Eduardo Nava Hernández
La apuesta por Pemex
Jueves 1 de Agosto de 2019
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El martes 16 de julio el director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza presentó, durante la conferencia mañanera del presidente López Obrador, el Plan de Negocios 2019-2023 de la empresa estatal. En su parte esencial, es un plan de rescate que buscará nuevamente poner en pie a la aún más grande e importante industria del país, la cual en los años recientes había sufrido descapitalización, abandono y endeudamiento. Se intentará ahora volver a posicionarla como una palanca central para el desarrollo.

Desde su campaña electoral fue notorio el interés que el hoy titular del Ejecutivo ponía en el tema energético y, en particular, en el del petróleo. De hecho, desde siempre fue así. Originario de una zona petrolera como lo es el estado de Tabasco, ya en alguna ocasión, en su primera etapa como opositor, se movilizó cerrando pozos con los campesinos afectados por la contaminación petrolífera sobre las tierras de cultivo.

Pero no por ello dejó nunca de reconocer la importancia que para la economía del país tienen el sector de hidrocarburos y Pemex como empresa estatal. Sobre ésta descansan, como es bien sabido, gran parte de la viabilidad de nuestro desarrollo y también un porcentaje mayor de las finanzas públicas, que nunca ha estado por debajo de un 40 por ciento de los ingresos fiscales. Y es que a ningún político o economista serio podría serle ajeno el papel que esa empresa ha tenido y puede seguir teniendo en nuestra construcción como nación.

Octavio Romero Oropeza, director general de Pemex.
Octavio Romero Oropeza, director general de Pemex.
(Foto: Especial)

Ya en el libro Nuevo proyecto de nación, coordinado por Jesús Ramírez Cuevas y escrito por un grupo de académicos y colaboradores como virtual plataforma electoral en la campaña de López Obrador en 2012, se puede ver un diagnóstico del sector energético y en lo específico de la producción petrolera. Se habla ahí de la descapitalización de Pemex por los recientes gobiernos como el origen de los problemas financieros y operativos de la empresa estatal. Y se aporta un conjunto de medidas para la rehabilitación de ésta y de la riqueza de la nación: agregar, mediante el procesamiento, más valor al crudo mexicano; restituir, con nuevas exploraciones, las reservas de petróleo y gas; construir tres grandes refinerías para disminuir y hasta eliminar las importaciones de gasolinas; reintegrar Pemex como una sola empresa no fragmentada para aplicar una planeación integral y evitar la duplicidad de gastos administrativos y burocráticos; erradicar el contratismo y fortalecer las actividades sustantivas de Pemex y el Instituto Mexicano del Petróleo; conformar una comisión de la verdad para investigar y erradicar la corrupción en el sector; y promover la transición hacia energías renovables y limpias.

Significativamente, en ese texto de 2011 no aparece, ni en el diagnóstico ni en las propuestas, el tema del robo de combustibles o huachicol, que ha sido desde este año uno de los ejes de las acciones del gobierno para con Pemex. En ese momento, quizás, no era tan relevante como llegaría a ser bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto.

En otro libro, 2018 la salida, que expone su plataforma electoral para 2018, López Obrador reiteró y amplió el diagnóstico hecho seis años antes (otra vez sin hablar del huachicol); pero reiteró y precisó algunas de sus propuestas: eliminar la corrupción en Pemex; invertir en exploración para ampliar la reservas probadas; realizar un plebiscito para revertir la reforma energética realizada en el sexenio peñista; construir dos grandes refinerías, en Dos Bocas, Tabasco, y Atasa, Campeche para transformar el petróleo en derivados y dejar de importar gasolinas; integrar y modernizar el sector energético para reducir el precio de los combustibles a los consumidores; y desarrollar un programa de energías renovables para no derrochar los recursos naturales.

Como se sabe, la primera acción para rescatar el sector energético, no anunciada en sus proyectos, fue el combate al robo de combustibles a inicios del presente año, que se ha logrado reducir en alrededor del 95 por ciento. Expedida luego la licitación para la construcción de la refinería de Dos Bocas, fue declarada desierta y se anunció que será la propia Pemex la que la construirá, con un presupuesto de ocho mil millones de dólares y en un plazo de tres años, lo que las empresas concursantes no se comprometieron a realizar. Y un logro importante fue la firma en mayo pasado de un acuerdo entre el gobierno federal y HSBC, J. P. Morgan y Mizuho para refinanciar a la empresa petrolera mexicana por hasta ocho mil millones de dólares con tasas de interés preferenciales, acuerdo al que el mes siguiente se sumaron otras 20 instituciones financieras nacionales e internacionales como Banco
Santander, Barclays, Bank of America y Banorte.

Sobre esas bases es que se ha presentado ahora el plan de negocios, que se centrará en una inversión de 141 mil millones de pesos entre 2020 y 2022 y en una reducción de la carga fiscal de 128 mil millones entre 2020 y 2021. Se buscará que con estas medidas Pemex logre equilibrar sus estados financieros en 2022 y tenga, a partir de 2023, cuentas superavitarias para que pueda elevar su producción de un millón 625 mil barriles diarios de crudo que genera actualmente a dos millones 697 mil barriles en 2024. En los últimos 14 años los proyectos de extracción se dirigieron a los yacimientos en aguas profundas, sin que hubiera resultados, pero desperdiciando ahí miles de millones de pesos, por lo que ahora se priorizará la exploración y extracción en tierra y en aguas someras.

El plan de negocios, ya aprobado por el Consejo de Administración de Pemex, se ha acompañado de una insólita iniciativa: recurrir al redondeo en compras al menudeo, a la manera de las fundaciones privadas para sus diversas causas. Una campaña que quiere emular la realizada en 1938 por la presidencia de la República para reunir con donaciones populares un fondo para el pago de las indemnizaciones a las empresas petroleras expropiadas.

El plan presentado ha sido recibido con escepticismo por el sector financiero nacional e internacional, y también por la oposición al gobierno. De algún modo, ya se preveía. La calificadora Moody’s primero; y luego JP Morgan y bancos como HSBC y BBVA reaccionaron calificando el plan de negocios como insuficiente para que la empresa estatal se recupere y para que pueda elevar los niveles de sus reservas de crudo. Tampoco podrá, según estos exponentes del sector financiero, aligerar la carga que representa el inmenso endeudamiento de Pemex, que tendrá que asumir amortizaciones de deuda por 52 mil 600 millones de dólares entre 2019 y 2023.

Sólo en el curso de los próximos meses y años se verá si el plan de negocios presentado por el gobierno lopezobradorista podrá rescatar a la principal empresa del país y relanzarla como eje del conjunto de la economía nacional. También si saldrán a flote sus proyectos de inversión como Dos Bocas (que también enfrenta cuestionamientos desde la sociedad, sobre todo por motivos ambientales) y si las líneas de crédito recibidas de algunas instituciones financieras son suficientes para los propósitos de López Obrador.

A estas alturas no parece que se vayan a cumplir todo lo que en su plataforma electoral propuso el hoy presidente, como echar abajo la reforma energética del gobierno peñista o construir una segunda refinería. Pero no cabe duda de que hay una gran apuesta por recuperar mucho de lo que Pemex representó para el país en el pasado, y que una gran cantidad de recursos se pondrán en juego para ello. Mucho está por verse, y no es cuestión secundaria; de ello dependerá no sólo el éxito o fracaso del nuevo gobierno, sino la viabilidad económica del país planteada sobre bases distintas a las que hasta ahora han prevalecido.

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