Alma Gloria Chávez
Daños colaterales
Jueves 19 de Septiembre de 2019
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Una recordada amiga que adelantó su tránsito por este mundo, nos entregó la siguiente reflexión unos cuantos lustros atrás: -”Hurgando en la historia, mujeres de mi edad nos damos cuenta de cómo el autoritarismo y el control (disfrazado de múltiples personajes) han buscado mil y un pretextos para hacer de la guerra prósperos negocios y no permitir el desarrollo de sociedades libres, justas, sanas y felices.

Sociedades en donde las mujeres, sobre todo, no seamos tomadas como botines de guerra, como daños colaterales, o en el mejor de los casos, como objetos de placer y distracción”.

Actualmente y en vísperas de que mujeres de todo el orbe se encuentran preparando, a manera de acucioso balance, el Foro Internacional Beijing + 25, resulta necesario admitir que, por lo menos en nuestro país, no se ha dado cumplimiento a los compromisos adquiridos por parte de sucesivos gobiernos y el índice de feminicidios y actos que vulneran nuestros derechos de género, van en aumento...precisamente por la desatención que se ha tenido a esta problemática.

Respecto a los feminicidios, por ejemplo, además de ir aumentando las cifras, se observa con preocupación cómo van disminuyendo las edades de las víctimas: si en dos o tres lustros atrás se manejaba un perfil de cierta edad, ahora ya son niñas y adolescentes quienes pierden la vida a manos del machismo y la misoginia, en una sociedad y un sistema de justicia que estimulan, por su indiferencia y negligencia, la permisividad. Además, podemos afirmar que las acciones de orden preventivo brillan por su ausencia, limitándose a los anuncios y declaraciones emitidos para los medios de comunicación, que sólo quedan en discursos huecos y reiterativos de funcionarios y gobernantes… como sucede en nuestro Estado.

En el año 2016, por ejemplo, la agrupación civil michoacana “Humanas sin Violencia”, en voz de su presidenta, Circe López, alertó cómo la violencia contra niñas se daba como resultado del fenómeno contra las mujeres y cómo también se notaba ya, con preocupación, el nivel de incomprensión que desde la esfera gubernamental y del sistema de impartición de justicia se tenía y tiene del problema, que en reiteradas ocasiones llegan a “revictimizar” a mujeres vulneradas en sus derechos.

Recuerdo que en ese mismo año se ventiló, en medios informativos nacionales, la indignación que causó, en redes sociales, la presentación de un video de conocido cantante grupero (“exitoso” en la Unión Americana y en México) que con el título “Fuiste mía”, exaltaba pensamientos sexistas, agresivos y patriarcales envueltos en nociones de “amor romántico”, pero a fin de cuentas, misógino. Lo interesante de este caso, fué que dió pie a un debate (que continúa vigente) entre especialistas del tema, organizaciones feministas y de derechos humanos, académicos y educadores que han señalado en diversos foros, cómo muchos temas musicales, de todos los géneros, pueden ser considerados como incitadores a la violencia y además contribuyen a la cosificación de la imagen femenina.

El autoritarismo y el control han buscado mil y un pretextos para hacer de la guerra prósperos negocios y no permitir el desarrollo de sociedades libres, justas, sanas y felices.
El autoritarismo y el control han buscado mil y un pretextos para hacer de la guerra prósperos negocios y no permitir el desarrollo de sociedades libres, justas, sanas y felices.
(Foto: Especial)

Por supuesto que puede afirmarse cómo existe una estrecha relación entre esa música y la aspiración de niños, niñas y adolescentes que más tarde replican modelos violentos y de control en sus relaciones, o llegan a ser reclutados/as por la delincuencia organizada para pasar a formar parte de su brazo ideológico.

El costo social en el país, sobre todo a partir de que el ejército salió de los cuarteles y se “declaró la guerra a la delincuencia”, ha sido enorme. Se ha violentado no sólo la vida social, sino la misma constitucionalidad, porque entendemos que en un Estado de Derecho nadie debería necesitar permiso de las autoridades para salir de su casa y regresar a ella a cualquier hora del día o de la noche, es decir ejercitar el “derecho de libre tránsito” marcado en la Constitución. Sin embargo, han sido las autoridades, eludiendo su responsabilidad, quienes recomiendan “por nuestra seguridad” no salir de casa a determinadas horas, como sucedió en varias ocasiones en Michoacán y Jalisco, sobre todo en este último, donde hasta se llegó a promulgar una ley que prohibía a los jóvenes salir a la calle después de las 10 de la noche.

En el combate a la delincuencia se usa, en muchas ocasiones, la fuerza de los cuerpos de seguridad que violentan la integridad y los derechos de personas que no son delincuentes y para ocultar los excesos cometidos en su contra, se les fabrican delitos, llegándoles a acusar de estar coludidos o ser parte de grupos criminales. Y cuando se descubre que en realidad son víctimas inocentes, no falta quien haga la declaración de que las víctimas han pasado a engrosar las páginas de un expediente que da cuenta de los “daños colaterales” que deshonran a nuestra Nación.

Precisamente, un alto índice de asesinatos y vejaciones sexuales contra mujeres, han resultado autoría de quienes pertenecen o han salido de las filas del ejército, o de cualquier otra corporación policíaca. Y sólo se ha detenido o sancionado (y casi nunca juzgado) a un mínimo porcentaje de estos infractores, pues el mismo sistema judicial les protege.

La especialista y directora general del Programa de Asuntos de la Mujer y de Igualdad entre Mujeres y Hombres de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Elsa Guadalupe Conde Rodríguez, en una entrevista reciente ha señalado que para enfrentar el desafío del combate a la violencia de género, el Estado Mexicano requiere fortalecer sus instituciones y capacidades, así como reforzar los mecanismos de protección relacionados con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, como la alerta de violencia de género, las órdenes de protección (que al parecer en nuestro Municipio no se emiten) y otros programas de prevención para asuntos de género, que ni siquiera llegan a tener un presupuesto para echarlos a andar.

Esta entrevista, realizada el 8 de diciembre, hace énfasis en cómo la falta de justicia es uno de los principales problemas a enfrentar, pues al citar cifras del total de muertes de niñas y mujeres registradas, sólo un mínimo porcentaje fue consignado y de esos casos, en sólo el 10 por ciento se logró la consignación y detención del presunto responsable. “Hay una impunidad que persiste y es como una carta de permiso para que se sigan cometiendo asesinatos en contra de ellas (niñas y mujeres)”, declaró Guadalupe Conde. Y convencidas estamos muchas de que las vejaciones en nuestra contra son “sólo daños colaterales”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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