Aquiles Gaitán
Los factores del poder
Martes 23 de Febrero de 2016
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El recuerdo histórico de Manuel Ávila Camacho, el presidente católico, de Fox y Calderón, se hace presente en nuestros días, la visita del pontífice vaticano a nuestro país pone de manifiesto la influencia progresiva de la Iglesia católica en el gobierno y en la educación; los protagonistas de las vallas y los actos litúrgicos fueron niños, jóvenes y padres de familia de las escuelas católicas; la sagrada comunión de Peña Nieto en la Villa de Guadalupe es el acabose.

No digo más porque lesiono susceptibilidades, que a estas alturas no viene ni al caso, solamente diré que independientemente del magno acontecimiento, no tenían por qué poner la bandera del Vaticano en los balcones del Colegio de San Nicolás y menos en los de la Sala Melchor Ocampo, donde reposa el corazón del mártir.

Los jacobinos de la postrevolución, Calles y su grupo, propiciaron el anticlericalismo que derivó en el levantamiento cristero, haciendo una brecha profunda entre el gobierno y el clero; hoy el camino está pavimentado a cuatro carriles, la brecha es el olvido. La política clerical fue puesta de manifestó y nos enseña las diferencias culturales ideológicas y pastorales de la jerarquía católica, los príncipes han quedado sin reino, deben volver a conducir rebaños, nunca mejor utilizado el termino rebaños, de ciudadanos, de ovejas a pacer en la campiña sagrada de los templos y su proyección social y consecuentemente política que se debate entre temores y fobias; buscar la protección de San Judas Tadeo y celebrarlo el 28 de octubre tiene el mismo significado que buscar la protección del Santo Cristo de la Sacristía, el de Carácuaro o el de Picuarembo, de la Virgen del Rayo de San José o la inmensa protección de la Virgen de Guadalupe. Psicológicamente es egocentrismo, pero su naturaleza social mantiene su potencial político vivo y actuante, que en sus definiciones de líneas de política ayuda o reclama a los gobiernos cada vez más privilegios. El artículo 130 de la Constitución es un portillo abierto, hoy la misa es la tribuna, el púlpito es el lugar del discurso incendiario, ya no contra el comunismo, el viejo diablo, ese ya no existe, hoy es el narcotráfico, la corrupción, la insensibilidad de la jerarquía frente a los que no tienen remedio, frente a los presos y el sistema penitenciario, los pobres o las ovejas descarriadas. ¿Y después de eso, qué?

Las reformas constitucionales han instaurado en el país la contrarrevolución, agregue usted la ineficiencia de la policía federal para combatir los delitos federales, que dio como resultado el atropello del crimen a los gobiernos municipales y estatales; hoy con el niño ahogado quieren tapar el pozo, quieren tapar el Sol con un dedo, quieren instaurar el Mando Único; mañosamente les dan atole con el dedo para que compren equipos, armas y vehículos, pero ellos los compran y ellos los operan.

Acaba de pasar el Día del Ejercito el 19 de febrero, en todo el país se celebró, no fue así el Día de la Lealtad, el 9 de febrero, que recuerda la lealtad de los cadetes del Heroico Colegio Militar hacia el presidente Madero, asesinado por el entonces secretario de la Defensa Victoriano Huerta. Hoy el Ejército está orgulloso de su participación contra el crimen organizado, pero se ha dicho y dicho bien, están en la ilegalidad, puesto que, ante la ineficiencia policiaca, fueron el último recurso, y aun así no son tantos como para echar arriadas por todo el país; ilegalidad porque su función es otra y al señala el artículo 129 constitucional: “En tiempos de paz ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar”.

Disse
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(Foto: Cambio de Michoacán)

Aceptamos calladamente, con agradecimiento perenne, la participación del Ejército, aunque, como se ha dicho, no son hermanas de la caridad y al fragor de las confrontaciones comenten abusos, pues también en el Ejército se dan todos los tipos psicológicos que puede haber en la sociedad: orates, sádicos, abusivos, etcétera, que son los que manchan el decoro, ¿o no hay prisiones militares?, ¿o no hay equivocaciones y desgracias accidentales?

Sea como sea, si el Ejército no estuviera actuando ya la delincuencia hubiera tomado las riendas del caballo matalón conocido por el bello nombre de “México”.

Por otra parte, apostamos el resto a un concepto subjetivo llamado el desarrollo económico, que no es más que una teoría que descansa en la generación de empleos, es decir, en las inversiones de las empresas, es decir de los empresarios ya sean agrícolas, industriales, comerciantes, banqueros y su clientela adinerada, ya el Estado no quiere ser empresario, todo quieren privatizar, de preferencia a los extranjeros, pues a los mexicanos no les alcanza la capacidad ni operativa ni financiera. Aun así, los empresarios nacionales y sus organizaciones, las cámaras de industriales, de comerciantes, de banqueros, constituyen un grupo poderoso que apoya al gobierno en sus decisiones, pero a cambio recibe tratamientos fiscales favorables, concesiones y tolerancias desmedidas, la minería y su relación con el medio ambiente, la siderúrgica, los ingenios azucareros, las salinas, la generación de energía eléctrica, los ferrocarriles, las constructoras internacionales, el petróleo, las plantas ensambladoras de vehículos, la telefonía y las telecomunicaciones, las agroindustrias transnacionales, etcétera, todos los caminos nos conducen a Wall Street, al Fondo Monetario Internacional, a la dependencia económica del comercio internacional y, por supuesto, los vecinos del norte, pero con todo y eso, el peso mexicano está en franca devaluación frente al dólar en un proceso inexplicable para cualquier mortal como nosotros. El ilustre director del Banco de México y el no menos ilustre secretario de Hacienda se desviven en explicaciones técnicas propias de la política monetaria sin que nadie les entienda, se explican los bajos precios del petróleo sobre la ley de la oferta y la demanda y la ley de la gravedad, “todo lo que sube, baja”; los recortes presupuestales de 123 mil millones se dan porque así es la vida, mientras que la desigualdad, la miseria, el fanatismo y el desempleo galopan en la pradera.

He tocado superficialmente tres factores: el clero, el Ejército y los empresarios, son los llamados factores de poder que en la democracia no existen, existe el pueblo en el cual radica la soberanía, existe el pueblo y ellos también son pueblo y votan para elegir a los gobernantes; los partidos bien maiceados no tienen más alternativa que defender su maíz y apoyar reforma tras reforma, con las que ladrillo a ladrillo van construyendo la contrarrevolución. Sigue en el aire la pregunta con la que mi pobre amigo Ezequiel El Jiriji murió de frío teniéndola en su mano, formando parte de su su poema “Sangre estéril”, escrito en un pedazo de papel de envoltura: “¿En dónde estás Jesús?, a cientos de años, que aquella sangre tuya nazareno, fue vertida en el Gólgota, pagando daños y ruindades sin fin de hechor ajeno”. ¿Dónde están los obreros?, ¿dónde los campesinos?, ¿dónde las clases populares?; una sociedad desorganizada está vencida pues ya sabemos que “quien dice organización, dice dominación”.

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