Estrellita M. Fuentes Nava
Intuición y razón
Viernes 1 de Noviembre de 2019
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He estado leyendo mucho acerca del proceso de la intuición en el ser humano, entre textos que refieren a la física cuántica y los que refieren a su aplicación real en el mundo laboral. Mi conclusión es que para operarla en nuestro cotidiano sí es bueno emplearla, siempre y cuando nos basemos en una serie de conocimientos previos o incluso datos bien fundamentados.

Inicio con la perspectiva científica y cuántica: los investigadores a la fecha siguen trabajando bajo modelos newtonianos que fueron desarrollados en la época del 1600 y buscan seguir diseccionando el universo partícula por partícula: así ya se toparon con los átomos; los neutrones, electrones y protones, luego los quarks, leptones y más, pero en la parte más elemental sólo han encontrado el vacío, la nada. Hablando desde la perspectiva cuántica podría pensarse entonces en una inteligencia que existe en todas partes y se mueve a través de nuestras células y en cada átomo de objeto que nos rodea. Es esa inteligencia que permite que los átomos se mantengan cohesionados y no explotemos, que la gravedad esté equilibrada y nos mantenga pegados a la Tierra y no salgamos disparados al espacio, o que las mariposas Monarca por ejemplo sepan perfectamente la ruta para transitar de Canadá hasta México.

Al respecto se habla de los campos morfológicos, término que fue acuñado por el biólogo británico Rupert Sheldrake y que refiere por ejemplo en el tema de la conducta, que conforme ciertos patrones se van repitiendo generación tras generación, se van fijando y se heredan aunque las generaciones jóvenes no tengan contacto con las generaciones pioneras. Para explicarlo de una manera más sencilla: hoy un bebé nacido en el margen de la generación Alfa tiene mayor facilidad para manejar un dispositivo celular, un control de la televisión o una computadora que los que somos de la generación X. Las generaciones más jóvenes han estado expuestas a la tecnología por lo que es más fácil para ellos avanzar en ella. Otra situación es por ejemplo los animales que viven en cautiverio en los zoológicos sin sus padres, ¿cómo es que aprenden sin saber que son tigres, leones o perros, y repiten exactamente las mismas conductas que las de su manada? Ello incluso está documentado en estudios de laboratorio.

Hay otros autores como Gregg Braden y Lynne McTaggart que hablan de “el campo” que es como una gran red en la que todos estamos interconectados. En este gran campo todos tenemos acceso a una gran biblioteca de información y conocimiento a la que cualquiera de nosotros puede acceder. Para ilustrarlo, Malcolm Gladwell documentó que hasta 1922 había registros de 148 descubrimientos científicos de primer orden que fueron descubiertos en países distintos al mismo tiempo: así por ejemplo Newton y Leibniz descubrieron el cálculo infinitesimal de manera independiente y paralela; Darwin y Rusell Wallace la teoría de la evolución; el oxígeno lo descubrió Joseph Priestley en 1774 en Wiltshire y Carl Wilhelm un año antes en Upsala. En 1611 hubo cuatro estudios independientes de las manchas solares por Galileo en Italia, Scheiner en Alemania, Fabricius en Holanda y por Harriot en Inglaterra. Y como estos, decenas de casos más, todos en tiempos donde no había ni internet, ni Facebook o Whatssup para conocer qué estaban haciendo uno y otro, estando en países distintos y con una diferencia de tiempo mínima.

Ahora me muevo a las ciencias de la conducta humana que nos dice nuestros procesos cerebrales son tan rápidos que tomamos decisiones en fracciones de segundos, todo basado en el instinto, la intuición, el gusto y el corazón: desde elegir un menú para ordenar comida; si la persona desconocida que acabo de conocer me inspira confianza o no, o el llamado sexto sentido que tienen las madres para detectar cuando un hijo está en peligro. Se habla que tenemos tanto bagaje informativo y mapas neuronales preelaborados que nos permiten codificar y decodificar imágenes, sensaciones, datos en tiempos que comprenden millonésimas de segundos, por lo que podemos elegir o actuar casi por instinto.

Newton y Leibniz descubrieron el cálculo infinitesimal de manera independiente y paralela.
Newton y Leibniz descubrieron el cálculo infinitesimal de manera independiente y paralela.
(Foto: Especial)

Ahora, nos trasladamos al mundo corporativo. ¿Qué tanto funciona eso de la intuición en él? Pues hay resultados interesantes. Está el caso de Mayoshi Son, fundador de SoftBank Group Corp., un multimillonario inversionista de quien se dice actúa más como Yoda (el personaje de la Guerra de las Galaxias) que como Warren Buffet, ya que le gusta “sentir la fuerza” cuando evalúa una oportunidad. Su habilidad consiste en tomar en cuenta el instinto por encima de los flujos de caja, lo cual le ha permitido tener grandes triunfos. En el 2013 hizo una arriesgada operación de adquirir una empresa finlandesa desconocida desarrolladora de videojuegos Supercell por 1.5 millones de dólares, para vender tres años después su participación en 8.6 millones de dólares. Sus allegados narran que este personaje “sentía química” con el fundador de la empresa finlandesa. En pocas palabras, le “latió”.

De hecho las investigaciones muestran que la mayoría de los líderes empresariales confían en la intuición por encima de la analítica. Al respecto hay un sondeo realizado por KPMG LLP donde entrevistaron a CEOs resultando que sólo el 35% se apoya en los datos de su organización; es decir, dos terceras partes lo hacen por instinto.

También recuerdo haber leído por ahí acerca de otro estudio en el que se evaluaban el número de aciertos de elecciones cruciales en corporativos elegidas por eruditos de alto perfil que cobraban una millonada, con respecto a lanzar una moneda al aire, y resultaron casi igual en el número de aciertos (voy a buscarlo y después les escribo acerca de ello). Para Cassie Kozyrkov, directora científica de decisiones en Google señaló en un artículo publicado en Harvard Business Review que los datos no son infalibles, y que de forma similar a la intuición, son maleables y pueden ser distorsionados para confirmar prejuicios preexistentes.

A manera de conclusión, evidentemente el mensaje no es que nos lancemos todos a toma decisiones solamente basándonos en el instinto, porque por ejemplo yo no podría decidir un proceso quirúrgico, ni los predecir movimientos en la Bolsa de Valores. Sin duda se requiere de competencias, capacidad, conocimiento, entrenamiento, y práctica en nuestra muy particular área de desempeño. Pero tampoco se puede desdeñar el instinto o la intuición, ya que una dependencia en exceso hacia los datos entume nuestra capacidad de razonar y aletarga la habilidad de tomar decisiones rápidas en el momento en el que se ocupa.
Pienso que la práctica y la experiencia nos permiten desarrollar un olfato muy personal, y entre todos nos complementamos. De ahí la necesidad de hacer equipos multidisciplinarios para que entre todos formulemos las mejores decisiones.

Finalmente, a manera de corolario, me gustaría destacar que como mexicanos a nuestra naturaleza le encanta actuar por instinto al punto que hasta en nuestro argot cotidiano empleamos expresiones como “corazonada”, “me late”, etcétera, etcétera. Pero sin duda sería mucho mejor si tomáramos decisiones bien planeadas. Un poco de todo como es en la vida, con equilibrio…

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