Hugo Rangel Vargas
Autocracia silvanista
Sábado 10 de Agosto de 2019
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El gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, ha vuelto a señalar en un acto público que desea reelegirse o prorrogar su período como mandatario estatal. Así lo hizo hace algunos días en una reunión con representantes de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, tal y como lo había hecho en junio de 2018 en un acto donde puso en marcha los Convoyes de la Salud.

En esta última ocasión, lo hizo, a decir de él, porque el gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, ya le había puesto el ejemplo; sin embargo, Aureoles Conejo es todo menos un improvisado y sabe de las dificultades jurídicas y políticas que tendría que enfrentar para poder reelegirse.
La primera sería la de enfrentar a un Congreso del Estado en el que su partido tiene una representación de apenas cinco diputados, y aunque esto no ha sido un obstáculo para poder sacar adelante temas tan importantes como el presupuesto 2019 o la designación de fiscal general del estado en favor de uno de sus cuadros más cercanos; todas estas maniobras no han estado exentas de escándalos y acusaciones sobre actuaciones poco éticas por parte de legisladores locales que votaron en sintonía con el gobierno estatal.

Un segundo escollo importante sería el de que la reforma necesaria para la reelección o prolongación del mandato se apruebe por la mayoría de los cabildos quienes forman parte del constituyente permanente de la entidad. Esta situación se antoja complicada, a menos que se recurra al soborno o la cooptación, pero aun así la magnitud de esta operación superaría por mucho a la que desplegaron en el estado norteño al que refirió Aureoles. Y es que en Michoacán un cambio constitucional requeriría de la aprobación de al menos 57 cabildos, de los cuales probablemente la fuerza política del mandatario estatal se reduzca a la mayoría en una veintena de ellos.

Silvano Aureoles Conejo en reunión con representantes de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción.
Silvano Aureoles Conejo en reunión con representantes de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción.
(Foto: ACG)

Pero la complicación más importante de Aureoles es política. Autoerigirse como gobernante, asaltando la voluntad popular que le llevó al frente de la entidad por únicamente seis años, resultaría un acto que violentaría toda mínima concepción de la democracia. La vulnerabilidad de una maniobra de este tamaño deriva además de que no mediaría ningún acto de manifestación de la voluntad ciudadana, en el cual muy probablemente el gobernador resultaría mal parado.

Y es que los resultados del gobierno de Aureoles Conejo dejan mucho que desear en rubros como la seguridad y la transparencia en el manejo de recursos; por lo que suplantar la voluntad popular con la suya propia, levantaría animadversiones que trascenderían a los partidos opositores al mandatario michoacano.

Sin embargo, no resultaría extraño que Silvano acaricie la posibilidad autócrata de la reelección o la prolongación de su mandato. Sus mentores dentro del PRD, los chuchos, tiene una profunda concepción patrimonialista del ejercicio del poder público; no en vano ellos se asumieron como la encarnación misma de la voluntad de la militancia de su partido, excluyendo liderazgos y encapsulando, al punto de la inanición, a ese instituto político.

La autocracia silvanista, sin embargo, olvida que, tal y como lo escribiría Rousseau, el poder público “es tan solo una comisión, un cargo, por el cual simples empleados del soberano (el pueblo) ejercen en su nombre el poder de que les hace depositarios, y que él puede limitar, modificar y reivindicar cuando le plazca”.

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