Alma Gloria Chávez
Medio ambiente: medidas emergentes
Jueves 6 de Junio de 2019
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Durante la última semana del mes de mayo, en más de 1600 ciudades y pueblos de aproximadamente 130 países, “cientos de miles de estudiantes salieron de escuelas y universidades para realizar acciones como parte de lo que llamaron ‘huelga global por el futuro’, exigiendo respuestas de los políticos y otros adultos ante la emergencia climática que amenaza la viabilidad del mundo”. La mayoría de manifestantes son jóvenes que desde Australia a Alemania y Suecia, India, Colombia y Sudáfrica están respondiendo al consenso de los principales expertos científicos del mundo sobre el clima: “el mundo sólo cuenta con 12 años para evitar una catástrofe climática con efectos irreversibles”.

La adolescente sueca que inspiró este movimiento de huelgas estudiantiles el año pasado, cuando comenzó a realizar protestas solitarias cada viernes, al salir de su escuela y manifestarse frente al Parlamento en Estocolmo, se llama Greta Thunberg y cuenta solamente 16 años de edad. Resulta sorprendente y loable cómo la decisión de una sola persona ha logrado movilizar afirmativamente a escolares de tan diversos países que han manifestado su indignación (y furia) ante la inacción de los adultos, sobre todo de los políticos, quienes a pesar de saber que nos encontramos ante una emergencia climática, no han hecho y no hacen nada… sino lanzar discursos.

En México, muchos estudiantes de niveles medios y de estudios superiores, desconocen datos tan alarmantes como el que proporcionaron expertos de la Universidad de Yale hace apenas tres años: “La humanidad ha talado la mitad de los árboles del mundo. Queda apenas el 45 por ciento de los que había antes del dominio de los humanos”. Y seguramente muy pocos saben que “Los árboles se cuentan entre los organismos más prominentes y esenciales de la Tierra, empezándose a comprender en épocas muy recientes, su extensión y distribución global.” Obviamente, entre las razones del acelerado cambio climático en la Tierra, se encuentra la disminución de los bosques y selvas, que provoca la desertificación de grandes extensiones. Desde entonces, el llamado a todos los gobiernos del mundo ha sido promover la cultura de la reforestación y restauración de los suelos… que al parecer, a la población educativa en México, parece tener sin cuidado.

Desde entonces, el llamado a todos los gobiernos del mundo ha sido promover la cultura de la reforestación y restauración de los suelos… que al parecer, a la población educativa en México, parece tener sin cuidado.
Desde entonces, el llamado a todos los gobiernos del mundo ha sido promover la cultura de la reforestación y restauración de los suelos… que al parecer, a la población educativa en México, parece tener sin cuidado.
(Foto: TAVO)

En el mes de julio del año 2013, el especialista del Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales de la UMSNH, Fernando Walter Bernal, dio a conocer los resultados de la investigación que realizó en el Lago de Pátzcuaro, para el que no se prevé la recuperación total, pero sí resultaría posible implementar una serie de políticas públicas que permitirían paliar los daños: ordenamiento territorial de la Cuenca y de las actividades pesqueras, así como regular las labores relacionadas con el sector turístico. En entrevista, el experto mencionó una baja en la producción pesquera desde hace varios lustros, así como de la extensión del cuerpo de agua: de las 10 mil 600 hectáreas que tenía originalmente, ahora es de 9 mil; y en cuanto al nivel de profundidad, de 15 metros registrados en 1941, pasó a tener entre nueve y diez metros (en 2013) y hay partes que apenas alcanzan los 50 centímetros. A pesar de tener conocimiento de estos estudios hechos hace siete años, las autoridades municipales de la Cuenca no han llegado a poner en práctica las recomendaciones hechas entonces. Al contrario, actualmente se están sacrificando bosques para la siembra de aguacate y frutos rojos… que contribuyen a la pérdida de acuíferos.

Después de décadas de industrialización, urbanización y depredación desmedida, hoy la humanidad se da cuenta del tremendo error que se comete al atentar contra el medio ambiente y todos los recursos que le sustentan, permitiendo nuestra existencia como especie. Y la perspectiva está cambiando poco a poco, sobre todo luego de enormes catástrofes que señalan la necedad de quienes con afanes ambiciosos, provocan la muerte de flora, fauna y vidas humanas, obligando a promover, desde los mismos gobiernos, una conciencia ambiental creciente y emergente.

Recordamos que este “cambio” de perspectiva se empezó a vislumbrar desde el año 1972, luego de que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el marco de la Conferencia sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, y con miras a hacer más profunda la conciencia universal de proteger y mejorar al medio en que vivimos, emitió su resolución número 2994, misma que llevó al establecimiento de un programa especial para el tema de vital importancia, designando la fecha 5 de junio, como Día Mundial del Medio Ambiente.

Veinte años después, en 1992, precisamente cuando los pueblos originarios de la tierra manifestaron su rechazo hacia los “festejos” del V Centenario del “descubrimiento” de nuestro continente y protestaban contra la depredación, el despojo y el saqueo de sus recursos naturales, fue que la Asamblea General del organismo promotor convocó a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, ocasión en que los gobiernos se reunieron con el objeto de adoptar las decisiones necesarias para llevar a cabo los resolutivos de la Conferencia de Estocolmo y asumir el compromiso de alcanzar un equilibrio viable y equitativo entre el medio ambiente y el desarrollo, así como un futuro sostenible para la Tierra y los seres vivos que en ella habitamos.

“Cumbre de la Tierra”, se llamó a esta conferencia que tantas expectativas suscitó, participando en ella alrededor de 100 jefes de Estado y miles de delegados, así como también miles de representantes de organizaciones
sociales y civiles (indígenas y no indígenas) que abordaron los temas centrales de la Cumbre, proponiendo la articulación de los procesos de desarrollo con la conservación del planeta.

Corrientes muy heterogéneas confluyeron en junio de 1992 en Río de Janeiro, Brasil, país sede de la Cumbre, donde se ilustró la complejidad a la que se enfrenta la lucha ecologista y la distancia existente entre el discurso ambientalista (casi siempre gubernamental) y las medidas “prácticas” que implantan los gobiernos expertos en “discursitis” y carentes de ética.

A partir de esa primera Cumbre de la Tierra, lo que ha quedado muy claro es que existe el “racismo ambiental” (como lo define el economista Joan Martínez Alier) y que cada día crecen más los conflictos en la materia, porque los pobres que habitan los territorios más fértiles o sagrados (como lo es el bosque para muchas culturas), sin poder político y económico, defienden el territorio que habitan, ante la permanente expansión de la industria que busca apropiarse de los recursos naturales; de urbanizar zonas de alto riesgo, de crear consorcios comerciales y turísticos; de abrir autopistas y aeropuertos, o depositar desechos en los territorios de pueblos indígenas o rurales.

Privilegiar sólo el desarrollo económico está conduciendo a la humanidad a una catástrofe, para la que miles de jóvenes alertan: “No hay plan B para el planeta”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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