Estrellita M. Fuentes Nava
Los valores en México, ¿cuáles? y ¿por quienes?
Viernes 13 de Septiembre de 2019
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La revolución moral de la que habla el Presidente Andrés Manuel López Obrador en realidad se queda corta y comentaré al respecto en este texto. Pienso que sí es necesario reivindicar los valores más profundos de los mexicanos, pero a él no le queda decirlo dado que representa a la autoridad que tiene que establecer y garantizar el estado de derecho: no se trata de lanzar un sermón como en un púlpito o hacer circular una cartilla moral, que perdón, pero sale del contexto actual en el que vivimos. Quienes están conminados a ello somos todos, con un acento especial en las familias, en los maestros y en los líderes políticos, sociales y religiosos del momento; a AMLO sólo le corresponde aplicarlo junto con su gabinete, pero de manera silenciosa y efectiva.

Hay varios incentivos que pueden mover a los seres humanos, y en esencia sólo aprendemos a través del miedo (o el instinto de supervivencia) o por convicción (un anhelo superior, un sentido de trascendencia a la luz de la razón), de la cual esta última (la convicción) en el país se encuentra en una expresión mínima, por lo que tomará tiempo y habrá que reconstruirla. Así que como por el momento sólo nos resta el miedo, y ese está asociado a las penas y al castigo, en gran medida este país requiere urgentemente del fortalecimiento de sus instituciones y la aplicación a cabalidad de las leyes y códigos que se han construido para normar la convivencia. Por lo tanto, lo de “abrazos, no balazos” tampoco aplica en el contexto institucional.

La convicción por otro lado tiene que ver con la escala de valores: ¿qué tan convencido estoy de que la mejor elección es trabajar por el bien común y normar mi conducta en torno a ello? Esta se garantiza en función del entorno psico familiar y social en el que se desenvuelve un individuo. Tiene que ver con la formación, la educación, los referentes morales, los formadores, incluso los medios de comunicación. Es decir, está estrechamente asociado a las agendas de desarrollo social, humano y económico (porque ¿quién pensaría en el bien actuar con el estómago vacío?). Es una construcción común que toma tiempo, y es multi factorial, multi disciplinaria y holística. Por ello insisto, no se resuelve sólo con una cartilla moral.

Toda esta vertiente del actuar por convicción se decanta mucho en la educación, pero si volteamos a ver y nos preguntamos ¿quiénes educan a nuestros niños? ¿Quiénes son los verdaderos maestros que están por convicción, y quiénes lo hacen por un afán de lucro o de poder o en función de los intereses de grupos?

No se trata de lanzar un sermón como en un púlpito o hacer circular una cartilla moral.
No se trata de lanzar un sermón como en un púlpito o hacer circular una cartilla moral.
(Foto: Especial)

Ahora, el cómo encontrar las medidas, las acciones o los programas que nos puedan ayudar a la construcción de seres humanos con convicción y por ende con valores, tiene que ver con el diseño de las políticas públicas, y encontrar las mejores requiere de la creatividad y las ideas de todos. Necesitamos encontrar vías, maneras, para ayudarle a un chico de la región de Apatzingán para que tome conciencia de lo efímero que es el camino de la delincuencia en aras de tener los tenis de marca, la troca y la chica aunque sea por uno o dos años en lo que la muerte le sale al encuentro. También para hacerles ver a los padres que tienen ocho o más hijos que no es mediante la ayuda pública como van a resolver su problema, sino tomando conciencia de la responsabilidad de la paternidad, y del compromiso que tienen en educar, formar y conducir a cada uno de sus vástagos. Ayudarles a comprender a los agricultores que cultivan los enervantes que en su necesidad económica, están poniendo en juego el futuro de todos, y que quizás podrían encontrar otras alternativas de cultivos, sin atentar contra el bienestar común. Hacerles temer a los políticos y funcionarios públicos por si toman algo que no es suyo, e inculcarles la conciencia trascendente de que robando restan las oportunidades de una familia o de una comunidad para salir adelante.

Pero también como sociedad tenemos que reeducarnos: ¿qué valor le otorgamos al dinero, la moda o la marca? ¿En dónde está puesto nuestro pensamiento? ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Tenemos una escala de valores bien estructurada o es adaptativa en función de lo que mejor individualmente nos conviene?¿Qué tanto nos dejamos llevar por nuestras sombras internas siendo egoístas, gandallas, ególatras, valemadristas, lujuriosos, trogloditas, rateros, etc., etc.?

Porque sí entiendo la intención del Presidente cuando nos cuestiona qué clase de sociedad somos si no nos solidarizarnos para comprar un medicamento (aunque de nuevo a él no le toca decirlo, porque se supone que él es el del presupuesto que debe pagarlo); pero ello no nos exime de sí preguntarnos: ¿qué clase de sociedad somos si pasamos de largo viendo a alguien que tiene hambre, que está enfermo, o que necesita una ayuda? Los grupos delincuenciales dudo mucho que se cuestionen a sí mismos pensando en su mamacita; por lo tanto a ellos no resta más que aplicarles todo el peso de la ley, para así normarlos.

Tener una visión - país sin duda nos ayudaría mucho, pero el problema es que más que una idea suprema, a diario tenemos un mercadeo de ideas con tintes supremacistas que fragmentan, fracturan y dividen, y eso no nos sirve: que si Morena es la esperanza de México, mientras se patean sus miembros por debajo de la mesa; que si los del PRI tienen la experiencia cuando nos heredaron un régimen impregnado de la cultura de la transa; que si los del PAN son más honestos cuando ya vimos que algunos de sus miembros no lo son; que si lo de derecha es mejor que lo de izquierda, o viceversa; que si eres fifí o chairo… Ahora sí que fuchi y guácala con eso, como dijo el Presidente (que tampoco le quedaba decirlo).

Mejor vamos a poner en marcha nuevas rutas de diálogo y entendimiento donde todos nos reconozcamos por iguales y que cada quien aporte lo mejor que tiene desde su propia experiencia y visión. Avancemos también en la ruta de la transparencia y la rendición de cuentas, que ya está bastante encaminada gracias a las benditas redes sociales, y que para mí serán cruciales para normar a la sociedad en la que vivimos. Y preocupémonos por formar y formarnos como seres humanos de excelencia en todos los sentidos (obvio los que tengan la convicción de hacerlo, y a los que no pues ¡palo!).

El sentirse mexicano sin duda es un valor cohesionador infalible que alcanza hasta al mayor de los capos y más en estas fechas patrias. Quizás reconstruir nuestra identidad nacional que nos unifique y nos haga trabajar a la par por una meta común puede ser la vía. Ello ya nos lo demostraron los japoneses cuando se levantaron después de Hiroshima, Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, y perdón que lo diga, pero los norteamericanos nos llevan la delantera con su “Make America Great Again” (Hagamos grande a América otra vez), con todo y sus asegunes.

Los valores en México no se siembran con la semilla del discurso, sino con la de la acción. Hagamos un esfuerzo colectivo para hoy empezar y cosechar también entre todos un mejor futuro, que sea más próspero, justo, tolerante, y libre de nuestras sombras que nos limitan a nosotros mismos como mexicanos.

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