Ignacio Hurtado Gómez
Aula Nobilis
Falsas promesas de la democracia
Jueves 16 de Junio de 2016
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La democracia como tal no venía cumpliendo con aquellas promesas que nos había planteado con su desarrollo e incorporación en las sociedades contemporáneas.
La democracia como tal no venía cumpliendo con aquellas promesas que nos había planteado con su desarrollo e incorporación en las sociedades contemporáneas.
(Foto: TAVO)

Hace aproximadamente unos 30 años, Norberto Bobbio visualizaba que ya desde aquel entonces la democracia como tal no venía cumpliendo con aquellas promesas que nos había planteado con su desarrollo e incorporación en las sociedades contemporáneas.

Si bien Bobbio reduce la democracia a un tema de reglas sobre quiénes están autorizados para tomar decisiones colectivas y bajo qué procedimientos, ello no fue obstáculo para establecer que, desde su perspectiva, existían seis “falsas promesas” de ésta.

La relevancia de traer a cuentas el pensamiento político de Bobbio tiene que ver con la creencia de que hoy en día tales promesas vienen marcando con ciertas tensiones e intensidad el rumbo de nuestro propio régimen y de nuestra realidad democrática, por lo que ante ello, la necesidad de (re)pensarlas en los contextos internos y externos actuales.

1- La primera de ellas tiene que ver con el hecho de que nuestra sociedad contrariamente a lo que se pensó, carece de un solo centro de poder –la idea de la voluntad general en el pueblo– y por tanto, frente al pluralismo que hoy vivimos se encuentran muchos centros de poder.

En apariencia, contar con esos varios centros de poder no tendría nada de negativo siempre y cuando existiese la capacidad estructural e institucional de articular todos esos centros de poder en favor del bien común y con un rumbo definido.

2- La segunda falsa promesa tiene que ver con el hecho de que se nos ofreció una representación política real, pero que, para Bobbio –desde aquellos ayeres– ha venido a desviarse indebidamente hacia una representación de intereses.

Resistiéndome a la tentación que ofrece la falacia de la indebida generalización, hay evidencias concretas y objetivas que nos dicen que el futuro nos alcanzó en este punto.

3- La tercera promesa incumplida fue que, de la mano con esa voluntad general del pueblo, sería posible derrocar las oligarquías en general, de las élites de poder o incluso las partidarias –dijera Michels–; sin embargo, ello no ha sido así, más aún, si a este tercer aspecto se suma el anterior y además la quinta falsa promesa que se verá más adelante, la ecuación se vuelve más compleja y desalentadora en términos de calidad democrática.

4- La cuarta falsa promesa es la del espacio limitado de la democracia. Se requieren espacios para la democracia para que el ciudadano participe en la toma de decisiones, para que tome posiciones activas, asumiendo también que la democracia tiene ámbitos más amplios de aplicación que van más allá del meramente político.

5- La quinta promesa sin cumplir tiene que ver con la eliminación de los poderes invisibles, en el sentido de la transparencia de los actos y decisiones de gobierno, y donde la lógica ha ido a la inversa pues mientras el sentido democrático implica un control ciudadano sobre los gobernantes, en la realidad, en muchos casos se postula un control del gobierno hacia los ciudadanos; pero donde se desfasa con mayor fuerza esta falsa promesa es en ver a la transparencia y rendición de cuentas como principios inherentes a la propia democracia, y donde se suponía que conductas contrarias a ello serían desterradas bajo este modelo.

6- Por último, la última falsa promesa corresponde a la educación de la ciudadanía y donde la democracia sería “el reino de la virtud”. No es menor que desde los griegos ya se asumía que para el bien de la democracia se requería una ciudadanía educada, con valores para no caer en la demagogia o la oclocracia –gobierno de la muchedumbre–, y por tanto, las virtudes cívicas eran fundamentales. No ha sido así, la deficitaria cultura democrática y de la legalidad, hacen complicado que varias de las premisas democráticas funcionen de la mejor forma, aunque aquí legítimamente baste por el momento preguntar: ¿y estamos educando para ello?

Así pues, para rematar con nuestra realidad democrática, ya Bobbio visualizaba algunos obstáculos –hoy vigentes– para superar esas promesas incumplidas, y creo que nuevamente acierta en el pronóstico: una economía de mercado que en muchos puntos, creo, ha venido desplazando esos centros del poder político; así como el escaso rendimiento del sistema democrático que se ha traducido en ingobernabilidad frente a las innumerables demandas de la sociedad civil, lo cual va de la mano con el desmantelamiento gradual del Estado de bienestar y la incapacidad de los gobiernos a responder bien por burocracia o hasta por excesos.

Y concluye Bobbio sobre la necesidad de mirar hacia los valores en la formación de ciudadanos activos, y así enumera a la tolerancia, la no violencia, el ideal de la renovación gradual de la sociedad mediante el libre debate de las ideas, el cambio de mentalidad, la manera de vivir y finalmente el ideal de la fraternidad. Al tiempo.

Una pequeña dosis de historia nicolaita



A medida que pasaba el tiempo se dejaba sentir la necesidad de encauzar en forma definitiva los estudios. Por esta causa, en 1880 se reunieron los maestros del Colegio, y después de una serie de conferencias entre sí, formularon las bases de la ley de 10 de agosto de 1881 que dividió los estudios, pudiéramos decir preparatorios, para médicos, abogados y farmacéuticos, en seis años. Según dicha ley, en el primer año debería cursarse gramática castellana y dibujo; en el segundo, idioma francés y dibujo; en el tercero, inglés y geografía política; en el cuarto, aritmética, algebra, geometría elemental, trigonometría rectilínea, geometría practica y raíces griegas; en el quinto, física experimental, cosmografía y etimología latina. y en el sexto. lógica, psicología, teodisea (Sic.), moral, sintaxis y prosodia latina y literatura. Habían, por lo tanto, alcanzado un apreciable perfeccionamiento los estudios preparatorios y profesionales en el Colegio de San Nicolás, al empezar su tercer periodo de vida, o sea al restaurarlo, después de la Intervención Francesa, el gobernador liberal don Justo Mendoza.

ihurtadomx@hotmail.com

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