Xuchitl Vázquez Pallares
Anhelo de la humanidad…
Jueves 19 de Diciembre de 2019
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Prácticamente estamos ya a finales de este año, pasado mañana será el día más corto del año, conocido como Solsticio de invierno. También llamado solsticio de Capricornio porque, en el momento en el que ocurra, el Sol estará sobre el Trópico de Capricornio.

La palabra solsticio proviene del latín, solstitium, que significa sol quieto.

Para las culturas ancestrales, el solsticio de invierno en específico era motivo de celebración e introspección; Navidad, Janucá, Yule, Dong zhi, Inti Raymi se celebran durante o muy cercanos al solsticio. En Mesopotamia tenían un festival de 12 días de renovación cuyo propósito era ayudar al dios Marduk a combatir los monstruos del caos. La fiesta de Saturnalia, en la antigua Roma, se celebraba el 25 de diciembre, y en Irán (Persia) existía la fiesta de Yalda, en la que las familias se mantenían en vigilia toda la noche y alimentaban el fuego para ayudar al Sol a combatir la oscuridad.

El solsticio de invierno es también parte de la herencia cultural en Pakistán, Tíbet y China. La raíz de las festividades y/o rituales ha sido desde siempre lograr vencer a la oscuridad con la luz.

En la cultura celta se festejaba el amor y la fertilidad, rendían culto a la naturaleza, en especial a los árboles concebidos como sagrados y recogían muérdago, para colgarlo en las puertas, el cual propiciaba según la creencia, unión , paz y fertilidad.

El solsticio de invierno ha tenido gran importancia en la historia de la humanidad.

En la antigua Grecia, el culto popular de Dioniso estaba repartido en cuatro grandes festividades: las dos primeras se celebraban alrededor del solsticio invernal, con carácter propiciatorio de la fertilidad y prosperidad, para ello realizaban festejos caracterizados por la alegría general.

En Roma, la celebración de las Saturnalias (fiestas dedicadas a Saturno, padre de los dioses olímpicos y dios protector de la Naturaleza) duraba una semana. Después de la ceremonia religiosa había grandes festejos y banquetes, se abolían temporalmente las clases sociales y, en los ágapes, los señores servían a sus esclavos. Cesaba toda actividad pública (en tribunales, escuelas, comercios, operaciones militares, etc.) y no se permitía ejercer ningún arte ni oficio, salvo el de la cocina. Se hacían regalos unos a otros y los ricos convidaban a sus bien surtidas mesas, a los pobres que llamaban a sus puertas.

Desde hace miles de años para las culturas y sociedades más diversas, el solsticio de invierno ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia. No es ninguna casualidad, que el nacimiento de los principales dioses, relacionados con el Sol (Osiris, Horus, Apolo, Mitra, Dioniso/Baco, etc.) fuese ubicado durante este período.


Es sumamente interesante estudiar la raíz de la festividad en las diversas culturas, por ejemplo; Janucá, llamada la Fiesta de las Luces, es una festividad judaica que es celebrada durante ocho días, y en la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, y la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos, en el siglo II a. C.

La tradición judía habla de un milagro, en el que pudo encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite, que alcanzaba solo para uno. Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva un candelabro de nueve brazos llamado januquiá.

La Janucá es una manifestación de la festividad del solsticio de invierno, momento en que los días dejan de acortarse y comienzan a alargarse. El Talmud relata historias de Adán, el primer hombre, que vio ponerse al sol por primera vez en su vida y entró en pánico, se conecta esta historia con la festividad del solsticio de invierno. Según el relato, el primer año ayunó durante ocho días, posteriormente al comenzar a alargarse los días nuevamente, festejó durante otros ocho; pero el segundo año, al comprender que este era el orden natural, festejó con normalidad. (Talmud, Tratado de Avodá Zará).

Durante el solsticio de invierno, la imagen del dios egipcio Horus era sacada del santuario para ser expuesta a la adoración pública de las masas. Se le representaba como un niño recién nacido, recostado en un pesebre, con cabello dorado, con un dedo en la boca y el disco solar sobre su cabeza.

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(Foto: Especial)

El antropólogo Samuel Malpica Uribe, afirma que como resultado de investigaciones se ha demostrado que la tribu Hopi, que habitó los territorios de California, Arizona y Nuevo México, guarda coincidencia con la cultura maya en cuanto a su ritual ancestral del solsticio de invierno que ocurre entre el 20 y el 23 de diciembre de cada año, en el hemisferio norte.

Conforme a este ritual, el morir no es el final de una vida, solo es una transformación. “El viajero” vuelve al agua que es de dónde venimos.

Malpica Uribe confirmó que entre la cultura Maya y los Hopi existen coincidencias; al narrar que ambas culturas concebían que tras morir se va al hormiguero en busca del fondo de la tierra de abajo, o donde está la Cueva o Montaña Sagrada. Es decir, de donde salió la vida, pues ahí se originó la humanidad. Explica que, según la tradición, el hombre hormiga, es el que va a sobrevivir porque es el elegido, como señaló el Gran Espíritu.

El solsticio de invierno es la noche de las estrellas. Por cuatro noches se detienen las estrellas y el universo muere; por ello se dice que la humanidad nació, (renace) el 25 de diciembre. Comenta el profesor Malpica.

Según el cronista peruano Guamán Poma (1565-1644). La festividad Inti Raymi (en quechua ‘fiesta del Sol’) era una antigua ceremonia religiosa andina en honor a Inti (el dios sol), que se realizaba cada solsticio de invierno en los Andes.

Festividad de Dong Zhi en China; es una celebración antiquísima que se remonta a la Dinastía Han, hablamos de hace casi 2.500 años. Según la tradición después del Solsticio de Invierno, a medida que los días se alargan, también aumenta la energía yang. Es el comienzo del cambio de clima, por eso es un día de auspicios favorables y debe ser celebrado.

Como podemos ver las coincidencias en las creencias de la humanidad son muchas. Cambiaran los nombres de los dioses o las celebraciones, pero lo que subyace es el enorme anhelo de la humanidad por vencer a la oscuridad.

La ignorancia, la violencia, la intolerancia, el latrocinio, la falta de respeto al otro y a la naturaleza, son sin duda, oscuridad.

La luz es anhelo de todos. El conocimiento, la igualdad, la libertad, la paz han de hacerse realidad.

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