Samuel Maldonado B.
Repercusiones
¡Habrase visto tal desvergüenza!
Martes 14 de Junio de 2016
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Enrique Peña cree verdaderamente que él es estadista y presidente, y como consecuencia de su divertido y distraído juego, va acumulando casas blancas
Enrique Peña cree verdaderamente que él es estadista y presidente, y como consecuencia de su divertido y distraído juego, va acumulando casas blancas
(Foto: Cuartoscuro)

Los varios sexenios perdidos, al que se suma el de los tres últimos años, han sido de una enorme pesadilla para la mayoría de los mexicanos que se debaten en la desesperación, sobre todo por la pobreza y el encarecimiento general de la vida en la que además, como desgracia mayor, enfrentan a las diferentes organizaciones criminales en desigualdad de condiciones, mientras que en el otro lado de la moneda, una minoría afortunada ha aprovechado el desorden y la corrupción política y han sumado sus intereses al aprovechamiento de los grandes corporativos económicos internacionales, de tal manera que en esta correlación de acciones se han ido apropiando de los recursos naturales renovables o no de nuestra nación. Desde luego que esta última suma ha sido con la gran ayuda proporcionada principalmente por los últimos desnacionalizados presidentes mexicanos.

Esta desleal actitud ha provocado una gran angustia en los sectores mayoritarios que observan día a día la inmoralidad política-financiera y, desde luego, la pérdida del valor adquisitivo del peso sin que los mandones (más bien, el mandón) del Banco de México le valga algo. En consecuencia, reitero, la mayoría de la población se debate entre la miseria, la angustia y la desesperación, y viendo que otros, simplemente porque tienen cercanía con el que poder económico y con el que vive en Los Pinos, que no se da cuenta que lo gobiernan. Peña, quien dispone de recursos económicos enormes para sus paseos, cree verdaderamente que él es estadista y presidente, y como consecuencia de su divertido y distraído juego, va acumulando casas blancas y mas riquezas, dejando hacer y deshacer a quienes aportaron su dinero para hacer de un neófito o aprendiz, en el supuesto presidente gobernante que se ocupa sólo de viajar, de discursar sin pensar y de incrementar sus propiedades y hacer más grande su fortuna. ¡Este es el oscuro panorama de la nación que yo, y sin duda alguna otros innumerables ciudadanos, podemos ver y sentir la degradación nacional.

En la capital del país, antes Distrito Federal, no se cantan mal las rancheras y ahora la Ciudad de México, sus habitantes y vecinos de estados aledaños, ven más que complicada la administración de lo que antes fue “la región más transparente del aire”, pues ha crecido exponencialmente y la ha vuelto casi irrespirable, precisamente porque la mayoría de sus autoridades, con sus excepciones como toda regla, han perdido el tiempo en realizar superficialidades, elegantes discursos, obras de relumbrón y en síntesis, poco gobierno, creyendo que con esas “actitudes banales ya se podrán encontrar en la antesala del Palacio Nacional (mismo edificio tesoro arquitectónico todavía nacional) que si no se ha transferido o vendido a la Iniciativa Privada será tal vez porque a esta sociedad no le ha interesado adquirirla. Pudiera ser también que no haya sido vendido por ser éste un icono por el que han transitado héroes epónimos, de gran moral, de valores y conducta tal (y otros que como el torvo general Victoriano Huerta, asesino intelectual no solamente de los hermanos Gustavo, Francisco Ignacio y de José María Pino Suárez), que la historia los sitúa como grandes mexicanos. Lo podemos confirmar al ver sus estatuas en los monumentos erigidos en su memoria en toda la República Mexicana.

Pero bueno, hasta el actual jefe de Gobierno piensa que por sus acciones en supuesto beneficio en la ahora Ciudad de México puede acceder a la Presidencia de la República en representación de un partido que se encuentra al borde del abismo por las estupideces e intereses particulares de los últimos dirigentes de las tribus, que han convertido al partido, llamado alguna vez de la esperanza y que desde varios años atrás continúa a toda velocidad por una senda perdida, que lo lleva “derechito y en picada”, sin parada alguna, a su ocaso.
¡Habrase visto tal desvergüenza, Sancho!

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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