Arturo Alejandro Bribiesca Gil
Las apariencias importan
Viernes 31 de Mayo de 2019

La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.

François de La Rochefoucauld

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En días pasados, leía atentamente un texto coescrito por los Magistrados de Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Reyes Rodríguez Mondragón y Felipe de la Mata Pizaña, intitulado “Justicia abierta y autonomía de los tribunales electorales locales: Tribunales confiables, transparentes, accesibles y visibles.”, del cual, además de aprendizaje, extraje algunas reflexiones en torno a otros temas jurídico-sociales.

Aclaro, el presente artículo no sigue la ruta del preclaro texto realizado por tan connotados juristas y juzgadores; difícilmente podría yo hacer aportación jurídica al respecto, sin embargo, saco a colación dicho documento, por respeto y reconocimiento a sus autores, y porque, como ya lo señalé, el mismo fue la fuente que me llevó a relacionar la doctrina de “las apariencias” con otra área del derecho que adolece, a mi juicio, de soporte social: el –ya no tan– nuevo sistema de justicia penal.

Me explico: dice el texto de referencia que “La Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos ha sostenido que ‘la justicia debe satisfacer la apariencia de justicia’. La toma de decisiones judiciales con una real pero también aparente libertad de prejuicios se basa en la premisa de que la confianza del público es esencial para defender la legitimidad del Poder Judicial”. Es preciso destacar que lo anterior lo retoman del similar “Do Appearances Matter?, escrito por Sherrilyn A. Ifill, respecto a la actuación de la Corte Suprema gringa en el caso Bush versus Gore.

La falta de confianza de la sociedad en su justicia penal pone en riesgo se correcta aplicación.
La falta de confianza de la sociedad en su justicia penal pone en riesgo se correcta aplicación.
(Foto: Especial)

Como recordarán, dicha controvertida elección presidencial en el año dos mil, contra toda historia, puede decirse, que fue decidida en tribunales, algo muy común en nuestro país, pero no en el país vecino.

La frase: “la confianza del público es esencial para defender la legitimidad del Poder Judicial”, me arrobó y me llevó a reflexionar sobre la confianza del público en nuestro sistema de justicia penal, que ha sido poca, de siempre, y que ahora es casi nula, por el –no tan– nuevo sistema de justicia penal.

No me canso de escuchar a gente de todos los estratos sociales, criticando que este “nuevo” sistema de justicia penal, parece que está hecho para favorecer al criminal y en detrimento de la víctima. Antes de continuar, debo decir que es una falsa apreciación; como abogado que soy, comprendo cabalmente las bondades de nuestro actual sistema de justicia penal, y considero que los defectos que presenta son de implementación o por factor humano, sin embargo, lo anterior no me impide comprender la postura del ciudadano de a pie y su coraje.

La falta de confianza de la sociedad en su justicia penal pone en riesgo su correcta aplicación, generando un círculo vicioso donde las causas se vuelven efecto y viceversa, por ello, es que coincido en que: las apariencias importan.

Pienso, que el hecho de tener razón, no ha permitido que algunos de los operadores del –no¬ tan–nuevo sistema de justicia, vean con claridad la importancia que tiene que la sociedad compre y acepte el “nuevo” modelo. Puede que falte humildad, lo que hace irrelevante que sobre razón y conocimiento.

Regreso al texto inspirador; creo que la citada doctrina de “las apariencias” es fundamental para el correcto desarrollo jurisdiccional en nuestro país y no estamos muy empapados en ella; mientras tanto, en el mundo, dicha doctrina ya tiene su camino andado. Tan es así, que la Corte Europea de Derechos Humanos, en 1970, en el asunto Delcourt vs. Bélgica, señaló que: “no sólo se debe hacer justicia, debe también verse que se hace justicia”. ¡Guau!

Mientras la mayoría no docta, no vea que se hace justicia, seguirán criticando, entendible pero equivocadamente, a jueces orales que solo hacen su trabajo con apego a la ley y al respeto de los derechos humanos, tanto de víctimas como de acusados.

En fin, ojalá nuestras autoridades de todos los niveles y poderes entiendan que la percepción y las apariencias nos importan tanto como la realidad misma, porque quiero que haya justicia y verla y sentirla; y también quiero estar seguro y sentirme seguro. ¿Será mucho pedir?

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