Alma Gloria Chávez
Fiestas en la región purépecha
Jueves 1 de Agosto de 2019

Con mi sincero reconocimiento al grupo K’uaniskuiarhani, que desde hace 22 años sesionan en Pátzcuaro

A- A A+

Hace más de tres décadas, tuve oportunidad de participar en un especial e informal curso introductorio a la lengua purépecha, proporcionado por el amigo y maestro Elpidio Domínguez, quien nos ayudó a entender la marcada incomprensión que nos ha marcado (a la población indígena y no indígena) en las relaciones que vivimos y reproducimos desde la conquista, pero que al resultar discriminatoria y violenta, muchos/as deseamos dejar atrás. Si bien la imposición de otra forma de ver la vida sobre los pueblos de esta región no fue tan violenta como sucedió con los mexicas, por ejemplo, sí ocasionó pérdidas humanas y materiales y, sobre todo, generó un ambiente de incertidumbre y desconfianza entre los nativos, que aún padecen actitudes discriminatorias o segregacionistas por parte de los habitantes de asentamientos urbanos.

En aquel entonces tuve conocimiento de cómo en la lengua purépecha no existen palabras y conceptos como muerte o diablo, por ejemplo, así como tampoco los artículos él y la (para referirse a mujeres y varones). Y mediante la revisión crítica de la “historia” (ésa que escriben personas ajenas a las culturas originarias) entendí que no obstante ser sometidos políticamente y obligados a adaptarse a las medidas dictadas por el gobierno español, los purépecha encontraron la manera de hacer sobrevivir su cultura, arraigada en ellos desde hace ocho siglos y con marcados signos religiosos o de culto a sus deidades, representación de la naturaleza.

Es bien conocido que los primeros religiosos llegados a estas tierras, mucho tuvieron qué ver en la conversión espiritual de los indígenas: los franciscanos, llegados en 1525, seguidos por los agustinos en el año 1537 y los jesuitas en 1537. Aunque su principal función fue catequizar a los habitantes de las tierras conquistadas, también sirvieron de intermediarios entre ellos y las autoridades españolas; aprendieron no sólo la lengua, sino también los elementos centrales de la cosmovisión que los pueblos precolombinos poseían, muy diferente de los preceptos filosóficos del catolicismo de aquella época.

Para los pueblos originarios de Michoacán, la fiesta es parte de la tradición, misma que se define como la forma en que una sociedad determinada transmite, de generación en generación, sus costumbres y valores.
Para los pueblos originarios de Michoacán, la fiesta es parte de la tradición, misma que se define como la forma en que una sociedad determinada transmite, de generación en generación, sus costumbres y valores.
(Foto: Especial)

Así, la fusión de ambas culturas (que a su vez tenían incorporados elementos de otras), trajo como consecuencia el sincretismo que hasta nuestros días podemos percibir, sobre todo, en las fiestas que cada comunidad celebra en distintas épocas del año, pero coincidentes con las diferentes etapas del ciclo agrícola. La mayoría de estudiosos de la cultura purépecha, afirman que desde la época precolombina todas las fiestas se organizaban de acuerdo con un calendario fijo, ininterrumpido y sustentado en el ciclo agrícola, para promover la participación de la mayoría de la población y con ello consolidar las relaciones sociales.

Desde que en Michoacán se creara formalmente el Obispado, se tienen noticias de cómo ese calendario festivo entre las comunidades se ha fusionado con el calendario festivo católico, adaptado por completo a las tradiciones (y a la cosmovisión) de los pueblos indígenas, surgiendo entonces los sistemas de “cargos”, así como el culto a los santos patrones y a otras imágenes religiosas. Instituciones como “repúblicas de naturales”, el “cabildo”, los hospitales, las cofradías y las mayordomías, empezaron a ser elementos importantes (indispensables) de cohesión entre pueblo y autoridades de todo tipo (civiles, tradicionales, religiosas y agrarias).

Para los pueblos originarios de Michoacán, la fiesta es parte de la tradición, misma que se define como la forma en que una sociedad determinada transmite, de generación en generación, sus costumbres y valores. Y no sólo los transmite, sino que enriquece y trasforma la cultura material y espiritual de un pueblo a largo plazo; esto es, su cosmovisión, su interpretación y organización de lo sagrado y su culto; sus relaciones sociales y económicas, su vínculo con la naturaleza, su lenguaje y su construcción del conocimiento, entre otros.

“Pindekua”, es la palabra que utiliza la persona que conoce con precisión el papel que debe desempeñar en un momento festivo determinado, de acuerdo con su edad y su género, así como el grado de parentesco que le une con otra persona cuando sea preciso prestar ayuda en la organización o desarrollo de una fiesta. Así, cada miembro de la comunidad se siente profundamente identificado con los demás integrantes de la unidad social, creándose con ello, lazos de identidad comunitaria con fuerte continuidad histórica. “Siruki” es como se traduce tradición, e implica la prolongación activa del linaje y de la etnia o grupo cultural a que se pertenece. En lo individual, la participación en los ritos y ceremonias festivos, da la legitimidad de pertenencia a la comunidad en que se habita.

Casi todas las fiestas y ceremonias de los pueblos purépecha tienen un referente en el calendario litúrgico católico y son punto de confluencia de elementos con distintos orígenes culturales, pero fuertes raíces precolombinas. Es posible identificar elementos de origen mesoamericano, como las fiestas de inicio de las lluvias y de la siembra, las de la cosecha y el culto a los cerros u otros lugares sagrados, mezclados también con otros elementos de culturas africanas o árabes, así como de la vida contemporánea.
Una fiesta también ofrece la oportunidad del encuentro con personas llegadas de distintas latitudes y para el intercambio de productos diversos, siendo un hecho social basado en la activa participación de los asistentes, que ayuda a la convivencia sin ataduras y en el caso de las comunidades purépecha, la realización de una fiesta y ceremonia tradicional, se ve enriquecida al recibir a cambio del esfuerzo colectivo, mayor cohesión y participación social en actividades de beneficio para todos/as, mejorándose los lazos de ayuda mutua. Muy diferente a las fiestas y espectáculos en núcleos urbanos, donde prevalece el interés económico, pudiendo dejar de lado a los habitantes del lugar.

Tomando en cuenta que la fiesta, como cualquier ente vivo cambia, se regenera y evoluciona, dependiendo de los tiempos que corran, siempre será motivo para agradecer a nuestros pueblos originarios, que con su presencia y permanencia hacen que la fiesta se convierta en ritual indicador de temporadas puntuales en nuestra existencia.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

Para recordar a doña Tere

Ejercitar la tolerancia

Para una joven atribulada

Ofrendando a quienes trascendieron

Reflexiones contra violencia

66 años del voto femenino en México

Recordada doña Caro

Maiz, grano sagrado

Emergencia Climática

Daños colaterales

Día de la Mujer Indígena

Adultos mayores

Radiaciones ionizantes sin control

Recordando al Gran Cronopio

Sembrador de ideales

Fiestas en la región purépecha

Madurez emocional

Gobernar en la inclusión

Árbol, bosque, vida

La fiesta de los oficios

El trabajo infantil

Medio ambiente: medidas emergentes

En el Día de Acción por la Salud de la Mujer

Para recordar a don Enrique Soto

Diversidad Cultural

Maternidad: fecha para reflexionar

En deuda con muestra niñez

El planeta que compartimos

Día panamericano del indio

Recordando al general Zapata

En torno a un manantial

Empleadas del hogar

Ofrendando a Itsï (Agua).

La visión educativa de Vasco de Quiroga.

Cristos negros en América

Carnaval y tauromaquia

Responsabilidad de todos

Dos conmemoraciones purépecha

La Biblioteca del Libro Ilustrado

Crónica y cronistas

Pueblos indígenas y medio ambiente

A todas luces conocido

Cuando del dolor se habla

Nueva cuenta en el tercer planeta del Sol

En aumento la Alerta de Género

LXX Aniversario de la Declaración de Derechos Humanos

Fiesta religiosa en Pátzcuaro

Mahatma Gandhi y la no violencia

Por una vida sin violencia

16 de noviembre. Día de la tolerancia

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones