Rafael Mendoza Castillo
Juárez, fundamentalismo de mercado, religioso y laicidad
Lunes 29 de Julio de 2019
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Morena accedió al poder político, siendo todavía un partido y un movimiento social muy joven, con más 30 millones de votos. AMLO le llama, a dicho proceso político, social, económico, cultural y educativo, la Cuarta Transformación. A tal evento le antecede la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana. Recordemos, no olvidemos, que a Morena lo apoyó el Partido Encuentro Social de fe cristiana. Con este hecho se observa un vínculo entre política y religión. Varios morenistas se manifestaron en contra de este acontecimiento.

Posteriormente, ya en el ejercicio del poder de Morena, se presentó el caso de las iglesias evangélicas o pentecostales, encargadas, por iniciativa propia o por mandato del gobierno, de difundir la Cartilla moral que hizo Alfonso Reyes en 1944. Hemos de decir que otras iglesias no coinciden con estas acciones y se distancian, como la Iglesia católica y otras. Pienso, luego pregunto, ¿esto vulnera el estado laico, la república laica? Pienso que sí. Veamos.

Los liberales de la Reforma, encabezados por Benito Juárez, dejaron muy claro la separación de la iglesia y el estado. Este hecho histórico mostró que las funciones de ambas instituciones tienen fines distintos. La primera salvar almas en lo privado y el segundo proteger el bien común, lo público. Confundir ambas finalidades motivó guerras intestinas, confrontaciones sociales, como la Guerra Cristera. Respetemos este principio de separación iglesias y estado mexicano. Los fundamentalismos de mercado y religioso del siglo XXI, vienen por sus fueros. Pido a Morena, no convertir la fe religiosa en un activo político. Desde las iglesias, de cualquier signo religioso, se puede cuestionar al gobierno, al poder, pero nunca mezclarse con la política. Esto lo hacía el arzobispo Norberto Rivera y otros.

La Iglesia católica y otras, forman parte de una estructura de dominación y de explotación. Ninguna de esas instituciones escapa al modelo de acumulación capitalista.
La Iglesia católica y otras, forman parte de una estructura de dominación y de explotación. Ninguna de esas instituciones escapa al modelo de acumulación capitalista.
(Foto: ACG)

Todas las instituciones del estado mexicano se rigen por el artículo 40 de la Constitución, donde se define a México como una república laica. Esta separación Iglesia y estado ha costado sangre y dolor a los mexicanos. La República laica mexicana no es antirreligiosa ni anticlerical, sino que sus instituciones políticas deben ser ajenas a las preferencias religiosas ni intervenir en los asuntos de las iglesias. Deben garantizar la libertad de culto: la libertad de creer o no creer.

En el artículo 24 de la Constitución se afirma la libertad de conciencia y de convicciones éticas para que ninguna noción se coloque por encima de la otra. Recordar que las convicciones religiosas se desarrollan en el campo de lo privado y lo que corresponde al espacio público es de competencia del estado mexicano. Una de las tareas de este último es garantizar que cada individuo, cada persona, cada ciudadano practique la creencia e iglesia que elija. Lo laico implica libertad de conciencia y libertad de culto, separación de las instituciones públicas y las religiosas y todos iguales ante la ley, no importa su color, sus creencias o convicciones.

Al respecto Bernardo Barranco afirma: “El estado laico actual es aquel que avala la libertad de creencias en el sentido amplio, así como la libertad de no creer. Debe garantizar también la equidad, es decir, la no discriminación, y los derechos, principalmente de las minorías, en otras palabras, la libertad de conciencia. El estado laico garantiza la autonomía de lo político frente a lo religioso”. En la democracia neoliberal mexicana que heredó Morena todo ello estaba ausente. Veamos.

El fundamentalismo de mercado y el religioso, producen discursos fundamentados en creencias, las cuales se orientan hacia la búsqueda de ilusiones vinculadas a dogmas (el miedo es la base del dogma) de fe, que no permiten a los sujetos adheridos a ellos, una intervención, desde su interior, para clarificar y justificar el sentido de dichas representaciones, conforme a las preguntas de la razón humana. De ahí la necesidad de tomar distancia, de hacer la lectura, desde otro modo de pensar, más en la crítica, con el objeto de incomodar a la sumisión y a la conformidad establecida.

Otro modo de pensar lo constituye, sin lugar a dudas, una ética con sentido crítico y disruptivo, para develar los fundamentos de la religión, vía el rito y la experiencia de lo religioso. Pero también incorporar a dicho análisis, el orden del poder y el capitalismo corporativo todavía vigente, ya que tanto el ritual o ceremonial y la experiencia religiosa, no son hechos que floten en el espacio de la neutralidad ideológica.

La experiencia religiosa, el poder político, el sistema económico, son objetos creados por los propios hombres y mujeres. Pero esas creaciones a veces se le escapan a sus creadores; además, tienen la cualidad social de engañar, de ocultar y reprimir muchos sentidos que son contrarios a la condición humana. Algo peor, en la historia, esas creaciones se han unido con el fin de homogeneizar, de esclavizar, de explotar y de dominar la conciencia y el cuerpo de los individuos.

Se ha mostrado, a través de la historia, que la institución de la religión católica, la cual la profesa una mayoría de mexicanos, se ha enfrentado, con la violencia de las armas, al estado mexicano (la Guerra Cristera). Estos hechos revelan que la Iglesia católica y otras iglesias, distinguen muy bien, lo que corresponde a la salvación de las almas (ilusión) y lo que compete a su política terrenal, necesaria para continuar imponiendo sus intereses concretos, en el aquí y el ahora.

La Iglesia católica y otras iglesias, forman parte de una estructura de dominación y de explotación. Ninguna de esas instituciones escapa al modelo de acumulación capitalista y al principio de libre mercado. En estos juegos de poder, donde lo que predomina es la racionalidad instrumental, donde lo que importa son los medios, causas y efectos para continuar sometiendo la voluntad de los individuos, creyentes o no, al sistema de conformismo social capitalista.

Estamos viendo en la historia resiente que los grupos que pertenecen a la Cofraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas están pidiendo eliminar la restricción para que los ministros de culto sean votados para ocupar cargos públicos y asociarse con fines políticos. Morena dijo en campaña que si había fraude soltarían al tigre, no hubo fraude y el tigre no apareció, que bueno. Pero hoy no debe abrir la puerta a estos otros tigres. Este hecho puede provocar nuevas confrontaciones religiosas y civiles. Para acabar con la corrupción y la impunidad, que no erradicar la ley de acumulación del capital, Morena no necesita de alguna fe religiosa y solo pedimos cumplir con el principio juarista de separar la iglesia y el estado. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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