Aquiles Gaitán
Sin remedio
Martes 7 de Junio de 2016
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No es aventurado decir que el mundo se acaba, que en vez de celebración de júbilo por el Día Mundial del Medio Ambiente debemos rezar responsos en su agonía
No es aventurado decir que el mundo se acaba, que en vez de celebración de júbilo por el Día Mundial del Medio Ambiente debemos rezar responsos en su agonía
(Foto: Especial)

No es aventurado decir que el mundo se acaba, que en vez de celebración de júbilo por el Día Mundial del Medio Ambiente debemos rezar responsos en su agonía, al menos “La magnífica” que despide a los moribundos. ¿Cuántos años más durará la agonía de la Tierra? Los bosques de todo el planeta están siendo devastados, desde la Amazonia hasta la Sierra Morena de España o la Selva Negra de Francia, o los bosques michoacanos o los canadienses o los siberianos, la masacre rítmica y sistemática dejará para la historia del planeta Tierra la existencia de bosques y selvas con su flora y fauna correspondiente.
La política conservacionista no es suficiente, son puros buenos deseos, es político el asunto, desde los nombramientos de funcionarios hasta la farsa de la reforestación o los decretos, figuras virtuales, modalidades de la propiedad, de los llamados parques nacionales, zonas protegidas, reservas de la biosfera y todo eso que constituye la belleza en decadencia de lo que alguna vez fueron parajes primorosos, sitios de las divinidades, santuarios de la contemplación de la naturaleza en su expresión más pura, la silvestre.

Cierro los ojos para recordar los árboles gigantescos que he conocido y que las hachas y las motosierras han quitado la vida, para recordar los animales silvestres que he conocido vivos y muertos, para recordar los grandes manchones de hongos amarillos y trompas de puerco, de patitas de pájaro, de trompetas azules, ¡adiós, para siempre adiós!, para recordar los ojos de agua de los que emanaba agua cristalina que hoy se ha ido para siempre, para recordar los ríos limpios, los lagos azules y esa tierra linda donde yo nací, hoy es otro Michoacán, dicen ¡es un nuevo comienzo!

No voy a llorar porque no lloro, voy a levantar mi voz y mi puño cerrado lleno de rabia para protestar este Día del Medio Ambiente por la falta de acciones en favor del medio ambiente. Todo es de opereta, de cartón, empezando por el Partido Verde y los farsantes que lo acompañan, negocio del afamado Niño Verde, su papá y sus secuaces, que privó de un instrumento político a tanta gente de buenas intenciones que ante el desencanto prefirieron, como yo, mentarles su madre y que Dios los acompañe, ¡es político! Pero la ideología verde subsiste sobre todos los negocios, porque las ideologías no mueren; como dejó dicho Neruda en su “Canto a Stalingrado”: “Aunque mueran no mueren, porque los hombres ya no tienen muerte y deben seguir luchando desde el sitio en que caen, hasta que la victoria no esté sino en sus manos, porque otras manos rojas, en este caso verdes, cuando las vuestras caigan, sembrarán por el mundo los huesos de los héroes, para que su semilla cubra ¡toda la tierra!”.

La Tierra, el planeta Tierra, es aire, suelo, agua, en estrecha relación entre sí y con los seres vivos, entre ellos el hombre y no sólo aquí, si no en todas partes, el hombre altera el equilibrio de la casa, de la gran casa que es el planeta Tierra. No vamos muy lejos a ver basureros, Nueva York, Tokio, París, Nueva Delhi, aquí los tenemos con toda su crudeza, ya no digamos la Ciudad de México, que vive día a día su catástrofe de nubes de gases de monóxido de carbono, bióxido de azufre, cenizas y polvo, el gran canal y el drenaje profundo de aguas contaminadas que sacan el agua sucia de la gran ciudad, agua expoliada de mantos acuíferos de Michoacán y el Estado de México, de las montañas inmensas de desechos sólidos que tiran inmisericordes en los municipios aledaños del Estado de México. Pero todos los municipios, cada quien en su escala, contaminan y destruyen. Es cierto, como me dijo un gobernante michoacano, “no podemos tener a Morelia como si fuera el paraíso terrenal”, pero tampoco podemos tenerlo como si fuera un chiquero ni destruir lo poco que se tiene, los bosques del sur de Morelia nadie los cuida y son depredados día a día por madereros y huerteros, el basurero es un simple negocio y no resuelve nada, los ojos de agua nadie los cuida, ni aquí ni en todo el estado, ¡cuántos ojos de agua tenemos en Michoacán?, ¿quién cuida sus áreas de recarga? Añada usted el agua sucia de todos los municipios que tarde o temprano llega a los ríos caudalosos y finalmente al mar, que recibe los desechos humanos de todo el mundo. Ya de la ciudad de Pátzcuaro y el lago que se nos está muriendo, puedo decir que su futuro está asegurado, como el llano de Pátzcuaro, con carretera pavimentada a la Isla de Janitzio. Es verdaderamente criminal tirar, como lo han hecho desde que tuvieron drenaje, el agua contaminada de los municipios de Pátzcuaro, Erongarícuaro, Tzintzuntzan y Quiroga a la cuenca endorreica, al charco grande, al agua estancada y sin salida, del otrora bellísimo Lago de Pátzcuaro. ¿Solución?, no tiren el drenaje sin darle tratamiento, si cuesta mucho, pues habrá que pagarlo, pero además, cuidar el suelo de los cerros que lo circundan reforestando y aplicando medidas contra la erosión que finalmente, cuando llueve, arrastra el lodazal al lecho del lago.

Zirahuén está igual, si no se frena la deforestación, si no se limpia el agua de Santa Clara y el propio Zirahuén, irá por el mismo camino de su pariente el de Pátzcuaro.

Sé perfectamente que estoy predicando en el desierto, que estoy gritándole a la Luna, que estoy sembrando en el mar, que no es necesario repetir el discurso de García Márquez llamado “El cataclismo de Damocles”, pero así quiero celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente. Somos víctimas de la urbanización, somos nuestras propias víctimas que al destruir el medio ambiente nos estamos destruyendo nosotros mismos. Qué contestaría Walt Whitman si se volviera a plantear la pregunta de su poema “¡Salut au monde!”, de su libro inmortal Hojas de hierba. ¿Qué oyes Walt Whitman?, ¿qué ves Walt Whitman? Con los ojos de Walt Whitman, veo un Michoacán podrido que muere lentamente, pero además, sin que nadie haga nada, es decir, sin remedio.

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