Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
La ZEE de Lázaro Cárdenas: el desarrollo compartido
Viernes 24 de Junio de 2016
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El establecimiento de la Zona Económica Especial en Lázaro Cárdenas y el municipio de La Unión, en el estado de Guerrero, en sus posibilidades de éxito y en sus características iniciales, forzosamente tendrá que partir de cuanto se hizo en el pasado inmediato en la minería, la producción de acero y un puerto marítimo de gran envergadura. Ahí, en la desembocadura del Río Balsas, se construyó en la segunda mitad del siglo pasado un tipo de sociedad con características propias, imposible de ignorar en su realidad actual, para el futuro inmediato que ha empezado a cimentarse.

El peligro principal para la Zona Económica Especial consiste en que las oportunidades no sean parejas, tanto en términos empresariales como sociales. Empresarialmente, los recursos nacionales utilizados en infraestructura, formación de capital humano y operación institucional no pueden actuar solamente como subsidios para los empresarios norteamericanos, canadienses, europeos, chinos, coreanos o japoneses. Esos recursos aplicados, que pagan todos los mexicanos, deberían significar oportunidades simultáneas para los inversionistas nacionales y michoacanos, creando condiciones que estimulen el surgimiento de nuevos empresarios exitosos sin discriminación del tipo de empresas que pudieran crearse, considerando tanto las de carácter privado como las de carácter social.

La lección reciente del Puerto Industrial de Lázaro Cárdenas Las Truchas, cuya bonanza se sitúa en los 30 años transcurridos entre 1960 y 1990 del siglo pasado, muestra cómo, a pesar de los recursos invertidos por el gobierno federal y la privatización de las empresas estatales, fue insuficiente para mantener los ritmos de crecimiento, tanto en indicadores del producto como de bienestar para una creciente población de inmigrantes provenientes de distintas partes de la entidad y de la República. Para la última década del siglo pasado, de tierra de promisión, Lázaro Cárdenas devino en tierra del desencanto, de la pobreza, el desempleo, la inseguridad y la violencia. Algo no se había hecho bien y mucho era lo que se tenía que corregir.

Aquel emporio inicial no pudo o no se propuso la formación de un “sector empresarial lazarocardenense”, orgulloso y comprometido con el futuro de Lázaro Cárdenas. Los empresarios que llegaron eran de otras partes del país o del extranjero, motivados por las altas utilidades pero sin compromiso con la formación de un “polo de desarrollo”, que tendría que derramar sus beneficios a todo Michoacán. Lo local, municipal y estatal, permanecieron con relaciones marginales respecto de los acontecimientos en el complejo portuario.

Esta es una de las grandes enseñanzas del pasado inmediato: los empresarios michoacanos necesitan resolverse para aprovechar el “clima de negocios” favorable de la Zona Económica Especial, asumiendo un papel de liderazgo por sus iniciativas e ideas que los coloquen en posición de buenos socios y factor de impulso a los procesos de agregación de valor a los recursos de que se dispone y a los bienes primarios que se producen. No sólo bienes raíces e intermediación comercial, sino voluntad para hacer de la riqueza generada por los michoacanos, medios para producir más riqueza, con un claro sentido de grandeza michoacana.

Esta es la ruta segura para insertarse en la globalización.

Por otra parte, la ciudad de Lázaro Cárdenas sigue teniendo como característica relevante el cosmopolitismo. Allí, en su momento, en los años 60 y 70 del siglo pasado llegaron trabajadores de otras regiones de Michoacán, de otras entidades federativas y aún del extranjero, todos atraídos por las oportunidades para realizar sus sueños de fortuna. Costumbres y valores distintos tuvieron que convivir en un espacio único, diferencias que aún no alcanzan su síntesis en nuevas formas de ser y de cultura, diversidad humana con implicaciones en todos los órdenes de la vida social.

La misma población local que en 1950 era 100 por ciento rural, para el año 2000, por el contrario, el 91.9 por ciento ya vivía en condiciones urbanas. En términos culturales, el cambio fue profundo y rápido. La industria transformó las relaciones sociales y las formas de vivir, los valores y motivaciones individuales y sociales cambiaron radicalmente, las viejas organizaciones fueron sustituidas por otras nuevas, las relaciones interpersonales y políticas también fueron establecidas en forma diferente, el viejo cacique fue relevado por el ciudadano que cree en la democracia.

En estas circunstancias fue formándose una nueva estructura social, profundamente desigual y conflictiva, que además de los inversionistas y sus altos funcionarios, estaban los obreros de diverso origen, que trabajaban en la industria, las minas, el puerto, la construcción, al lado de los trabajadores informales ofertando sus servicios personales, sin salarios mínimos, prestaciones y seguridad social, así como de los subempleados y desempleados, haciendo de todo, carga y descarga, cuidadores y ambulantes, hasta los dedicados a las actividades ilícitas, en particular el robo y los asaltos callejeros.

El peligro principal para la Zona EconómicaEspecial consiste en que las oportunidades no sean parejas, tanto en términos empresariales como sociales

El Censo Económico levantado por el Inegi en 2009 reportaba una estructura económica básica, representada por las unidades económicas existentes en ese año y que en un 8.86 por ciento correspondían a manufacturas y en 42.14 por ciento a los servicios. Lázaro Cárdenas ya no era estrictamente un puerto industrial, sino un centro urbano con predominio del comercio y los servicios.

Respecto de los ingresos, según el Censo Económico de 2009, los trabajadores de las manufacturas, en el comercio y los servicios, el promedio era de 200 pesos por día trabajado. El Conapo señalaba para ese entonces que el 22.13 por ciento de la población ocupada recibía hasta dos salarios mínimos equivalentes a poco más de 100 pesos diarios, en tanto que las familias estaban integradas por cinco miembros. Para 2005 los niveles de marginación, según el mismo Conapo, eran los siguientes por localidades del municipio: de un total de 83 localidades, 22 tenían marginación muy alta, 43 alta, siete media, ocho baja y tres muy baja. Consecuentemente, el 78.31 por ciento de las localidades estaban en los rangos de marginación alta y muy alta. Por todo ello, algunas consideraciones finales conviene formular:

Primera. Las inversiones gubernamentales no bastan para la generación ampliada de riqueza y bienestar. En este caso, los michoacanos no pueden sentarse a la puerta de su casa para ver pasar los acontecimientos.

Con clara conciencia necesitan participar en el Consejo Consultivo de la ZEE y en la elaboración del Programa de Desarrollo, con objetivos propios y medios apropiados para realizarlos. De los empresarios michoacanos, los reales y los potenciales, depende de manera significativa que la ZEE cumpla con las expectativas que en torno a ella han surgido. Los michoacanos no pueden ser excluidos, mucho menos autoexcluirse de esta fundamental oportunidad.

Segunda. La ZEE no debería repetir la condición de “enclave económico” correspondiente a una sociedad local, delimitada, que está en Michoacán pero que no es michoacana. La Zona Económica Especial debe, necesariamente, acelerar el desarrollo de todo Michoacán.

Tercero. El proyecto económico de la ZEE tiene que estar acompañado de un proyecto social para el desarrollo humano que iguale las oportunidades para vivir y realizarse. La pobreza y la marginación, la escasez de vivienda y servicios públicos, la insuficiencia en los servicios de educación y salud y la falta de empleos estables, remunerados y satisfactorios, son incompatibles con la bonanza económica y social.

Cuarto. La sociedad de Lázaro Cárdenas tendrá que cohesionarse, con identidad propia, con su “marca cultural”. Atrás debe quedar el cosmopolitismo como ausencia de continuidad entre el pasado y el presente, que aísla a cada quien sin solidaridad y con vacíos solitarios. Políticas públicas, programas y acciones de claro propósito de arraigo e identidad cultural son imprescindibles. El sentido de unidad y pertenencia a lo propio son, tienen que ser, condiciones de los éxitos históricos.

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