Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
La diferencia
Miércoles 15 de Junio de 2016
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Los seres humanos siguen una estructura social, la llamada diferencia anatómica; hay machos y hembras.
Los seres humanos siguen una estructura social, la llamada diferencia anatómica; hay machos y hembras.
(Foto: TAVO)

En el mundo, no sólo en México, los seres humanos siguen una estructura social, la llamada diferencia anatómica; hay machos y hembras. El cuerpo entonces se vuelve materia cultural que expresa usos, costumbres, prácticas, ideas, discursos, la cosmovisión de lo que es ser hombre y de lo que es ser mujer, de los símbolos de la diferencia anatómica y a esto se le llama género, y con ello se evita tratar igual a personas heterosexuales que a personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, comunidad trans e intersexuales.

Así, la diferencia del ser humano en torno a su sexuación, la identidad sexual y desde luego su práctica sexual, se traduce en desigualdad, discriminación, violencia, estigma, invisibilidad, linchamientos, ausencia de marcos normativos y políticas públicas, pero también en los suicidios y muertes de género, aquello que se llama mecanismo de opresión.

El cuerpo es un ente simbólico, se habla desde un cuerpo de un hombre o bien desde el cuerpo de una mujer; así el cuerpo es a la vez un artefacto físico, pero también es un artefacto simbólico. La comunicación que se da entre ellos es de un cuerpo de hombre a un cuerpo de mujer o viceversa, y genera distintas emociones, sensaciones, placeres, dolores, incluso desprecios.
Pero cuando la presencia de un cuerpo es ambigua, esto es, no se sabe si es un cuerpo de mujer o bien es un cuerpo de hombre, entonces provoca inquietud, rechazo, exclusión, repudio, malestar y genera discurso de odio por no estar homogenizado a lo simbólico de lo que es ser cuerpo de mujer o lo que es ser cuerpo de hombre.

El cuerpo tiene un psique cuyos procesos inconscientes no controla; así los seres humanos producen psiques imaginarias a partir de sus cuerpos. La vivencia del propio cuerpo implica que las características que la sociedad marca se interpretan psíquicamente como identidad.

Precisamente cada cultura tiene su orden simbólico definido como “natural” y es esta naturalización la que no permite revisar y reflexionar sobre las relaciones de dominación de género, entre hombre y mujer, así como entre hombre y hombre femenino o mujeres masculinizadas.

El cuerpo tiene un valor previo y distinto por su sexuación y por el género en la mente de los seres humanos, de ahí que la vivencia social se escribe en el cuerpo de las personas; la historia de la sociedad se escribe en los cuerpos de las personas.
La dicotomía hombre/mujer es sólo una realidad simbólica o cultural, y no una realidad biológica que niega la intersexualidad y la existencia de cuando menos otras tres posibilidades combinatorias biológicas, los intersexuales o hermafroditas puros o pseudohermafroditas.

Esta lógica cultural que tenemos sobre el género da lugar a concepciones históricas sobre lo que es propios del hombre y lo que es propios de las mujeres, por ello hemos escuchado los argumentos dogmáticos ancestrales y que se constituyen en verdaderas apologías de odio contra las comunidades diversas sexuales; pero también con ello se instala la discriminación por sexo (sexismo, lo heterosexual), por prácticas sexuales (homofobia, lesbofobia, bifobia), o bien por las identidades transexuales (transfobia).

Por ello lo que vemos es que es anormal y antinatural el actuar de los gay, lesbianas, bisexuales y comunidad trans e intersexual, frente a lo simbólico e histórico de lo que le toca al hombre y a la mujer en una dicotomía anclada a lo cultural, pero no a lo biológico.

Así, el cuerpo, a la vez que es característica del ser humano, a la vez el cuerpo también en la cultura es el pilar del orden simbólico, es la fuente de la identidad.

Frente a este modelo, las personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) enfrentan obstáculos en el ejercicio de sus derechos; en la educación, al empleo o a la salud, e incluso en el mismo proceso de desarrollo de la identidad; generalmente, dichos prejuicios provienen de la valoración de poder que se da a la heterosexualidad, como una sexualidad hegemónica defendida por los grupos conservadores y fácticos.

En ocasiones esto contribuye a casos de violencia que pueden terminar con la vida de las personas, pero que pasan por la mofa, las amenazas, palizas, burla, vergüenza, acoso, oraciones para la salvación, etcétera.

En este sentido, la discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales diversas tienen una naturaleza estructural e histórica. Los estigmas, los prejuicios y los estereotipos han justificado una diferencia de trato social tanto en lo público como en lo privado, haciéndose más evidentes a partir del cristianismo y de la definición de la “sodomía”.

En Michoacán, desde Ámsterdam Café y Crepería, se dio inicio a las acciones tanto públicas como privadas para posicionar el tema de los derechos humanos de la diversidad sexual prácticamente desde 2002, pero no fue sino hasta 2007 cuando en la tribuna del Congreso del Estado se pronunciaron distintos legisladores en favor de apoyar a la diversidad sexual. La homofobia está fuertemente enraizada en la cultura, la religión, la música y en las leyes. Se reprimen todas las expresiones de los homosexuales, condenándolos no sólo a ellos, sino a su círculo más cercano, familia, amigos.

La burla, vergüenza, el acoso, violencia y las oraciones para la salvación son medios para mantener ocultos a los homosexuales o a que vivan en el “habitus”; muchos homosexuales viven vidas secretas múltiples, se casan y tienen hijos viviendo un infierno por lo que realmente ellos desean.

Hoy, frente a las demandas de los colectivos en México de respeto a sus derechos humanos y el avance que el Ejecutivo federal está posicionando en el Congreso de la Unión, grupos conservadores y fácticos y religiosos están generando discurso de odio, de exclusión, exacerbando a las población, provocando devastación y violación a los derechos humanos.

Enrarece más el ambiente, cuando en Orlando, Florida, y sin que esto tenga nada que ver directamente con lo que pasa en México, salvo lo que significa la homofobia, se espera el pronunciamiento de las iglesias que han estado impulsando estos debates.

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