Ignacio Hurtado Gómez
AULA NOBILIS
Sociedad despolitizada
Miércoles 25 de Septiembre de 2019
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Si se sigue, entre otros, la línea de pensamiento de Nicolás Tenzer, se podría pensar que estamos, en el caso nuestro, frente a una “sociedad despolitizada”.

Para soportar tal afirmación, en primer lugar tendríamos que convenir que, coincidiendo con muchos teóricos de la política, estamos frente a una crisis global en donde los Estados, los partidos y distintos sectores sociales se han quedado sin referencias, sin liderazgos, sin mediaciones que ofrezcan alternativas o propuestas a la de los esquemas dominantes.

En ese sentido, políticamente hablando, esa crisis se traduce en déficits de credibilidad, gobernabilidad y de agotamiento de las formas tradicionales de la representación política-partidaria. Y por ello, es que cobra mayor interés la idea de la sociedad despolitizada.

Cinco son los factores que evidencian tal despolitización. Tropicalicemos esos factores al caso nuestro.

Un primer elemento es el estrechamiento del espacio político. Durante mucho tiempo la política fue el espacio donde se expresaban las necesidades y demandas y transformaba a los individuos y organizaciones en actores políticos de primer orden; sin embargo, con el desgaste del Estado, particularmente del conocido como el Estado de bienestar, el espacio público se ha venido estrechando cediendo su lugar a lo privado, y por tanto transformando la idea del consenso a algo insignificante. Más aún, ese espacio público, al margen de los actores, igualmente se ha venido desvaneciendo.

De la mano con lo anterior, pareciera que también estamos asistiendo a la desaparición de los debates públicos de contenidos. Es cierto, pudiese argumentarse que la libertad de expresión hoy en día se ha visto potencializada por los medios de comunicación, y particularmente por las redes sociales, sin embargo, en los hechos los supuestos debates están dirigidos hacia temas en ocasiones menores, sin un contenido público de trascendencia que intente recuperar esos valores o referentes, menos aún que impulse liderazgos importantes.

Es cierto, ya lo dijimos, existe cierta coincidencia en creer que la sociedad está molesta, enojada, y a pesar de ello, es evidente la ausencia de una deliberación o debate público de replanteamientos, y de recuperación del espacio público y político, pues no existe consenso o confrontación pública y democrática sobre política sustantiva, sobre cuestiones de fondo más allá de hechos cuestionantes, de eventos coyunturales, más allá de #ladies, #gentleman o #lords.

Estamos frente a una crisis global en donde los Estados, los partidos y distintos sectores sociales se han quedado sin referencias, sin liderazgos, sin mediaciones que ofrezcan alternativas o propuestas a la de los esquemas dominantes.
Estamos frente a una crisis global en donde los Estados, los partidos y distintos sectores sociales se han quedado sin referencias, sin liderazgos, sin mediaciones que ofrezcan alternativas o propuestas a la de los esquemas dominantes.
(Foto: Especial)

Otro factor que también debemos ponderar en esta “despolitización de la sociedad”, tiene que ver con el ocultamiento de los fundamentos históricos doctrinales que han desaparecido de la escena política, y que va en línea con la afirmación de que hoy en día, las causas ideológicas de la lucha y división políticas han dejado de existir, las líneas de conflicto ideológicamente hablando cada vez se diluyen más, y con ello las identidades también se ven trastocadas al no tener de donde alimentarse.

Estamos pues, o al menos eso pareciera, ante la ausencia de una sociedad y una opinión pública deliberantes.

Es cierto, junto con el enojo y la molestia, también se cuestiona, se señala, se descalifica, se exhibe y se exige, también se grita y se reprocha, pero no se debate, no se delibera sobre lo fundamental, no se construye a partir de la diferencia, ni se definen consensos comunes, por lo que solamente se alimenta un antagonismo entre la sociedad y la propia política, entre la sociedad y los políticos.

Vamos, ahora hasta la confección de una Constitución se sujeta a reglas de competencia electoral en donde necesariamente unos ganarán y otros perderán.

Pero regresando y por último, en el pensar de Tenzer también se habla de la imposibilidad que tiene la sociedad de reconocerse a sí misma, lo cual, de la mano con los avances tecnológicos, la globalización, aunado a la perdida de referencias y con ello de identidad, la sociedad que si bien mantiene relaciones de solidaridad, también lo es que va perdiendo un sentido de pertenencia a la sociedad misma. Es más difícil reconocerse pues, como parte de esta sociedad nuestra.

Ahora, si todo lo anterior es así, ¿qué implicaciones tiene para nuestro régimen democrático el tener una sociedad despolitizada?

Simplemente devastador. Pues la democracia tiene como presupuesto la existencia de una sociedad abierta y activa políticamente hablando. Tiene como base la existencia de una ciudadanía deliberante sobre los asuntos que nos conciernen a todos y que nos son importantes a todos. Tiene como base la reflexión y critica como reflejo de libertad y pluralidad.

Una sociedad y una ciudadanía que no reflexiona, que no delibera, que no debate, está destinada a su despolitización y a alimentar un déficit democrático que tarde que temprano terminará cobrando factura en contra de los derechos humanos.

No por algo se ha pensado que la democracia como tal debe ser siempre un factor de recomposición de la sociedad y del Estado constitucional y democrático.

Lo paradójico del asunto es que, para poder impulsar esa recomposición se requiere de una sociedad politizada –no politiquera– que a través del debate y la deliberación sobre lo fundamental sea motor de esa recomposición tan necesaria y anhelada. Al tiempo.

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