajenados de ensueño y fantasía, al final acabé dándome topes en la cabeza. La imaginación nos sirve para crear, pero no para decidir. Y la realidad no está para menos: el tic – tac del reloj de nuestra supervivencia camina más acelerado. Despertemos y empecemos a administrar y a cuidar mejor lo poco que aún nos queda.

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