Rafael Calderón
Elegía del destino
La voz poética de Miguel León-Portilla
Lunes 3 de Junio de 2019
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Poeta discreto y destacadísimo de las letras mexicanas es Miguel León-Portilla. Por lo menos esto sucede cuando la lectura se detiene en un par de libros, como es Trece poetas del mundo azteca (1967) y La tinta negra y roja. Antología de poesía náhuatl (2008). Por la primera marca la presencia de autores y la segunda registra la oportunidad inmejorable para imaginar en su dimensión la poesía que traduce y reconocerla como parte de la lengua castellana; ésta, las traducciones de León-Portilla, no sólo deslumbran, son permanentemente un descubrir. Por su voz reconoce esa legión que representa vivamente la poesía de los antiguos mexicanos.

Escribe allá por el año de 1966 León-Portilla: “privilegio infrecuente es sacar del olvido la figura y la obra de un poeta verdadero”. Hoy día esa consolidación del esfuerzo editorial que conjugaron El Colegio Nacional, Era y Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, para acompañar con imágenes de Vicente Rojo y la selección Coral Bracho y Marcelo Uribe La tinta negra y roja marca un precedente, resulta ser completa, íntegra, y resalta determinante las traducciones poéticas que realiza; por primera vez la poesía náhuatl materializa una lectura original y es parte de una riqueza inconfundible; una herencia viva de los antiguos mexicanos para ser leídos en la tradición hispánica porque tienen vida los autores y representan toda una cultura.

La voz de León-Portilla perfeccionada la poesía de estos poetas de la cultura prehispánica, alcanza una modulación que incluso en el horizonte de la vida es una realidad inconfundible
La voz de León-Portilla perfeccionada la poesía de estos poetas de la cultura prehispánica, alcanza una modulación que incluso en el horizonte de la vida es una realidad inconfundible
(Foto: Especial)

Lo mejor es que por sus reflexiones críticas León-Portilla aporta estos resultados de sus investigaciones históricas y de la reflexión filosófica y las hemos podido meditar como ejemplo vivo y por la voz de León-Portilla representan esa lectura que resultado ser un medio eficaz, la posibilidad y el tránsito entre evitar el olvidar y ser el eco que continua para decir que es por medio de sus propias posibilidades de poeta como nos presenta una poesía anónima y colectivas, como alguna vez lo quiso José Emilio Pacheco, pero en sus traducciones León-Portilla registra la poesía y el nombre del autor y toda esa descarga cultural les otorga vida.

La voz de algunos poetas por las mimas circunstancias se perdió o fueron ignorados y en el camino se conserva su poesía. Era necesario rehacer su presencia, encontrar su eco, desempolvar su presencia desde las bibliotecas, en el cubículo de los centros de investigaciones donde ha estado presente y revisar aquella época y ofrecer resultados entre estudios eruditos y resaltar la presencia literaria.

La voz de León-Portilla perfeccionada la poesía de estos poetas de la cultura prehispánica, alcanza una modulación que incluso en el horizonte de la vida es una realidad inconfundible: la perfección sucede a través de sus traducciones, y recrea una poesía fuerte, rica en giros e imágenes, con un rimo modulado; continua presenciando la esencia de aquella vida con la que ahora modela el verso. Esa la huella pondera y salen a relucir nombres de grandes poetas como Nezahualcóyotl. Su encuentro es parte de un primer indicio y una voz que evoluciona hasta encontrarlo por el más puro y determinante ideario de la poesía de México.

Su obra antes de que la reuniera León-Portilla era un indicio y ahora modulada por la realidad al traducirlo para nosotros alcanza un lugar, se vuelve memorable e histórico, inconfundible; es de gran penetración: estamos ante un poeta, arquitecto y sabio en las cosas divinas. Es, como aclara León-Portilla, un verdadero maestro de la palabra. “Como algunos de los filósofos presocráticos, también estos sabios del México antiguo habían hecho de la poesía forma habitual de expresión”.

Por la importancia de las versiones que ha realizado a lo largo de su vida de los poemas de Netzahualcóyotl, no podría como tampoco lo quiero decir, determinar cuál es el mejor de los poemas traducidos. Sin duda, las traducciones acumuladas por ser un canto de jade, un canto a la primavera, una consecuencia de la palabra. Resaltan una y otra vez parte de la evolución y el rimo, la unidad y la soltura de giros. Son cantos con rostro y nombre, identidad pura, natural, directa.

Por eso, voy al encuentro de esa voz reiterada para nosotros, la voz prestada si se quiere o matizada para que se oiga fuerte, directa, musical: “¿Caso de veras se vive con raíz en la tierra?/ No para siempre en la tierra:/ solo un poco aquí./ Aunque sea de jade se parte,/ aunque sea de oro se rompe,/ aunque sea plumaje de quetzal se desgarra./ No para siempre en la tierra:/ Solo un poco aquí”. Es una la manera, un estilo: el poema es de Netzahualcóyotl y, León-Portilla, realiza la traducción: sucede que hay que resaltar el ejemplo de su propia voz poética.

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