Ramón Guzmán Ramos
El profesor Filemón Solache Jiménez
Sábado 18 de Junio de 2016

In memoriam.

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El miércoles 15 de junio circuló la noticia por las redes sociales: el profesor Filemón Solache Jiménez había fallecido.

Los maestros que se encuentran en movimiento con el propósito de abrogar la Reforma Educativa habían acordado concentrarse en Morelia para realizar acciones de protesta. Ese día bloquearon el ingreso a varios centros comerciales y a la vía del tren. Hacían patente también el reclamo por los descuentos que venían en alrededor de siete mil cheques de la primera quincena del presente mes. Los descuentos que responden a más de tres días tienen el efecto de un cese automático. Los maestros exigían, por lo tanto, la reimpresión de los cheques sin ninguna afectación. Muchos recibieron la noticia del deceso de Solache –como le llamaban todos los que lo conocían o hacían referencia a su persona– en plena actividad. De manera que no fue posible que ese día se le pudiera hacer algún homenaje.

El homenaje póstumo de cuerpo presente se le realizó el jueves 16 en la Pérgola Municipal de Uruapan, ciudad donde el mentor ejerció su profesión de docencia, gestionó y llevó a cabo la fundación de varias escuelas, y donde dio inicio a lo que se llegaría a conocer como Movimiento Democrático del Magisterio (MDM) allá por los años 80. Cientos de maestros acudieron al acto. Los más allegados, parientes, compañeros de trabajo y de lucha, veteranos que lo acompañaron desde el origen del movimiento, le hacían guardia personal al ataúd. Todos los demás ocuparon gran parte de la explanada de la Plaza Morelos. Varios maestros tomaron el micrófono para compartir sus remembranzas, lo que recordaban de su relación con el compañero Solache, así como para darle a esa trayectoria de vida un sentido, el significado que debe quedar registrado en algún lugar especial de la historia. No podían dejar de mencionar el contexto, lo que ocurre en estos días en varios estados del país: la lucha denodada del magisterio para pedir diálogo con el gobierno federal a fin de revisar y echar abajo una reforma que elimina los derechos laborales de los docentes y crea una fina y disimulada modalidad de privatización de la escuela.

Los oradores coincidieron en señalar que este gran movimiento de ahora tiene en sus orígenes más remotos el esfuerzo y la obra del compañero Solache, al menos por lo que se refiere al estado de Michoacán. Abajo, en la explanada, había maestros y maestras que compartían también su nostalgia. Todos tenemos algún recuerdo con el compañero Solache, dijo alguien. Un supervisor platicaba que alguna vez Solache le pidió un aventón, traía un paquete de papeles que eran documentos –según le dijo– cargando en sus hombros. Pero al tratar de acomodarlo en la camioneta el paquete se abrió dejando al descubierto su verdadero contenido: cientos, quizá miles, de volantes para propaganda política y sindical. Recordé que ese era, precisamente, el estilo que se usaba entonces. Había que cuidarse de mostrar lo que se hacía porque las consecuencias de intentar organizarse de manera independiente y hacer propaganda política en contra del sistema podían ser graves. El SNTE estaba controlado por una corriente hegemónica llamada Vanguardia Revolucionaria, la cual se encontraba bajo el dominio absoluto del cacique Jonguitud Barrios, quien no tuvo empacho en autodenominarse presidente vitalicio del sindicato. La lucha de entonces pasaba necesariamente por plantear la necesaria democratización del SNTE y por la reivindicación de la dignidad de los maestros. Las represalias por atreverse a tanto podían ser terribles.

El profesor Filemón Solache fue de los que empezaron esta lucha. Convencía a compañeros de la necesidad de organizarse para luchar por la apertura de espacios libres en el sindicato y los llamaba a formar parte integral y comprometida de este esfuerzo. Se organizaban reuniones clandestinas en algunas escuelas cuyos directores estaban de acuerdo, así como en domicilios particulares. Eran reuniones con pocos maestros, cuidadosamente escogidos, donde se llevaban a cabo procesos intensos de adoctrinamiento ideológico. De ahí surgiría lo que por un tiempo considerable se conoció como Movimiento de Liberación Político Sindical (MLPS). Era el tiempo en que los movimientos de izquierda adoptaban el marxismo-leninismo como guía teórica, la lucha de clases como concepción y práctica de la realidad y la construcción del socialismo como el objetivo histórico central. Hay que decir que se trataba de militantes bien probados, que asumían esta ruta como un compromiso de vida, sacrificando lo que fuera necesario en la consecución de sus objetivos. Nadie luchaba por posiciones de poder o por intereses particulares. La visión de la historia y de sus horizontes de igualdad y justicia social estaba por encima de todo lo demás. Las revoluciones proletarias que habían conducido al socialismo en diferentes partes del mundo eran su inspiración, lo mismo los esfuerzos que en este mismo sentido se hacían en nuestro país.

El profesor Filemón Solache fue siempre un destacado militante. Por ello sufrió persecución, la cárcel y la tortura. Era lo que antes se conocía como un cuadro completo, es decir, un elemento entregado de lleno a la causa por la que luchaba, sin concesión alguna, que se preparaba continuamente y enriquecía su visión teórica con la experiencia de la lucha concreta. Y era también lo que se dice un radical, pero en la acepción original de la palabra: alguien que tomaba las cosas, los problemas, los compromisos, de raíz. Las cosas no podían tener una explicación y un tratamiento superficiales. Había que ir siempre al fondo de las cuestiones y lograr que la práctica incidiera siempre en este sentido. Como persona, siempre fue alguien que no dudaba en mostrar aprecio, solidaridad y cariño por los demás.

No sólo le tocó ser un sembrador de semillas de rebeldía. Le tocó cosechar el producto de su siembra. Esos cuadros que se formaron en el MLPS habrían de encargarse de dirigir la primera fase de este movimiento histórico que permanece. El MDM fue la primera explosión de rebeldía magisterial que habría de extenderse a todo el estado de una manera masiva. Fue un movimiento que rebasó las estructuras sindicales desde la delegación y se ganó a pulso la representatividad seccional. Filemón Solache fue nombrado dirigente seccional. No tuvo el reconocimiento legal de la dirigencia nacional del SNTE, pero nadie puso en duda la legitimidad abrumadoramente mayoritaria con que contó.

Es probable que el profesor Filemón Solache estuviera sonriendo de satisfacción en su caja mortuoria. El homenaje que se le hacía no sólo era merecido por su trayectoria, por su papel de fundador, sino porque el impulso inicial que él dio se mantiene vivo, ahora con otras formas, con otras dirigencias, pero con una visión parecida del compromiso y los horizontes que se deben perseguir. Alguien en la tribuna dijo que si existe el cielo lo más seguro es que el compañero Solache ya ha de andar creando alguna organización para luchar allá contra los poderes establecidos.

 Los maestros que se encuentran en movimiento con el propósito de abrogar la Reforma Educativa habían acordado concentrarse en Morelia para realizar acciones de protesta.
Los maestros que se encuentran en movimiento con el propósito de abrogar la Reforma Educativa habían acordado concentrarse en Morelia para realizar acciones de protesta.
(Foto: ACG)

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