Viernes 16 de Agosto de 2019
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Enrique Peña siempre ha sido muy propio: bien peinado, de modales impecables, un discurso articulado, planchado, y hasta hay quienes lo ven guapo. Sin embargo su paso por la Presidencia de la República no lo fue así, toda vez que los escándalos de corrupción estuvieron a la orden del día, y nunca fueron lo suficientemente aclarados. Hasta hoy rezumban esos vicios que no solo le pertenecían a Peña y su gabinete, sino a todo un sistema de complicidades en el que todos tenían un papel que cumplir si querían ser parte de ese sistema. Y me refiero no solo a políticos, sino también a empresarios, periodistas, mandos policiacos y militares, poderes internacionales, los malosos, y los ciudadanos que incumplen con las reglas.

Sin embargo, ese afán de simular el “orden” y la “impecabilidad” de la imagen de Peña, él la ha querido llevar hasta sus últimas consecuencias. Nada menos hace pocos meses, recién separado de Angélica Rivera “La Gaviota”, el expresidente no tuvo reparo en exhibir su sonrisa al lado de su nueva pareja sentimental Tania Ruiz, en un baile poco usual (no recuerdo haberlo visto bailando). Y el haber subido ese breve video alegre y bullanguero parecía decirnos –Aquí no pasa nada-, cuando en realidad está pasando todo, y parece que no quería observar la nueva realidad.

La elección del pasado 2018 fue un grito al unísono de más de la mitad de los mexicanos que viven en algún grado de pobreza, y que gracias a los nuevos medios de comunicación hubo un visor de hiperrealidad que los estuvo azotando todos los días en la cara porque se publicaban las excelsas áreas de la llamada Casa Blanca, el guardarropa millonario de Angélica y sus hijos, el hecho de que un funcionario utilizara el helicóptero de la oficina para su uso personal, los desvíos de los gobers preciosos, la estafa maestra, todo desarrollando una telenovela de fantasía que en vez de embelesar, agraviaba hasta el tuétano a quienes padecen de hambre, injusticia e infortunio.

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(Foto: TAVO)

Por ello, el baile de Peña en realidad nos dice tantas cosas:

“Soy el presi precioso y todo se me disculpa”; “Soy tan inteligente que dejé todo planchado para que nada me ensucie”; “Soy un galán y todas las puedo”; “Mi vida es perfecta, no sé la de ustedes, y en realidad, no me importa”; “Tengo el reconocimiento internacional y miles de fotos con gente VIP que me avala”; “Soy bien visto y bien recibido en los círculos de la gente bien, que es lo que importa”; “AMLO no se atrevería”; “La neta me vale, porque el sistema me protege. Si caigo yo, caemos todos…”.

Sin embargo no contaba con que Andrés Manuel López Obrador ya impuso su propio baile, un poco menos acompasado y de pasos nada armónicos, pero eso sí, bullanguero y alegre para las masas a quienes a él sí le importan, aunque sea para perpetuar su legado. Y al son que el nuevo presidente baila, todos tienen que acompañarlo.

Ahora se trata de otra pista, otro baile, incluso con unos cuantos pasos de slam que sacuden al sistema. Y no es nada glamoroso, pero sí es efectivo porque responde a lo que la audiencia quiere ver y escuchar.

Primero fue el abogado de Emilio Lozoya el que dejó entrever que su cliente es un chivo expiatorio de Videgaray y de Peña. Ahora el nuevo caso que inculpa a Rosario Robles también ya habla del teléfono rojo y del conocimiento del entonces presidente. La defensa de Rosario también indicó que José Antonio Meade fue advertido de las irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación en el acta de entrega recepción de la Sedesol, el 27 de agosto de 2015, cuando el excandidato presidencial asumió la titularidad de la dependencia y Robles fue nombrada titular de la Sedatu.

De hecho el juez de control Felipe de Jesús Delgadillo Padierna previo a vincular a proceso a Rosario Robles por ejercicio indebido del servicio público, consideró que si Enrique Peña Nieto fue informado por la exfuncionaria de los desvíos en Sedatu y Sedesol deber ser investigado.

Y es que mover los 20 mil millones de pesos de la estafa maestra es misión casi imposible para un grupito de tres o cuatro funcionarios, o que hubiesen sido de bajo pelo. También es casi imposible pensar que el que se supone era el mejor informado del país no estuviera al tanto de los movimientos que hicieron sus subalternos, si la evidencia resaltaba todos los días en los medios. Ni modo de que Enrique Peña no leyera los periódicos o las síntesis informativas de su oficina de prensa. ¿Qué acaso no veía que le mentaban la madre todos los días en redes sociales? ¿Nunca leyó acerca de la estafa maestra que destapó la organización Mexicanos contra la Corrupción? ¿O quizás sólo pensó que era un compló?

Pues ojalá Enrique Peña se sepa los nuevos pasitos de baile y sobreviva el guateque, porque para Andrés Manuel le queda claro la consigna de que “al pueblo pan y circo”.

Claro que me pregunto qué pasará también con Romero Deschamps, los nuevos funcionarios de Pemex acusados de conflicto de interés, etcétera, etcétera, pero eso es harina de otro costal.

Este nuevo baile ya está aquí y llegó para quedarse. Es el baile de AMLO y hay que saber bailarlo.

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