Alma Gloria Chávez
66 años del voto femenino en México
Jueves 17 de Octubre de 2019
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Para muchas mujeres que participamos en diferentes acciones ciudadanas, el 17 de octubre de 1953 resulta una fecha meramente conmemorativa que nos obliga recurrir a la historia y no pensar en que ese día “nos fue otorgado el derecho a votar”. Recordemos que ha sido la participación femenina en las distintas etapas de la vida nacional, no exenta de luchas en las que han dejado la vida muchísimas valerosas mujeres, que con frecuencia han sido soslayadas por la historiografía oficial, la que ha traído como consecuencia que ahora hablemos de derechos específicos de género y que aspiremos a conformar una nación incluyente, justa y verdaderamente democrática.

Apenas a principios del siglo veinte, mujeres de la clase media ilustrada y las obreras, aparecieron con una fuerte presencia en el mundo de lo público y, por tanto, con mayores elementos para cobrar conciencia de su situación de género y de clase.

Las grandes depresiones económicas mundiales (provocadas, sobre todo por los conflictos armados) empujaron materialmente a las mujeres a penetrar en el mercado laboral y al sentirse capaces de producir riqueza (económica) y no sólo hijos o casas limpias, las mujeres empezaron también a acercarse a la vida pública del país, a integrarse en organizaciones y movimientos sociales y, sobre todo, en aquellos que luchaban por demandas específicas de género (recordemos a las obreras de Estados Unidos y de Nueva York, especialmente).

En el país, en los años 40’s, las maestras fueron las protagonistas principales de esas demandas (de género), ya que su participación laboral las hizo conscientes de la evidente desigualdad ante los compañeros varones y así se convirtieron en la avanzada del cambio. También las obreras tuvieron un papel significativo, ya que en el Congreso Obrero de 1876 ya se había planteado la necesidad de luchar por la dignificación del género, a causa de la doble jornada de trabajo (fuera y dentro del hogar) y el consecuente descuido de las/os hijas/os.

Durante el período Cardenista, entre 1935 y 1938, los grupos de mujeres encontraron un cauce adecuado de expresión: el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, que agrupó a mujeres obreras, de clase media y alta, ilustradas y analfabetas, católicas y comunistas, llegando a alcanzar un número aproximado de 50,000 organizadas en 25 secciones. El Frente era independiente del Estado y llegaron a tener una claridad teórica: “El problema de la mujer, no sólo es de clase; con la clase trabajadora las mujeres tenemos causa común y causa diferente”.

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(Foto: Cambio de Michoacán)

Hubieron de pasar varios años más, para que como una necesidad política evidente, fuera otorgado el derecho al sufragio, norma básica para equiparar a la mujer jurídicamente con el hombre y para que el Estado se modernizara. Miguel Alemán “lo permitió” en 1947 para los comicios municipales, y Adolfo Ruiz Cortines para los nacionales en 1953. Muchos políticos que pusieron obstáculos para que las mujeres sufragaran en el período Cardenista, ahora lo justificaban claramente, de acuerdo con una línea de crecimiento capitalista que requería la igualdad legal de los individuos, cuando además las naciones más desarrolladas incluían el voto femenino entre sus normas fundamentales.

Hoy hemos llegado al momento en que nuestro sufragio (no sólo el femenino) debe ir respaldado por los principios ciudadanos que nos permiten normar las relaciones sanas, justas y equitativas desde la familia, en el trabajo y en la comunidad. Primeramente, entendiendo que más allá de las diferencias ideológicas que tanto nos separan (sobre todo en tiempos electorales), cada una de nosotras tenemos la posibilidad de contribuir en la construcción de una vida mejor, porque al ejercitar la ciudadanía, se tiene el poder en las manos para actuar y defender los derechos propios y de los demás, dejando de lado la idea de que los problemas sociales, económicos, ambientales y políticos que nos agobian cada día son sólo responsabilidad del gobierno y que sólo él los resolverá.

Recordemos que somos las personas, la gente, la comunidad, quienes podemos y debemos proponer modificaciones en la forma de gobierno, pudiendo además exigir a los gobernantes un informe de sus acciones conforme a derecho. Pero igualmente, tenemos el deber de opinar sobre las formas en que se gobierna y lo que se hace (preferentemente de manera constructiva, propositiva), de expresar ante nuestros representantes propuestas y sugerencias y exigir la erradicación de cualquier forma de autoritarismo y corrupción en su ámbito de trabajo.

Además de pertenecer a un padrón electoral, tener credencial de elector y acudir a votar, necesitamos informarnos, participar y organizarnos. Así es como se adquiere el rango de ciudadano/a, en cualquier lugar y a toda hora. Adquirir este tipo de compromiso significa entregar nuestra palabra y actuar por aquello que estamos dispuestas/os a respetar, pues ello nos asegura un ambiente de confianza y oportunidades de unir esfuerzos con otros y otras para salir adelante en cualquier situación. Un compromiso, va más allá de una mera obligación.

Actualmente en el país, a partir de la modificación del Artículo 41 Constitucional para impulsar la igualdad política de las mujeres, la paridad en el registro de candidaturas para puestos de elección federales y estatales, por la vía de mayoría relativa y plurinominal comenzó a dar sus frutos desde la elección intermedia de 2015, por lo que la Cámara de Diputados quedó integrada con un 42 por ciento de la representación femenina. Pero el mejor logro de esta reforma constitucional se reflejó en el proceso electoral del 1º de julio de 2018, que arrojó una integración de 49 por ciento de mujeres en la Cámara de Diputados y del 51 por ciento en la Cámara de Senadores.

Lamentablemente, a la par de una mayor representación política femenina en los cargos de elección popular, también creció la violencia política contra las mujeres en razón de género, lo que alertó a diversas instituciones de los tres poderes de la Nación y a los órganos encargados de organizar y procurar justicia en los procesos electorales, por lo que de forma coordinada, se realizaron diversas acciones que culminaron con la suscripción del Protocolo para la Atención de la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, publicado en 2017. Una herramienta para el mecanismo de denuncia de actos u omisiones cometidos contra mujeres y que violenten nuestros derechos políticos. La instancia encargada de atender este tipo de violencia contra mujeres que participan en la política del país, es la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE).

En esta fecha (17 de octubre) conmemorativa del 66 aniversario del voto femenino en México, damos la bienvenida a muchas jóvenes que empiezan a ser parte de un compromiso ciudadano: transformar la realidad con acciones propositivas, legales, auténticas, pacíficas y creativas.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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