Jerjes Aguirre Avellaneda
Los modelos de análisis político y 2018
Viernes 10 de Junio de 2016
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Distintos han sido los intentos para explicar los resultados electorales del pasado domingo 5 de junio. De una parte, los inesperados triunfos del Partido Acción Nacional, y de otra, la alternancia en diferentes entidades federativas, han provocado diversas explicaciones que muestran el bajo nivel que tiene el análisis político en México.

Las relaciones que se han abordado parten de supuestos que confieren relevancia a los señalamientos de corrupción de los gobiernos estatales, a su credibilidad, al crecimiento económico y a la percepción colectiva sobre los abusos y la impunidad de los gobernantes. En ningún caso se trata de abordar una relación de causa o causas que provocan determinados efectos políticos, simplemente se supone que una determinada relación tiene importancia y esa suposición es suficiente.

Hace falta, puesto que no se observa en ninguna parte, un modelo analítico integrado que incluya los principios de la política y el método de la política. Política sin sistema conceptual y procedimientos para conocer no es política, es solamente “grilla”. La ausencia de teoría y método en el análisis político impide derivar el descubrimiento de tendencias y la capacidad para anticipar los nuevos acontecimientos políticos.

Rigurosamente, pareciera que los análisis que se hacen forman parte solamente de las acciones electorales preparatorias para 2018, y en este sentido, el proceso podría considerarse iniciado, en un contexto en el que a partir de los triunfos del PAN se han derivado consideraciones acerca de la fatalidad para que ese partido vuelva a ganar la Presidencia de la República y el PRI se hunda en el descrédito autoritario y el abandono ciudadano. En cuanto al PRD, mostrando la inutilidad de la izquierda, que sin capacidad propia sólo puede permanecer de pie apoyándose no sólo en su adversario, sino, por esencia, en su enemigo histórico.

Consecuentemente, conviene insistir en que un modelo teórico y metodológico de análisis político, suficientemente probado en los procesos de adquisición de conocimiento, incluye componentes interrelacionados que parten de los ciudadanos, seguidos de su organización en partidos políticos para buscar el poder, continúa con las elecciones y termina con el gobierno y la evaluación de su desempeño. Cada uno de estos componentes tiene contenidos propios y su función específica depende de cada tiempo y lugar.

Las demandas de la democracia mexicana para 2018 consisten en elevar la calidad de los componentes del proceso político
Las demandas de la democracia mexicana para 2018 consisten en elevar la calidad de los componentes del proceso político
(Foto: Disse)

Como la política se refiere a los asuntos del poder, a cómo alcanzarlo y a cómo se usa, los protagonistas fundamentales están representados por la gente, por los ciudadanos. La política tiene como principio y como fin a lo que antes se llamó pueblo y ahora sociedad y ciudadanos. Un análisis político serio, congruente, tiene que comenzar por su componente fundamental, que son los ciudadanos en sus condiciones económicas, sociales, culturales, de organización y de conciencia. En un sistema democrático, como poder del pueblo, el componente básico son los ciudadanos por encima de todo lo demás, sin confundir los fines con los medios, el propósito con los instrumentos.

Debe subrayarse que en un modelo analítico sólido, las ideas destacan en su función imprescindible, puesto que no existe la política sin ideas, sin propuestas. La política se hace para algo, con finalidades en las que se cree y que mueven a la acción política. Como la realidad no se comprende igual, las propuestas para cambiarla tampoco son iguales y por tanto, el enfoque y la perspectiva que se adopte se llama comúnmente ideología. La ideología no es un “rollo” retorico, es el contenido intangible de la política. Los vacíos ideológicos permiten justificarlo todo: el oportunismo, la mentira, la demagogia, la traición. En el vacío ideológico se justifica absolutamente todo: las derechas, los centros, las izquierdas y sus cambios. Sin ideología todos son lo mismo y hacen lo mismo, convirtiendo a la democracia en ficción.

Merece subrayarse que en México, los ciudadanos, como actores principales de la política, han sido despolitizados, les quitaron el interés en la comprensión de la política. En los partidos políticos, los candidatos, los gobernantes, las organizaciones gremiales, en todas las instancias dejó de existir el interés para educar políticamente a los ciudadanos. Nadie educa y, por el contrario, se hace lo necesario para evitar que se comprenda el porqué y el para qué de la dinámica política.

Unos hablan de “rollos”, otros de la importancia de los votos, conseguidos al precio que sea, como si fueran el único contenido de la política.

En estas condiciones, distintos fenómenos políticos se vuelven incompresibles, como los derivados de los siguientes cuestionamientos: ¿qué importancia podría tener la alternancia política?, ¿los votos a favor del PAN el pasado 5 de junio fueron el resultado de la conciencia política ciudadana? En el pasado, como antecedentes cercanos, ¿los ciudadanos votaron convencidos del significado del PAN, Fox y Calderón? En Michoacán, ¿cuál fue el significado de los triunfos del PRD, de Lázaro Cárdenas Batel, de Leonel Godoy o Silvano Aureoles?, ¿qué tiene de diferente la derecha del PAN y la izquierda del PRD?, ¿qué provocó el rechazo al PRI y el apoyo al PAN en siete entidades federativas el pasado 5 de junio?

Las condiciones de masa manipulada de los ciudadanos conducen a la cancelación de su libertad para elegir. A la sustitución del razonamiento por el “spot” y el concepto por la “pose de la foto”. En este marco de referencia es difícil, cuando no imposible, hacer pronósticos políticos a menos que la finalidad sea estimular el ego de los distintos aspirantes a la Presidencia de la República.

Las demandas de la democracia mexicana para 2018 consisten en elevar la calidad de los componentes del proceso político, de modo que desde ahora sea impulsada la formación de nuevos ciudadanos, más conscientes y mejor organizados. Igualmente los partidos políticos necesitan resolverse a cambiar, puesto que como están, carecen de futuro. Despojados de identidad en sus principios y en su propuesta, el desaseo es brutal en sus tácticas y estrategias, en las alianzas, en las justificaciones y en los hechos, haciendo creer que todo es igual y que todo es negociable, incluyendo los votos y las elecciones mismas. Finalmente, con estos antecedentes es inevitable que los gobernantes, cualquiera que sea la función en la división de poderes, resulten iguales a sus partidos de origen, rodeados de dudas, desconfianzas y desprestigio.

En suma, el desorden político es visible y de ello, nada bueno puede resultar para nadie. Si los grandes cambios se inician con las ideas, entonces sería el momento para comprender el presente y el futuro de manera diferente, con nuevas ideas y nuevas esperanzas. Sobre todo, estos son tiempos de educación y conciencia, de organización política de la gente, de los ciudadanos, en la persistencia de que la autenticidad de la democracia es un objetivo posible. Con esta meta vale la pena comprometerse.

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