Alma Gloria Chávez
Día de la Mujer Indígena
Jueves 5 de Septiembre de 2019
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Instituído a iniciativa del Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en el año de 1982, el Día de la Mujer Indígena recuerda el brutal asesinato cometido contra Bartolina Sisa, valiente mujer aymara que a finales del siglo XVIII encabezó a las tropas quechua-aymaras que se oponían a la invasión española en territorio del actual Bolivia. Por ese atrevimiento y además por ser mujer, al ser apresada se le condenó a ser descuartizada en vida, un 5 de septiembre de 1782 la región de Tihuanacu.

Por un acontecimiento registrado en la historia colonial de nuestra América, hoy podemos reflexionar en esta fecha las aportaciones de las mujeres indígenas en la historia que todavía se niega a reconocer la riqueza de colorido, de lenguas, pensamientos y acciones con las que ellas construyen su pensar, su ser diferente y complementario, a pesar de todo.

Entrado ya el siglo XXI, nuestras hermanas indígenas siguen insistiendo que en los libros se hable de su historia, de sus pueblos, de sus luchas. Sin embargo, algo importante en muchas de ellas ha cambiado: saben que con su participación ya hacen historia y también entienden que cuando sus pueblos exigen reconocer su autonomía, ellas quieren una autonomía que tenga voz, rostro y conciencia de mujer, para poder reconstruir la mitad femenina de la comunidad que ha sido olvidada.

En 1995, durante el Encuentro Nacional de Mujeres de la ANIPA (Asamblea Nacional Indígena por la Autonomía) realizado en el Estado de Chiapas, una mujer de voz fuerte dijo: “Las mujeres somos la mayoría de los pobladores de nuestros pueblos y hoy no queremos seguir siendo la sombra de lo que hacen los hombres…” Sus palabras también se refirieron a cómo, cuando se habla del mundo indígena, muchos no indígenas sólo traemos a la mente imágenes que van, desde la majestuosidad de sitios arqueológicos, festividades, ceremonias comunitarias y misteriosos rituales, hasta danzas, artesanías o indumentarias tan bellas y elaboradas que portan orgullosos hombres y mujeres en ocasiones especiales. Pero sólo en contadas ocasiones pensamos en esa gente de carne y hueso que lucha día a día para sobrevivir manteniendo sus culturas ancestrales, en situaciones adversas y hasta dramáticas.

La vida es difícil para las diversas etnias del país, que invariablemente enfrentan situaciones de marginalidad y el constante deterioro de su entorno ecológico; que se ven en la necesidad de emigrar en busca de “mejores condiciones de vida” y en esa búsqueda se van alejando o perdiendo gradualmente sus tradiciones e idiosincracias: su propia forma de construir la vida y el mundo.

Seguramente no hay nada nuevo en esta reflexión, sólo que nos lleva al siguiente cuestionamiento: si los indígenas forman parte de culturas diferentes al resto de la sociedad… si esas expresiones culturales llegan a ser “motivo de orgullo” para ser mostradas a quienes viajan por nuestro territorio… ¿por qué la mayor diferencia está dada por las condiciones tan graves de injusticia y discriminación en que viven? Y además se les acosa, amenaza y agrede por defender lo que para sus culturas es lo más valioso y sagrado: la tierra, los bosques, el agua.

Bartolina Sisa, valiente mujer aymara que a finales del siglo XVIII encabezó a las tropas quechuaaymaras que se oponían a la invasión española en territorio del actual Bolivia.
Bartolina Sisa, valiente mujer aymara que a finales del siglo XVIII encabezó a las tropas quechuaaymaras que se oponían a la invasión española en territorio del actual Bolivia.
(Foto: Especial)

Todavía es frecuente escuchar aquí en Pátzcuaro, por ejemplo, una serie de expresiones con una tremenda carga discriminatoria y ofensiva para referirse a las y los indígenas, y lo más grave aún, permitiendo que suceda como algo natural. Aunque también hay que reconocer que afortunadamente la presencia indígena, lejos de amilanarse, se ha hecho más fuerte en los últimos cinco lustros.

Hoy saludo y agradezco esta presencia que nunca ha estado ajena en la vida de muchos hombres y mujeres que reconocemos en la raíz indígena parte de nuestra esencia y que entendemos que sumando acciones y voluntades, daremos forma a esa nueva sociedad libre de prejuicios, inequidad, discriminación y violencia.

La siguiente carta es para ustedes, amigas y hermanas purépecha:

Este día me resulta una significativa ocasión para saludar, por este medio, la presencia que merece nuestro reconocimiento y que hoy, por medio de sus personas se hace a todas las mujeres indígenas de esta región.

Mi nombre es Alma Gloria y soy una mujer mestiza nacida en el lugar que en tiempos de los más antiguos abuelos fué lugar sagrado, “donde los hombres se comunicaban con los dioses” o la “entrada al inframundo purépecha”, que en las sabias creencias, significaba dejar este mundo y pasar a formar parte del todo: lo que no tiene principio ni tiene fin. “Cuerauáperi”, me indicaron los mayores.

Mi madre, llegada de un milenario sitio ubicado en la Sierra Norte de Puebla, fué quien me hizo tomar conciencia, a temprana edad, cómo la sociedad dominante de este privilegiado lugar denominado Pátzcuaro, practicaba de manera tan natural la discriminación, sobre todo hacia las mujeres (seguramente porque ella, como la mayoría de hombres y mujeres en esta vida, la hemos recibido en más de una ocasión).

Yo agradezco esas enseñanzas que me han acompañado a través de mi existencia y han complementado todas las experiencias compartidas con hombres y mujeres indígenas y no indígenas, permitiéndome comprender que la falta de aceptación para una raíz tan profunda, como lo es la indígena, trae como resultado la crisis de identidad que hoy es sinónimo de sexismo, racismo y clasismo: la violencia de cada día. Igual que ustedes, mi compromiso ha sido y es luchar contra todo lo que no sea justo y nos lastime.

Sin embargo, y a pesar de tantas adversidades, en mi vida adulta reconozco a muchas mujeres como ustedes, de distintas edades y lugares de residencia, que también, cada día, realizan su mejor esfuerzo para reafirmar con entereza su capacidad de poder ser: agricultora, promotora, curandera, partera, artesana, reproductora de la fuerza de trabajo y custodia: del lenguaje, de las responsabilidades y saberes heredados.

Que mis palabras sean los abrazos que de todo corazón ofrezco a cada una de todas.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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