Jueves 23 de Mayo de 2019
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El 21 de mayo de cada año, celebramos el nacimiento de un gran hombre. Me refiero al general Lázaro Cárdenas del Río, a quien mi padre me enseñó a querer profundamente.

El cariño enorme que me enseñó a tenerle fue no solo por conocerle desde que era muy pequeña, sino por su congruencia, amor y servicio no solo a nuestro país sino a la humanidad. El general era un hombre sencillo, amable, sensible, que sabía escuchar y sobre todo observar. Trabajo y luchó toda su vida por México. ¡Como se le extraña!

El hizo suyas los ideales del pueblo de México, plasmados en el proyecto de nación, producto de la Revolución Mexicana. Ideales sobre todo de justicia, de igualdad, soberanía e independencia.

El general era un hombre sencillo, amable, sensible, que sabía escuchar y sobre todo observar. Trabajó y luchó toda su vida por México.
El general era un hombre sencillo, amable, sensible, que sabía escuchar y sobre todo observar. Trabajó y luchó toda su vida por México.
(Foto: Especial)

Escribo desde mi corazón, lo que observé, lo que constaté, gracias a la cercanía de mi padre Natalio Vázquez Pallares con el general Lázaro Cárdenas.

Conocerle más allá de las estampitas que vendían en las tlapalerías sobre los héroes que nos dieron patria, fue para mí siempre una intensa emoción.

Recuerdo una vez en que me dejaron de tarea, precisamente copiar lo que decía atrás la pequeña monografía, y al día siguiente en la escuela, cuando la maestra pidió la tarea y la vio, me preguntó porque no había copiado la monografía; le dije que yo conocía al General Cárdenas y que la monografía no decía todo lo que él era.

La burla de mis compañeros no se hizo esperar. Nadie me creyó que conocía al general. Llegué muy triste a la casa, nunca me ha gustado que la gente haga juicios sobre nada o nadie sin saber antes la verdad.

Estuve pensando que hacer al respecto, no se valía que no me creyeran, si yo estaba diciendo la verdad. Eso era lo que más me indignaba.

Tomé la agenda de mi madre y llamé a doña Amalia, le conté lo que me había pasado, y con su paciencia de siempre me dijo: “Xuchitl todo se va a aclarar, ya verás”.

Aproximadamente dos horas después, tocaron el timbre, salí y, ¡oh sorpresa, era doña Amalia!

La pasé y llamé a mi mamá. Ella estaba más sorprendida que yo, pues no sabía de mi llamada a doña Amalia.

Muy amable le explicó a mi mamá lo sucedido y nos dijo a ambas, que estaba de acuerdo conmigo que no era justo no me creyera ni la maestra ni mis compañeros. Por lo cual me entregó una carta firmada por ella, dirigida a la escuela, en que decía que el general Cárdenas y ella eran mis amigos, que los maestros deberían creer a sus alumnos, aunque pareciera dijeran imposibles.

Al día siguiente le entregué a la maestra la carta y le pedí que, por favor, la leyera a mis compañeros. No estaba bien creyeran que yo mentía.

Desafortunadamente en ese entonces no tenía la costumbre de guardar “documentos históricos”, yo lo único que quería era que se hiciera justicia y se hizo. Supongo la maestra se la quedó.

Comparto esta vivencia que llevo en el corazón desde niña, como muestra de la calidad humana del general y doña Amalia.

Mi cariño, respeto y admiración hacia ellos, ha sido desde siempre, el pasado lunes 21 del presente en especial, los recuerdos y emociones me acompañaron al llevarle flores al general al monumento a la Revolución.

El general nació un día como ese, pero de 1895. Era otro México, sin embargo, la pobreza y la injusticia continúan. ¡Hay tanto por hacer, ¡cuánta falta hace el general¡

Los ideales por los que lucharon miles están aún por cumplirse, recordé la lucha incansable de muchos por la recuperación de sus tierras, por instaurar el modo de producción colectivo, por el respeto a los ejidos, por los energéticos, por los recursos naturales, por el petróleo.

La lucha hoy tan vigente por nuestra soberanía, por nuestros bosques y agua, por el respeto a las comunidades indígenas.

En todas estas luchas y más, Natalio Vázquez Pallares, participó activa y comprometidamente. Recordé como justo un 21 de mayo, pero de 1965, se vio forzado a dejar el país, por la enorme lucha que estaba dando por la recuperación de los bosques en Coalcomán, en la sierra oriente, en todo Michoacán. También por su lucha y denuncia de la falta de democracia en el PRI, entonces partido en el poder, el cual no solo no respetaba la voluntad popular sino realizaba enormes fraudes durante las elecciones.

Por su lucha a favor de las comunidades indígenas, por luchar por la libertad de expresión y de ideas, por denunciar latrocinios. Por ser hombre íntegro, el sistema quería no solo bloquearlo, sino aniquilarlo. El general negoció con el entonces presidente, y Natalio Vázquez Pallares se fue como embajador de México a la entonces Yugoeslavia.

Esto sucedió hace exactamente 54 años. Tenía yo once años, mis ojos de niña no me impedían ver la injusticia y la impunidad de los actos de quienes ostentaban el poder.

No obstante mi corta edad, me dolía que tuviéramos que dejar nuestra casa, nuestro país, Me causaba mucha indignación y tristeza que a que los que luchan por la justicia, por un mundo diferente donde impere el respeto y la igualdad, les persigan, les impidan trabajar, ayudar.

Recuerdo cuando mi padre fue a darme mi beso de buenas noches, y a decirme que nos teníamos que ir del país, por defender los bosques, las comunidades indígenas, por denunciar latrocinios y la antidemocracia existente.

Nunca lo olvidé. Nos fuimos a Yugoeslavia a aprender como él decía, para ayudar más a México.

Seis años después, el 21 de mayo de 1971, murió mi madre; María Concepción Zamacona Franco, a quien muchos llamaban con cariño Conchita. Así justo era ella, fuerte, suave, bella y sonriente cual conchita marina. Los dos, mi padre y mi madre me enseñaron a luchar por los ideales, a no darme por vencida, a sembrar árboles e ideas, a sonreírle a la vida.

¡Cuánto les extraño a los tres, al general, a mi padre y a mi amada mamá!

Todo esto pensaba mientras hacía guardia ante la tumba del general en el monumento.

Estar ahí, es compromiso para con ellos, de continuar luchando por los ideales de justicia. Que tarde o temprano tendrán que hacerse realidad.

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