Aquiles Gaitán
La inquisición
Martes 14 de Junio de 2016
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Universidad Michoacana y la SEP de continuar con la inquisición policiaca y el culto al jefe.
Universidad Michoacana y la SEP de continuar con la inquisición policiaca y el culto al jefe.
(Foto: TAVO)

La fluctuación política y social que ha tenido Michoacán en los últimos años no es más que un reflejo de la naturaleza humana que tiene, a su vez, una fluctuación infinita, en la eterna búsqueda del hombre por encontrarse a sí mismo, por hacerse a sí mismo en un proceso que nunca termina. Mientras unos no terminan de nacer, otros no terminan de morir; mientras el gobierno actual no termina de nacer, los otros no terminan de morir.

El modelo deseado no termina de definirse, el tiempo pasa como el agua bajo el puente mientras el laboratorio sigue experimentando fórmulas contra la delincuencia, fórmulas financieras para pagar las deudas, fórmulas para agarrar a los peces gordos de cuello blanco en aguas turbulentas, fórmulas para una educación diferente. Hay que reconocer que se privilegia el emprendimiento pero a la vez se corre el riesgo de continuar con la hipertrofia del estado por aberraciones de contratos colectivos o minutas, como ocurre con la vilipendiada Universidad Michoacana y la SEP de continuar con la inquisición policiaca y el culto al jefe.

Los partidos políticos han renegado de sí mismos olvidando sus principios en busca de sus fines, y los han logrado pero el precio es muy alto, las ideologías han pasado a la historia, tal vez nunca fueron más que buenos deseos o zanahorias delante de los burros que jalamos la carreta, pero al menos eran sueños que motivaban la participación franca y abierta. Hoy una vez más lo comprobamos: la democracia no existe, es un simple juego de oligarquías que proponen e imponen, desde candidatos y alianzas hasta leyes que pueden ser hasta revolucionarias, pero absurdas e injustas, divorciadas del pueblo, al servicio invariablemente de los empresarios nacionales y extranjeros y la clase gobernante. Por ahora esto es lo que hay y de lo que hay se gasta.

El arte y la cultura están en la palestra. ¿Quién defiende a la cultura?, ¿quién defiende al arte? Tal vez no necesiten quién las defienda porque la libertad de creación es absoluta, pero entendidos estos conceptos como política pública eso “es otro cantar María”, las exigencias políticas de un programa de cultura están supeditadas a lo contingente, a los caprichos de la oligarquía en turno, a la incultura de la cultura y es aquí donde del matorral más pelón brinca la liebre orejona y se señalan los desvaríos y distorsiones con la misma pasión con que los coyotes le aúllan a la Luna.

Es mejor seguir buscando la belleza y encontrarla en cualquier parte, buscar el amor cada día y cada noche, y al encontrarlo, al sentirlo, no dejarlo ir por ningún motivo, lo demás es lo de menos, las cosas se hacen más fáciles, todo se ve diferente, es cuando puede uno contemplar a cada chango columpiándose en su mecate, en completa armonía con el universo regido por los principios inconmensurables del feng shui.

Transformar lo imaginado en real, es el verdadero reto que todos tenemos en la vida, en lo individual y en lo colectivo, entendida la vida como un proceso de mejora continua, ¿y si no es posible?, habrá que morir en el intento, como se muere la minoría de la gente intentando cada día ser mejores, porque a la mayoría, son parte del paisaje y les tiene sin cuidado la devaluación del peso, el precio del petróleo, las leyes secundarias o si gobierna el PRI, el PRD o el PAN o todos juntos en un pacto sin igual, o si son ricos o pobres, o cultos o ignorantes; ellos viven y dejan vivir, mueren y dejan morir.

Igualmente les tiene sin cuidado la historia de la ciencia o la explicación del Universo, las matemáticas, la física o la biología, pero votan y en un momento dado eligen a uno de los suyos como representante, como un representante que decidirá el destino del dinero que todos pagamos para el sostenimiento del Estado.

El fenómeno social que se presentó en Michoacán derivado del tráfico de drogas, en el que los individuos dedicados a ello hicieron –¿y hacen?– daño a las familias michoacanas fue impedido, en defensa de sus derechos, por grupos de ciudadanos que en defensa de su libertad hicieron frente con lo que pudieron a los facinerosos, porque quienes deberían hacerlo no lo hicieron. Pero como todo lo nuestro, se distorsiona, se hace promiscuo, se prostituye, ¿de dónde llegaron tantos cuernos de chivo si ni si quiera las corporaciones policiacas los tenían pues fueron recogidos por la Secretaría de la Defensa Nacional desde hace años?; a todos esos engañados que por la ausencia del Estado creyeron que podrían llenar a su anchas los vacíos se les calificó de sedición y armados con armas de inexplicable procedencia, hoy pagan las consecuencias; otros encontraron la salida en el caparazón de la Fuerza Rural y otros volvieron a sus casas y ocupaciones habituales. El problema sigue latente, con el agregado de que ahora el problema es la Policía misma y el centralismo como estrategia de una acción táctica de quienes desconocen el terreno donde actúan y las interrelaciones sociales de los ciudadanos que ahí habitan. No hay que perder de vista la realidad, miles de michoacanos viven en las zonas rurales y allá poco o nada influye la Policía, influye su condición económica, el precio de lo que producen, el salario que ganan, el comer o no comer.

No se puede seguir considerando a cada ciudadano como delincuente con el pretexto de defendernos de los delincuentes, la Inquisición pasó a la historia como una vergüenza de la humanidad.

Para no quedarme con esta sensación de pesimismo, les mandaré un WhatsApp de un lugar encantado, entre el follaje de bambúes y encinos, en un tajo de roca, una cascada de un arroyo de agua cristalina, como de unos 20 metros de alto, donde los colibríes cada mañana acuden a bañarse, no uno ni dos, decenas de colibríes que nos hacen sentir que la belleza existe.

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