Miércoles 8 de Enero de 2020
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El siguiente escrito, como es lo habitual, está basado en múltiples fuentes y varias ideas personales, pero sobre todo está inspirado en un artículo de Vicente Carbona, periodista y escritor español, conocido en México por sus colaboraciones en Letras Libres. En dicho artículo se analiza algo que si bien a muchos nos interesa a otros les importa un comino, la mentira y porque mentimos.

El artículo inicia con algo que es básico reconocer, el ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo, somos mentirosos incluso con nosotros mismos. En los animales, el engaño es básico, pues se asocia a la selección natural, los más hábiles para engañar tienen mayores probabilidades de sobrevivir. Así de sencillo.

Esto nos lleva a una pregunta básica. ¿Por qué el ser humano se autoengaña? Un ejemplo sencillo para ilustrar el autoengaño lo vemos en las encuestas en las que se pregunta a los participantes el número de parejas sexuales que han tenido en su vida. Normalmente, los hombres tienden a exagerar mucho más que las mujeres. Y evidentemente eso no es una cuestión de autodefensa, ni supervivencia.

El ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo
El ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo
(Foto: Especial)

En una encuesta de la Universidad de Michigan, dirigida por el psicólogo Norman R. Brown, se entrevistaron a dos mil 065 personas sexualmente activas rondando los 40 años de edad; las mujeres declararon unas 8.6 parejas sexuales, y los hombres 31.9. Evidentemente alguien esta mintiendo. Al entrevistarlos y enfrentarlos más del 10 por ciento admitió que no había sido honesto del todo.

Esto nos hace pensar que el fenómeno de la mentira esta ligado a la autoestima. Cuando las personas se sienten amenazada su autoestima, tienden a recurrir a la mentira, y los extrovertidos mienten más que los introvertidos. Curiosamente, en términos de género, aunque hombres y mujeres mienten en proporciones similares, la investigación existente demuestra que los hombres lo hacen más para dar una mejor impresión de sí mismos (“Estoy hecho un toro”), mientras que las mujeres tienden a mentir para hacer a la otra persona sentirse mejor (“El tamaño no importa”).

Mentimos por diversos motivos, y no todas las mentiras son deliberadamente dañinas. La llamada “mentira piadosa” constituye una excepción a una regla (la ética médica), solo justificada por el respeto al paciente y ante la situación concreta de que el mal que se produciría al decirle la verdad sería de tal calibre que no nos queda de otra más que apelar a la excepción de la regla.

A veces mentimos para proteger nuestra intimidad (a otros no les incumben nuestros problemas), o la de nuestros amigos, para salir de situaciones incómodas, por diplomacia o por tacto (jamás diríamos a una mujer ¡por Dios, que fea es usted!) o simplemente para quedar bien. No obstante, para los puristas, una mentira es una mentira.

Muchos piensan que toda mentira, sea de omisión o de comisión, acaba siendo dañina, tanto para el que la dice como para el que la recibe, pues corroe la confianza entre dos personas. En este último escenario podemos incluir las incontables mentiras piadosas (y otras claramente impías) de los políticos, los periodistas, los comerciantes, los vendedores de autos usados, los abogados etc, etc.

Otros investigadores sostienen que las personas mienten por miedo y buscan evitar un castigo porque sospechan que han hecho algo malo; esto se puede convertir en un problema cuando el miedo es irracional y la mentira se convierte en algo compulsivo.

Y por el lado biogenético, otros investigadores alegan que las personas estamos irremediablemente programadas para reaccionar de maneras predecibles debido a las instrucciones que recibimos de nuestro código genético, lo que hace que algunos sean más competitivos, más temerosos, más compulsivos; o más mentirosos.

Todos mentimos. Algunos más que otros. Hay quien miente porque es un manipulador social y lo hace para herir, abusar de la gente y aprovecharse de los demás. Otros mienten para sentirse mejor, para halagar a los demás, para lograr algo útil o válido sin herir a nadie. En este caso, al final, el mentir puede ser hasta un arte, son los “mentirosos agradables”.

Mark Twain tenía una manera muy peculiar de ver y explicar el mundo. Para él, más que la verdad, lo que importa es la dignidad, la diligencia, la razón. Ante la razón, cualquier valoración moral pierde relevancia.

¡FELIZ AÑO A MIS CUATRO LECTORES!

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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