Rafael Calderón
ELEGÍA DEL DESTINO
David Huerta y su concomitante fijeza lírica
Martes 15 de Octubre de 2019
A- A A+

En esta cuarta entrega la idea central es reconocer el lenguaje literario de David Huerta y nada nos extrañé salvo el significado y la realidad con que enfrenta el idioma y sus exploraciones y dominios, y conocer el tejido de las palabras: la sublimación separa su escritura de un espacio para ingresar a la búsqueda de la ciudad donde vive y recordar que surge la apetecida voluntad del espíritu literario y la separación del autor. Todo final de un poema es inesperado, desemboca en la lectura amena y más de las veces el personaje es él mismo. Casi autobiografía o la crónica de una época; resumen exacto de lo que dice y no dice, capta, se oye constantemente, habla de la muerte, pero dice confesiones en el verso y nombra el mediodía. Es una confesión plenamente registrada por poderes verbales para mantenerse presente. Después de publicar varios títulos de poesía su nombre, su lugar, son parte de una nueva generación literaria de poetas mexicanos que buscan evolucionar la escritura poética por otros medios, dejan atrás por lo mismo, el rumbo de la poesía que lo influía de forma determinante.

Vaya que sí, la poesía a David Huerta está llevando al encuentro de una biografía apresurada con aires de libertad. En su interior, esos versos dejan salir una confesión, determinan su fe poética. Dice en el poema aquel que se llama «Máquina biográfica»: «Algo quemaba en ti la desolación de la tarde,/ una imagen perdida entre las islas, en la delgada sombra y tu cabello,/ un sabor de magnitud de los bordes del cuerpo, bajo la sangre excesiva y oscura». En ese orden, la ruptura congruente surge: «Nueve años después», fechado en octubre de 1977. Ahí está el germen entre la poesía y la protesta social, toman rumbo, dejan huella. Este es el poeta que lucha, reinventa su lugar con la palabra y el acto de la escritura.

No es ajeno a la situación de violencia que los estudiantes vivieron aquel octubre del 68. El remate: «Cada tema entra alguna vez en el claroscuro de la palabra que lo convoca». Es, «la cosa, la mera cosa rala y directa, cede a la ola del lenguaje». Es parte de la convicción que, para entonces, ya ronda las tres primeras décadas de vida. Una etapa perfecta para ubicar su estación y madurez consciente del lenguaje que explora y marcar esa búsqueda condicionada que se reflejada en El espejo del cuerpo.

Con este título, bien podemos decir que cierra un ciclo, cumple un designio: es por lo mismo este título parte determinante de su biografía literaria. Tiene la suerte de ser un texto unitario que se refleja por grandes fragmentos. Me explico: la estructura es una cantata por una serie de poemas pero el corte, el ritmo, su ondulación melódica, aparecen y brilla con esa fuerza única. Es un espejo, un sesgo, un círculo, el talle, una alianza. Estas interrogantes marcan apartados definidos para hablar de la intensidad del verso medido, irregular, decantar la presencia de estos reflejos. Todo junto postula, teje y desteje transfiguraciones. Dice: «Flores bajo la nieve, bajo los pies desnudos/ de la bailarina enloquecida./ Ella funde la nieve/ y se convierten las flores/ en una sandalia ceremonial./ La locura es un fuego de vértigos en el cuerpo desnudo/ de la bailarina: danza, su movimiento/ es un haz de llamas resplandecientes en el frío del mundo».

Guarda aquí una impresión particular la bailarina, su estructura, la distribución del verso, gana y acelera la mirada, sostiene el ritmo de inicio a fin, su impacto es tanto por las palabras como por los giros que denotan instantes casi maravillosos: «haz de llama resplandeciente…». Figuraciones detrás del cuerpo, la danza. Es o no es pero está presente. «Bailas y brillas bajo la inmensa noche».

La poesía de David Huerta para el periodo 1972-82 es que son cinco títulos de la poesía los que ha publicado y abren puertas para la interpretación del itinerario de estos diez años. Vistos con perspectiva tanto El jardín de la luz como Cuaderno de noviembre, Huellas del civilizado, Versión y El espejo en el cuerpo imponen una nueva dinámica, permiten reconocer su estilo: la forma vesicular y el lenguaje por imágenes señaladas como presencia por sus lectores y desde luego, revisadas por algunos críticos. Está reflejado con estos títulos el encuentro de una identidad, pero sin detenerse en el efecto final de las palabras. Esta etapa refleja la calma impactante de la escritura y sus posibles significados.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La poesía de David Huerta después de “incurable”

David Huerta y su concomitante fijeza lírica

DAVID HUERTA Y SU CONCOMITANTE FIJEZA LÍRICA

David Huerta y su concomitante fijeza lírica

David Huerta y su concomitante fijeza lírica

La voz poética de Miguel León-Portilla

Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía

Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía

Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía

Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía

La persistente fascinación de José Emilio Pacheco

AMLO y la cuarta transformación política de México

Ida Vitale

Del premio estatal de las artes Eréndiera

Un recuerdo para José Antonio Alvarado

190 años de poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Morelia: 190 años en la poesía

Gerardo Sánchez Díaz; profesor emérito

Homenaje al poeta Virgilio

Homenaje al poeta Virgilio

AMLO: misión cumplida

Una edición excepcional: libertad por el saber

Escribir es recobrarse: Octavio Paz

Mallarmé dado a la luz por Ximena Subercaseaux

Octavio Paz: homenaje a una estrella de mar

La Universidad Michoacana y la trayectoría de los rectores

Ante la muerte de Nicanor Parra

Contraelegía: José Emilio Pacheco

En honor del novelista Jaime Martínez Ochoa

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Contraelegía: el centenario de Raúl Arreola Cortés

Las concordancias del verbo o 70 años de Gaspar Aguilera Díaz

“La muerte del Quijote”, poema de José Antonio Alvarado

José Antonio Alvarado, in memoriam

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana

El Café del Prado, en el Centro Histórico de Morelia

La poeta Margarita Michelena

Pedro Garfias, 50 años después

La hora de la política: el regidor Osvaldo Ruiz Ramírez

Lucía Rivadeneyra: “Cuenta la estoria”

Pedro Garfias 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Ramón Xirau y la poesía iberoamericana

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Pedro Garfias, 50 años después

Diario, páginas extraídas

El pensamiento lírico de Odisseas Elytis

Alfonso Reyes: Un puñado de citas gongorinas

Las visitas a Paseo del Guamúchil

La generación del tercer milenio

La generación del tercer milenio

Lucía Rivadeneyra: De culpa y expiación

La ruptura generacional de la poesía michoacana

Para gozar la poesía de José Antonio Alvarado

La ruptura generacional de la poesía michoacana

La ruptura generacional del medio siglo en la poesía de Michoacán

Juan Bañuelos, in memoriam

Alfonso Reyes y la ciencia de la literatura

Los pasos políticos de un peregrino

Corona de llamas: “Tu piel vuelve a mi boca”

Laboratorio para una poética del siglo XXI

La ciencia de la literatura de Alfonso Reyes

Gaspar Aguilera Díaz, entre el blues y el jazz

La Ilíada: traslado de Alfonso Reyes

Noticias de las Tesis filosóficas de Morelos

Yo no estoy a favor de los adeptos: André Breton

Gaspar Aguilera Díaz: la escritura en movimiento

Alfonso Reyes o la Grata compañía

Alfonso Reyes y su constancia poética

El turno y la presencia de Manuel Ponce

El turno y la presencia de Benjamín Fernández Valenzuela

El turno y la presencia de Concha Urquiza

El turno y la presencia de Enrique González Vázquez

El turno y la presencia de Carlos Eduardo Turón

Diario, páginas extraídas

El turno y la presencia de Tomás Rico Cano

El turno y la presencia de Francisco Elizalde García

El turno y la presencia de Alejandro Avilés

El turno y la presencia de Marco Antonio Millán

El turno y la presencia de Alfonso Rubio y Rubio

El turno y la presencia de Alfonso Méndez Plancarte

El turno y la presencia de Francisco Alday

El turno y la presencia de José Luz Ojeda

El turno y la presencia de Ezequiel Calderón Gómez

El turno y la presencia de Gabriel Méndez Plancarte

El turno y la presencia, una introducción

El turno y la presencia. Una introducción

El turno y la presencia: una introducción

Esbozo y acercamiento

Porfirio Martínez Peñaloza (1916-2016)

León Felipe, intrépida metáfora

Leer al poeta Rubén Dario

La Presea Generalísimo Morelos para José Mendoza Lara

Leer al poeta Rubén Darío

Rubén Darío, Del símbolo a la realidad

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rúben Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío

Leer al poeta Rubén Darío