Alma Gloria Chávez
Para recordar a doña Tere
Jueves 21 de Noviembre de 2019
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“No es de Pátzcuaro, pero lo ama más que los que nacimos aquí. Ha luchado para que la arquitectura virreinal de la ciudad siga siendo el orgullo de Michoacán y de México pues, como dice ella: destruir el pasado que está en los edificios, plazas, fuentes y calles, es borrar el legado cultural e histórico de un pueblo que una vez fue la capital de una de las provincias más ricas de la Nueva España.

También es gran defensora de los artesanos de nuestro Estado y ha sabido orientar a cada uno de ellos cuando se acercan a su persona. Si esta mujer hubiera vivido en el siglo XVI en Pátzcuaro, hubiera sido una gran ayuda para el trabajo que realizara Tata Vasco con la organización de los pueblos.

De carácter fuerte, pero a la vez de alma bondadosa, quien acude a ella a solicitar ayuda económica o consejos, no se va defraudado; por esas razones y muchas más es querida y respetada en todos los círculos sociales, políticos y culturales de esta ciudad y del Estado.

A quien me refiero, es a la señora Teresa Dávalos Maciel de Luft, directora del Museo Regional de Artes Populares de esta ciudad. Teresita, como la llamamos la mayoría de los que vivimos aquí, o “Teté”, como lo hace mucha gente que está relacionada con la vida cultural de nuestro país.”

Estos párrafos, extraídos del libro “Pátzcuaro en la Memoria de sus Hijos”, hoy me resultan los adecuados para recordar a Doña Tere Dávalos y también a quien así la describió: Enrique Soto González.

María Teresa Dávalos Maciel nació en la ciudad de México y su trayectoria como etnóloga y museógrafa se remonta a la década de los años cincuenta del siglo veinte, cuando inició sus trabajos en el Museo Nacional de Antropología e Historia en aquella, la capital del país. En el año 1954 fué invitada a integrar parte del equipo formado por el maestro Fernando Gamboa, que tuvo el encargo de llevar una exposición de Arte Mexicano a la Feria Internacional de Bruselas y luego a recorrer varios otros países de Europa, Asia y África, con el objetivo de dar a conocer nuestra cultura mediante piezas e información gráfica, abarcando desde la época prehispánica a la contemporánea, ante los ojos del mundo. En Alemania conoció al pintor Enrique Luft Pávlata, con quien casó y procreó una hija: Rafaela.

Con esta importante y enriquecedora experiencia, Ma. Teresa Dávalos regresó al país, integrándose de inmediato a otras labores propias del Instituto Nacional de Antropología e Historia, desde donde se le encomendó, en el año 1960, la dirección del Museo de Artes e Industrias Populares de Pátzcuaro, lugar que ella misma eligió, encontrando en estas tierras el campo propicio para desarrollar sus actividades y conocimientos en técnicas artesanales.

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(Foto: Especial)

Por su iniciativa, el Museo de Pátzcuaro definió una interesante propuesta museográfica artesanal, además de la obtención de importante presupuesto para realizar, en los años 70’s, trabajos restaurativos y de consolidación arquitectónicos, que llevaron a la localización de vestigios precolombinos en el lado oriente del sitio, sede original del Antiguo Colegio de San Nicolás (1540 aprox.).

Teresita, o “Nana Teté”, como le llamaban cariñosamente artesanos/as indígenas llegados de los diferentes puntos de la región p’urhépecha, fue promotora de la Feria Artesanal de Pátzcuaro; orientadora incansable de la labor artesana para que no perdiera su regionalismo y creatividad. Defensora apasionada de la conservación del aspecto típico de la ciudad, de la que resultó celosa inspectora comisionada por el INAH. Y junto a reconocidas personalidades, como la señora Carolina Escudero viuda de Mújica, impulsora de diversas muestras, exposiciones y eventos artesanales, así como concursos florales, que despertaron el interés y la participación de los habitantes de la ciudad y lugares circunvecinos.

Este año se cumplen 34 del fallecimiento de Teresita, ocurrido en la ciudad de Morelia, el día 21 de noviembre del año 1985. Y tal vez uno de sus importantes legados es el cariño y respeto que tuvo siempre hacia las manifestaciones artesanales y ante todo hacia hombres y mujeres que con su sencillez y laboriosidad dotan de riqueza, identidad y valía a esta región.

Ella fué de las personas que participó activamente para organizar esas auténticas ferias artesanales, respetando, ante todo, la convocatoria que de manera tan natural hacían los festejos religiosos patronales dedicados a la Virgen de la Salud, del 1 al 10 de diciembre, que ofrecían la oportunidad para la llegada de pobladores y artesanos de casi todos los lugares que abarca la Diócesis: las cuatro regiones p’urhépechas, Guanajuato, Jalisco y el Estado de México. Desgraciadamente, la esencia de esas ferias se perdió, acelerando su declive el cambio de la fecha, para principios del mes de noviembre “cuando la gente de las comunidades -artesanos incluidos- prefiere permanecer en su lugar de origen para ofrendar a las ánimas de sus difuntos”. Imagino lo que la maestra Tere opinaría al ver cómo absurdas decisiones políticas causan daños irreparables a ceremonias y tradiciones que son convertidas en espectáculo para turistas.

Algo que personalmente aprendí de ella, fue la atención hacia niños y niñas concurrentes al Museo. Siempre que recorrí esos espacios, tuve la fortuna de escuchar en sus palabras, historias y anécdotas que marcaron mi vida adolescente. Sin duda fue por ella que decidí trabajar en el Museo que tanto amó y me enseñó a amar. Además, por la estrecha amistad que Teresita y don Enrique tuvieron con mis padres y siendo vecinos cercanos, tuvimos la fortuna de conocer y convivir con muchos personajes del ámbito cultural, artístico y académico, del país y de otras latitudes. Sin duda, su presencia en este lugar contribuyó a enriquecer el devenir cultural.

Hoy, recordando a Teresita, repito las palabras de mi padre en su primer aniversario luctuoso:: “Supiste proteger de vendavales reliquias y vestigios coloniales. Pátzcuaro de tu celo necesita”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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